Mundial 2026: ¿puede la economía predecir los resultados del torneo?
Un modelo desarrollado por M&G combina datos macroeconómicos y ranking FIFA para proyectar el rendimiento de las selecciones. Contempla variables como población, inflación, PBI y estabilidad macro.
La economía entra a la cancha: un modelo de M&G combina variables macroeconómicas y datos FIFA para proyectar resultados del Mundial 2026.
La estadística dejó de ser una rareza en el fútbol y pasó a ocupar un lugar central en la forma de analizar, consumir y hasta apostar por el deporte. Desde la lógica Moneyball —el uso de datos para encontrar ventajas competitivas que el análisis tradicional no siempre detecta— hasta la expansión de los modelos predictivos, cada vez más herramientas buscan anticipar resultados. Ese fenómeno también se potenció con el boom de las apuestas deportivas.
Según estimaciones citadas por Ámbito, las apuestas legales durante el Mundial 2026 podrían alcanzar los u$s60.000 millones, en un salto asociado tanto a la ampliación del torneo a 48 selecciones como al mayor peso de las plataformas online. Ese crecimiento también cambió la forma de apostar: el negocio ya no depende únicamente del resultado final de cada partido, sino de una oferta cada vez más fragmentada.
Hoy las plataformas permiten jugar al marcador exacto, la cantidad de goles, las tarjetas, los córners, los remates, los laterales, los autores de goles, los hándicaps, los mercados en vivo y las combinadas, que agrupan varios eventos dentro de una misma apuesta. Esa multiplicación de variables explica por qué el fútbol se volvió un terreno cada vez más atractivo para los modelos predictivos.
Sin embargo, una cosa es medir lo que ocurre dentro del partido y otra muy distinta sería intentar anticipar una competencia entre países a partir de variables económicas duras. Ahí aparece el salto más llamativo: pasar de remates, goles o córners a población, PBI, inflación, desempleo, tasas y deuda.
A primera vista, la hipótesis parece fácil de refutar. La Argentina, campeona vigente, convive con una de las macroeconomías más inestables del mundo. Alemania, cuatro veces campeona, quedó eliminada por Paraguay en los dieciseisavos —1-1 y 4-3 en los penales—; Marruecos dejó afuera a Países Bajos por la misma vía; y Cabo Verde, con apenas 525.000 habitantes, debutó, terminó invicto y se convirtió en el país más pequeño en alcanzar una instancia eliminatoria de un Mundial masculino.
Sin embargo, esos casos no cancelan la pregunta central: si la economía no gana partidos, ¿puede explicar por qué algunos países producen selecciones más competitivas a lo largo del tiempo?
En ese cruce aparece M&G, una gestora internacional de activos que desarrolló, a través de su unidad Bond Vigilantes, un modelo para el Mundial 2026 que combina variables económicas y datos de la FIFA para proyectar resultados partido a partido. La idea no es reemplazar al análisis futbolístico, sino sumar una capa estructural: población, ingresos, estabilidad macro, tradición e inversión como condiciones que pueden incidir en la producción de talento.
Una rama específica de la economía lleva décadas intentando responder por qué algunos países logran ser competitivos de manera sostenida en el fútbol internacional. La relación no es automática: ser más rico o tener más población no garantiza ganar. Sin embargo, esas condiciones pueden ampliar la base de jugadores, mejorar la infraestructura, sostener academias, profesionalizar los procesos formativos y dar mayor estabilidad institucional.
En esa lógica se inscriben modelos como el de M&G: no buscan explicar un partido aislado, sino identificar factores de fondo que pueden inclinar probabilidades a lo largo del tiempo. Uno de los trabajos pioneros en esa línea es “Los determinantes socioeconómicos del rendimiento futbolístico internacional”, de Robert Hoffmann, Lee Chew Ging y Bala Ramasamy. El estudio analizó 76 países y partió de una hipótesis central: el desempeño de una selección no depende únicamente de la técnica de sus jugadores, la táctica de sus entrenadores o el momento deportivo, sino también de condiciones económicas, demográficas, culturales y climáticas que moldean la producción de talento.
Los resultados fueron más matizados que una relación lineal entre riqueza y éxito. Así, determinaron que el PBI per cápita mejora el rendimiento hasta cierto punto, pero luego pierde fuerza; la población, por sí sola, tampoco alcanza; y el tamaño demográfico pesa más cuando se combina con tradición futbolera. Esa conclusión es útil para leer el Mundial: la economía no explica un penal ni un gol en tiempo de descuento, pero sí puede incidir en la capacidad de un país para formar jugadores durante años. También ayuda a entender las excepciones: una generación extraordinaria puede compensar restricciones estructurales y alterar lo que cualquier modelo esperaría de un país.
El experimento de M&G parte justamente de esa discusión: si el rendimiento de una selección no depende solo de lo que ocurre dentro de la cancha, entonces algunas variables económicas pueden servir para estimar, al menos, parte de su potencial competitivo. Con esa lógica, la gestora construyó una herramienta que combina dos dimensiones: por un lado, un puntaje económico normalizado; por el otro, el ranking FIFA, también ajustado para hacerlo comparable. De ese cruce surge una estimación de goles esperados para cada partido y, finalmente, un marcador probable.
La apuesta del modelo está en unir mundos que suelen analizarse por separado. No se trata de una proyección puramente financiera, porque incorpora información futbolística; pero tampoco es un modelo estrictamente deportivo, porque parte de la idea de que la macroeconomía, la escala demográfica y la estabilidad de un país pueden incidir sobre la producción de talento en el largo plazo. En ese sentido, M&G intenta traducir condiciones estructurales en una probabilidad concreta dentro del Mundial.
El componente económico incluye seis variables: población, crecimiento real del PBI, inflación, desempleo, tasa de política monetaria y deuda pública sobre PBI. Cada una opera como una señal distinta. Una mayor población amplía el universo potencial de futbolistas; una economía en crecimiento puede favorecer inversión, infraestructura y formación; mientras que inflación, desempleo y tasas elevadas funcionan como síntomas de un entorno más frágil. La deuda, por su parte, también resta margen, aunque no alcanza por sí sola para sacar a una selección de carrera.
Dentro de esa fórmula, la población ocupa un lugar central, aunque con una salvedad importante. Desde M&G explicaron que es “el factor obvio”, porque en términos generales debería existir alguna relación entre cantidad de habitantes y calidad disponible dentro de la cancha. Pero esa relación tiene rendimientos decrecientes: pasar de 5 millones a 50 millones de habitantes “importa enormemente”, mientras que pasar de 500 millones a 5.000 millones “no ayuda a encontrar un mejor lateral izquierdo”.
La comparación ayuda a entender el punto. China e India tienen poblaciones gigantescas, pero ese tamaño no se traduce automáticamente en selecciones de elite. En cambio, países mucho más chicos, como Uruguay, Croacia o Portugal, compiten por encima de su escala gracias a tradición, formación, exportación de talento y generaciones excepcionales. La Argentina y Brasil se ubican en otro lugar: tienen una base poblacional suficiente, una cultura futbolera masiva, clubes formadores y una historia que convierte talento individual en competitividad internacional.
Hasta ahora, el desempeño del modelo fue relevante, aunque lejos de cualquier precisión absoluta. Según M&G, sobre 73 partidos proyectados acertó ocho marcadores exactos, anticipó correctamente otros 41 resultados y falló en 24. En total, eso implica una tasa de acierto del 67,1%. Entre sus mejores predicciones, la firma destacó México 2-0 Sudáfrica, Corea del Sur 2-1 República Checa, Brasil 1-1 Marruecos y el triunfo de Australia sobre Turquía, uno de los mayores shocks del torneo.
El dato, sin embargo, debe leerse con cautela. El modelo viene funcionando mejor para detectar resultados probables que para acertar marcadores exactos, algo lógico en un deporte donde una expulsión, un rebote, un gol en tiempo agregado o una tanda de penales pueden alterar cualquier proyección. “Incluso el modelo más preciso solo puede señalar el marcador más probable, no garantizarlo, porque hay mucha varianza partido a partido; así ocurren las sorpresas”, señalaron desde la gestora.
Ese límite no debilita el ejercicio, pero sí marca su alcance. La economía puede ordenar probabilidades y detectar ventajas estructurales, aunque no puede capturar por completo la jerarquía de una generación, el peso de una camiseta o la aparición de un jugador decisivo. Esa tensión prepara el terreno para el caso argentino: una selección castigada por sus indicadores macroeconómicos, pero todavía sostenida por una estructura futbolística de elite.
Cabo Verde es el caso que más desafía cualquier ecuación. Con apenas 525.000 habitantes, debutó en el Mundial, empató con España, Uruguay y Arabia Saudita, terminó invicto y se metió en los dieciseisavos como segundo del Grupo H. Por eso, si el modelo de M&G intenta medir cuánto pesa la estructura de un país, el recorrido del seleccionado africano funciona como una prueba de estrés: ningún esquema basado solo en población podía anticipar semejante salto.
Sin embargo, el caso tampoco se explica únicamente por la épica. Parte de la respuesta está en la diáspora: una porción importante del plantel nació o se formó fuera del archipiélago, lo que amplía la base real de talento disponible y le permite competir por encima de su escala demográfica. Aun así, hay otro componente que no entra en ninguna planilla. “Somos pequeños, pero tenemos grandes corazones y somos luchadores”, resumió su arquero Vozinha, de 40 años.
El 3 de julio, en Miami, el equipo enfrentará a la Argentina en un cruce que condensa la tensión central de esta historia: de un lado, una selección que desafía todos los supuestos estructurales; del otro, un campeón vigente que, aun castigado por su macroeconomía, conserva una jerarquía futbolística difícil de medir.
En ese punto aparece una de las respuestas más relevantes de M&G. Consultada sobre qué selección asoma como favorita para ganar el Mundial 2026, la firma evitó dar un campeón definitivo. La razón es metodológica: el modelo toma los partidos “a medida que llegan”, en lugar de proyectar todo el torneo desde el primer día. Por eso, en esta etapa, la gestora prefiere no comprometerse con un ganador final.
De todos modos, esa cautela no impide ordenar candidatos. Al combinar el puntaje económico con el ranking futbolístico, M&G identifica a Francia como la selección mejor posicionada, apenas por delante de España. La Argentina, en cambio, aparece en el puesto 20 del modelo: muy fuerte dentro de la cancha, pero afectada por algunos indicadores económicos —sobre todo la inflación— que reducen su puntaje normalizado y arrastran el resultado combinado.
Esa lectura, sin embargo, no equivale a descartar a la Selección. Ante la consulta por las chances de que la Argentina conquiste su cuarto título, desde M&G marcaron un matiz clave: “Más allá del modelo, todos deberíamos saber que es un error subestimar a la Argentina en el escenario mundial”. Para la herramienta, la probabilidad argentina depende, sobre todo, del camino hacia la final: si se cruza con rivales más débiles por ranking FIFA o por componente económico, sus chances mejoran de manera significativa.
Incluso en el escenario más exigente, una eventual final contra Francia, el modelo no muestra una distancia amplia. Al contrario: M&G proyecta un partido muy parejo, con posibilidades de que vuelva a definirse por penales. “Hasta entonces, esperamos por ustedes que Messi siga cumpliendo”, completaron desde la firma.
Así, los modelos coinciden en lo estructural: para competir en un Mundial ayudan la población, los ingresos, la tradición, la estabilidad y las instituciones. El de M&G registra una tasa de acierto del 67,1% en resultados y los papers académicos muestran que los factores socioeconómicos importan. Pero el Mundial 2026 también tiene a Cabo Verde invicto, a Alemania afuera por penales y a una serie de equipos que rompieron el pronóstico.
La economía no patea penales ni resuelve un partido. Puede explicar tendencias de largo plazo, pero el fútbol se reserva el derecho de romper cualquier modelo. El viernes, en Miami, empezará a saberse de qué lado cae esta vez.
Director: Gabriel Morini - Propietario: Nefir S.A. - Domicilio: Olleros 3551, CABA - Copyright © 2019 Ambito.com - RNPI En trámite - Issn 1852 9232 - Registro DNDA en trámite - Todos los derechos reservados - Términos y condiciones de uso