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infobae.com · hace 11 horas · Andrés Pallaro

Magnífica Humanitas y la utopía posible de una economía de la sabiduría

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Hace unos pocos años el dilema de la Humanidad era la tan mentada “nueva normalidad” luego de la tremenda Pandemia del Covid 19. ¿Cuántos de nuestros comportamientos y modelos de funcionamiento cambiarían profundamente al haber sido forzados a niveles superiores de digitalización y desconexión física? La Humanidad es resiliente y todo se fue encauzando hacia modelos de hibridez con distintas combinaciones y tonalidades. Hoy, el dilema creciente es si seremos capaces de gobernar y organizar la maravilla de la inteligencia artificial para elevar a las personas y las comunidades. No hay tema de mayor impacto futuro para nuestro destino común que construir fórmulas para poner en serio la IA al servicio de la Humanidad.

El Papa León XIV ha actuado como un Estadista global, trascendiendo el ámbito de la religión católica a la que representa. Magnífica Humanitas es más que una Encíclica. Es un documento brillante que aporta una verdadera narrativa que el mundo necesitaba para inspirar, orientar y ordenar todo lo que estamos haciendo y podemos hacer para enmarcar la fuerza arrolladora de la IA hacia el progreso humano y social.

Solemos minimizar el poder de las buenas narrativas. Pero en realidad son decisivas para encauzar las energías de la inteligencia colectiva en sistemas que no operan con lógicas verticales. La Humanidad funciona en el desorden de la diversidad, los intereses contrapuestos y la tensión permanente. Y es allí donde las buenas narrativas ofrecen visiones que nos acercan y potencian nuestra capacidad transformadora.

Magnífica Humanitas ofrece una mirada profunda, amplia y sensata sobre el fenómeno de la IA y los seres humanos. Justamente la mirada que necesitamos en estos momentos de desconcertante aceleración de la IA y preocupante transición. Como alguna vez escribió con lucidez superlativa el intelectual italiano Antonio Gramsci, “lo viejo va muriendo mientras lo nuevo tarda en nacer y en el medio surgen los monstruos”. Por ello, Magnífica Humanitas es tan oportuna. Los monstruos que distorsionan, simplifican o usan mal la IA pueden frustrarnos esta enorme oportunidad de haber inventado una tecnología tan poderosa que trabaje para nosotros en todos los ámbitos.

Lo primero que deberíamos destacar es que la Encíclica no es un manifiesto antitecnológico ni condenatorio de la innovación. Pero reconoce que estos fenómenos, que mucho explican sobre las mejores condiciones de vida que hemos ido construyendo a lo largo de la historia, no constituyen un pasaporte automático al progreso. No existe tal determinismo porque la tecnología nunca es neutral, mucho menos la IA. El solucionismo tecnológico es un peligroso reduccionismo. Es el arte del diseño y el gobierno humano de la tecnología lo que conduce a la dignificación humana y al progreso económico y social. Y eso requiere valores humanistas que guíen férreamente la acción de hombres y mujeres, pero también notorias capacidades de liderazgo y management que puedan hacer que las buenas obras se abran paso en la telaraña del corto plazo.

Estamos, de este modo, ante un luminoso llamado a la responsabilidad que las virtuosas olas de la libertad y la innovación requieren para generar resultados inclusivos y sostenibles. En ese sentido, León XIV pone la lupa en varios aspectos que claman por ese ejercicio de responsabilidad moral e histórica, sobre todo de quienes ocupan posiciones de frontera en esta revolución de la IA: el trabajo humano debe ser defendido y recreado, es mucho más que horas a cambio de un salario; la concentración de poder debe ser contenida para evitar el avance hacia un feudalismo tecnodigital que nos llevaría a una distopía y las desviaciones de la IA que producen mentiras, manipulaciones y polarizaciones dañinas, deben ser combatidas con buenas regulaciones y estrategias efectivas de generación de confianza y seguridad.

Parece una obra ciclópea. Desalienta muchas veces percibir que estamos lejos. Y que la imagen pública de aquello que genera impactos negativos o no tiene respuestas claras aún, es mucho más fuerte que las señales positivas de lo que se va construyendo. Es allí donde la narrativa equilibrada y sensata de Magnífica Humanitas se convierte en una palanca capaz de potenciar y multiplicar las corrientes de mayor responsabilidad innovativa, la conciencia moral y la fraternidad social alrededor del mundo. Y que se convierten en los diques eficaces contra los monstruos de la transición que hablaba Gramsci y en las turbinas capaces de alinear intereses y vencer imposibles.

De hecho, si hacemos foco en las señales que se abren paso en medio de la bruma, podemos visualizar que va cobrando fuerza una arquitectura global de Gobernanza de la IA (la OCDE registra más de 1.000 iniciativas de política pública sobre IA en más de 70 jurisdicciones); el poder de la IA aumenta el costo de la irresponsabilidad y por ende el componente ético crece como elemento decisivo de modelos económicos exitosos (management humanista vive una época de expansión); las empresas tienen mayores incentivos para humanizar y usar bien la IA (como lo explica ampliamente el International AI Safety Report 2026); las habilidades más humanas o duraderas viven un florecimiento que propone entenderlas, entrenarlas, medirlas y remunerarlas mejor, incrementando su peso relativo en la generación de valor que mueve la economía; vamos entendiendo más y mejor cómo hibridar el trabajo humano con la IA en todas las profesiones e industrias para habilitar que su recreación sea mayor que la destrucción; la educación avanza en la personalización y el foco experiencial que permite formar personas para ser relevantes en las actividades emergentes en esta nueva era y la abundancia cognitiva que genera la IA cambia las reglas de juego y va poniendo capacidades de análisis, diseño, traducción, simulación, programación, investigación y comunicación al alcance de millones de personas, comunidades y pymes, pudiendo empujar hacia arriba a capas medias y bajas de la pirámide.

En fin, si todo ello avanza venciendo obstáculos y generando victorias parciales, una economía global de la sabiduría podría emerger como paradigma dominante. La inspiración de Magnífica Humanitas es combustible para este proceso. Por primera vez contamos con una infraestructura cognitiva capaz de ampliar capacidades humanas a escala global. Si la abundancia generalizada que promete la IA puede ser enmarcada en sistemas económicos y sociales que nos liberen a los humanos de la carrera por la productividad, la eficiencia y la rentabilidad, podríamos abrir una era donde el valor esté más determinado por aquello que hasta ahora siempre ha sido menos cuantificable, como la calidad humana, la capacidad de juicio y discernimiento, el impacto social, la conexión experiencial y la sostenibilidad intergeneracional.

La economía de la sabiduría no es una utopía inalcanzable, una promesa ingenua o un delirio intelectual. Es la evolución posible de la economía del conocimiento, gracias al enorme poder de la IA y la reacción humanista que la misma está originando con múltiples manifestaciones. La IA llegó para quedarse y nos ofrece conocimiento abundante, cálculo, predicción, síntesis y optimización. Las personas, equipos y comunidades debemos ofrecer lo que emerge como más escaso y, por ende, valioso: criterio, discernimiento, juicio, conexión, experiencia, sentido, responsabilidad. Todas las industrias y profesiones podrían estar elevadas por esta virtuosa combinación que, como bien expresó León XIV, debemos construir dado que no sucederá espontáneamente. Más aún, podría verse tristemente frustrada por los monstruos que la acechan.

La nueva era puede conducirnos a una superación colectiva. Menos orientación a la optimización y acumulación. Más consagración a la sabiduría aplicada. El trabajo que tenemos por delante es apasionante. Y Magnífica Humanitas es una gran brújula civilizatoria para hacerlo posible.

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