Los paraísos fiscales y las empresas off shore
La designación de Diego Santilli en reemplazo de Manuel Adorni como Jefe de Gabinete de Ministros volvió a poner en primer plano una serie de antecedentes vinculados con empresas offshore que, según distintas investigaciones periodísticas y documentación difundida en su momento, integrarían el entramado societario de su familia en jurisdicciones consideradas paraísos fiscales. Es un tema que periódicamente reaparece en la agenda pública, aunque rara vez avanza más allá de la difusión periodística.
También se recordó que, en su momento, al igual que ocurrió con Manuel Adorni cuando justificó la tenencia de dinero "en negro" afirmando que "lo hace todo el mundo, es normal", desde distintos sectores de la dirigencia política se ha intentado presentar como habituales conductas que, en realidad, se apartan de las obligaciones legales y tributarias. Esa supuesta "normalidad" de prácticas que contradicen el orden jurídico parece haberse convertido en una constante para determinados sectores del poder político y económico.
Entre las investigaciones que con el tiempo quedaron virtualmente paralizadas por un Poder Judicial que, una vez más, demostró escasa voluntad para avanzar sobre determinados intereses, aparecieron distintas sociedades vinculadas a la familia Santilli. Una de ellas es South Tourin LLC, registrada el 9 de diciembre de 2014 en el estado de Florida, Estados Unidos, donde figuraría como CEO Darío Santilli, hermano de Diego Santilli.
A esa sociedad se sumarían otras empresas constituidas en el exterior, dedicadas a diversas actividades comerciales e inmobiliarias, conformando una estructura societaria cuyo verdadero alcance y finalidad nunca fueron plenamente esclarecidos por la Justicia. Lejos de tratarse de un hecho aislado, estos mecanismos responden a una modalidad ampliamente utilizada para canalizar inversiones, administrar activos o estructurar patrimonios mediante jurisdicciones caracterizadas por su opacidad y por las ventajas fiscales que ofrecen.
En South Tourin LLC, registrada el 9 de diciembre de 2014 en el estado de Florida, Estados Unidos, figuraría como CEO Darío Santilli, hermano de Diego Santilli"
Desde luego, la mera existencia de una sociedad offshore no constituye por sí misma un delito. Sin embargo, la experiencia internacional demuestra que este tipo de estructuras ha sido reiteradamente utilizado para ocultar beneficiarios finales, reducir cargas tributarias, dificultar el seguimiento de activos e, incluso, facilitar maniobras de evasión fiscal o lavado de dinero.
Precisamente por ello resulta indispensable que, cuando aparecen funcionarios públicos o personas estrechamente vinculadas con el poder político involucradas en este tipo de entramados societarios, los organismos de control y la Justicia investiguen con la profundidad necesaria el origen de los fondos, la finalidad de las sociedades y la efectiva transparencia de las operaciones realizadas. Lo llamativo es que el uso de sociedades offshore se ha naturalizado de tal manera que ya casi no provoca sorpresa.
Quienes recurren a ellas suelen limitarse a afirmar que son instrumentos legales y que, por lo tanto, no existe motivo alguno para formular reproches. Lo que rara vez explican es por qué resulta necesario trasladar patrimonios o desarrollar negocios mediante sociedades radicadas en jurisdicciones caracterizadas por el secreto financiero, cuando las actividades económicas son legítimas, transparentes y plenamente justificables ante las autoridades fiscales del país donde residen sus verdaderos beneficiarios.
La realidad demuestra otra cosa. Numerosas investigaciones desarrolladas en distintas partes del mundo han puesto de manifiesto cuál es el funcionamiento efectivo de estas sociedades y cuáles son los objetivos para los que habitualmente son constituidas. El caso de Santilli vuelve hoy a cobrar actualidad, pero años atrás ocurrió lo mismo con las offshore de la familia Macri.
Aunque algunas de esas estructuras estaban cuidadosamente disimuladas —especialmente una que se había beneficiado con la estatización de la deuda privada de 1982—, junto con mi querido amigo Pino Solanas, verdadero ejemplo de compromiso en la defensa del patrimonio público, promovimos una presentación ante la Justicia Federal solicitando que se investigara a la familia Macri y acompañando documentación de significativa relevancia.
Pese al impulso inicial dado por el fiscal Federico Delgado y a la decisión del juez de admitirnos como amicuscuriae, la Cámara Federal, a pedido de la defensa de los Macri, resolvió apartarnos del expediente. A partir de allí, como tantas otras veces cuando están comprometidos sectores de poder, la investigación terminó diluyéndose hasta desaparecer por completo.
No es algo nuevo, que los grandes grupos económicos, oculten sus ganancias, evadan impuestos, lleven contabilidades dobles, porque es una actividad que es parte del sistema capitalista. Desde un poco más de la segunda mitad del siglo XIX se fueron perfeccionando los mecanismos de la evasión, hasta alcanzar en la actualidad niveles de sofisticación, que les permiten acrecentar sus capitales, y transferirlos a paraísos fiscales, eludiendo así cualquier fiscalización que pudiera entorpecer la marcha de tales negocios.
Esto obedece por un lado a la inacción gubernamental, que no ejerce los controles adecuados, y la acción de un sistema judicial siempre permeable al poder de tales grupos que saben cómo presionar en defensa de sus intereses.
El mundo de las off shore y de los paraísos fiscales, se ha convertido en una formidable fuente de enriquecimiento para los sectores privilegiados que cuentan con la impunidad que le dan las normas y reglamentos de muchos países donde pueden actuar sin ser molestados por controles o investigaciones molestas, ya que el secretismo es parte de sus operaciones, contando para ello con la inestimable colaboración de bufetes especializados de abogados, donde se arman sociedades, se contratan testaferros, en una aceitada maquinaria destinada a proteger los gigantescos esquemas de corrupción que utilizan grandes conglomerados empresarios en todas partes del mundo
¿Pero que es un paraíso fiscal? Shaxson lo define como “el lugar que procura atraer negocios ofreciendo instalaciones que ayudan a personas o entidades a eludir reglas, leyes y regulaciones establecidas en otras jurisdicciones… El propósito de estos lugares consiste en obtener vías de escape a las obligaciones que se derivan de vivir en una sociedad obteniendo beneficios de ella. A eso se dedican (Nicolás Shaxson, Las Islas del Tesoro- Los paraísos fiscales y los hombres que se robaron el mundo).
El gran ducado de Luxemburgo, Ginebra o la city de Londres, son lugares donde se opera activamente, ya que el secreto bancario resulta inexpugnable"
Además de ser jurisdicciones confidenciales (secrecyjurisdictions), son lugares donde impera el secretismo, y la constante renuencia a cooperar con países donde en algunos casos se trata de investigar conexiones personales y empresarias de personajes vinculados a los grandes negocios financieros y al poder político, en un singular entrecruzamiento, donde está ausente la legalidad, pero en la que la protección jurisdiccional del paraíso fiscal impide que cualquier pesquisa pueda avanzar a los efectos de poner en evidencia esa alianza de negocios y corrupción que sigue creciendo, aún cuando los Panamá Papers y los Pandora Papers, han señalado muchos de esos vínculos, que permiten a los que allí operan escapar del pago de impuestos legal o ilegalmente.
Entre algunos ejemplos recogidos en diversas publicaciones sobre el obsceno mundo de las off shore y los paraísos fiscales puedo citar el caso de que Dole, Chiquita y Del Monte, tres de las empresas bananeras más importantes del mundo sumaron un volumen de negocios en Gran Bretaña por US$ 750 millones, y pagaron impuestos por 235.000 de esa moneda.
La Auditoría Nacional de ese país determinó en el año 2007 que un tercio de las setecientas empresas más grandes no habían pagado impuesto alguno el año anterior. Es que saben cómo manipular, cifras, esconder ganancias, crear conglomerados accionarios en paraísos fiscales donde se transfiere riqueza sin control, a través ese mundo de opacidad, donde no existe la transparencia en los negocios, y se cuenta con especialistas para alterar contabilidades, efectuar manipulaciones varias, ocultar ganancias, transferencias accionarias, y un sinnúmero de actividades relacionadas con el ocultamiento que se pretende.
Al surgir hace unos años los Panamá Papers, muchos creyeron ingenuamente que las actividades off shore y los paraísos fiscales, solo funcionaban en algunas repúblicas latinoamericanas como Panamá, Uruguay, Somalía y algún otro territorio de no demasiada significación económica.
La realidad que ahora es bastante conocida, es que los paraísos europeos como el gran ducado de Luxemburgo, Ginebra o la city de Londres, son lugares donde se opera activamente, ya que el secreto bancario resulta ser inexpugnable.
Puedo citar también a los Países Bajos donde según datos de hace 10 años habían circulado más de US$ 18 billones, y a Bélgica y Austria, finalizando con los principados de Liechtenstein y Mónaco, donde los activos financieros están protegidos de toda eventual investigación en cuanto a sus orígenes, y libres de cualquier impuesto que pudiera afectarlos.
A los dominios coloniales de Gran Bretaña donde se opera intensamente se puede sumar finalmente a Estados Unidos de Norteamérica, que pese a las intenciones de Kennedy que pidió al Congreso erradicar de raíz los paraísos fiscales, no pudo hacerlo, y en así que en Delaware, Florida, las Islas Marshall y otros lugares, los operadores de los grandes conglomerados empresarios trabajan activamente, para aumentar las ganancias de sus mandantes.
ENRON tenía 881 filiales off shore antes de su quiebra, 692 en las Islas Caiman, 119 en las Turcas y Caicos, 43 en Mauricio y 8 en Bermudas"
En esta aceitada arquitectura financiera, donde existe una suerte de concertación de complicidades entre los gobiernos de grandes potencias, y los que tratan de ocultar sus enormes beneficios empresarios, el secreto es una de las claves para operar, y resulta inútil, que desde el poder judicial de un país se pueda obtener alguna información ante alguna denuncia que intente aclarar esta maraña de negocios.
ENRON tenía 881 filiales off shore antes de su quiebra, 692 en las Islas Caiman, 119 en las Turcas y Caicos, 43 en Mauricio y 8 en Bermudas, y la Auditoría General de los Estados Unidos pudo determinar que el Citigroup, tenía 427 filiales en paraísos fiscales, y así se podría seguir llenando páginas y páginas.
En lo que se refiere a la Argentina, el mundo de las off shore y los paraísos fiscales puede mostrar muchas historias de como es el mundo de la confidencialidad y el secreto, ya que es el tercer país en el mundo con más cuentas off shore, siendo que 80 % de las familias más ricas tienen sus activos fuera del país.
Se calculaba en el año 2012, que había fuera de la Argentina US$ 373.000 millones de ciudadanos que tenían esos activos en esas jurisdicciones. En este año esas sumas han crecido hasta más de US$ 400.000 millones, multiplicándose las empresas en las que participan empresarios, banqueros y también funcionarios públicos.
Es común que se sostenga, que no hay nada ilegal en tener empresas off shore, que además están debidamente constituidas y registradas, aunque esto siempre es parte de la ficción con la que se manejan muchos grupos empresarios y financieros, que ocultan sus ganancias y transferencias de dinero, confiando en el secreto que les permite evadir, liberarse de pagar impuestos y cumplir con otras obligaciones fiscales. Pareciera que las estafas gigantescas que permiten las off shore son inmunes a las investigaciones, ya que siempre existen mecanismos que permiten sortear dar información ante cualquier requerimiento del Poder Judicial.
El mundo extraterritorial no es algo marginal reducido a países latinoamericanos como Panamá, o algunas islas como Caimán o las Vírgenes Británicas, sino que es parte de los más importantes países de Europa, siendo la City de Londres uno de sus máximos exponentes, junto a los Estados Unidos de Norteamérica.
En esos lugares, operan empresas de dimensiones colosales, donde se evaden impuestos, se radican capitales fugados de otros países, se articulan entramados societarios para evitar controles, y eventuales acciones judiciales que pudieran limitar sus operaciones ilegales.
Mientras ello sigue ocurriendo y las acciones judiciales se estrellan contra el secreto y la confidencialidad, la riqueza de nuestros países fluye continuamente a tales centros donde opera el poder real, empobreciendo a los países, cuyos pueblos generan la riqueza que otros se llevan con total impunidad.