Argentina ante la nueva competencia global por la inversión
Durante años, hablar de inversión en infraestructura en Argentina implicó enumerar obstáculos: trámites, incertidumbre normativa y dificultades para integrarse al mercado internacional. Esa conversación comienza a cambiar. No porque los problemas hayan desaparecido, sino porque el país empieza a construir un marco más favorable para transformar sus recursos y su talento en resultados concretos.
Esa fue una de las conclusiones del encuentro “Cooperación público-privada: inversión en infraestructura. Minería, energía y financiamiento”, realizado en la Ciudad de Buenos Aires por la Fundación Friedrich Naumann para la Libertad en América del Sur y la Universidad Católica de Cuyo, con el apoyo de organizaciones de la sociedad civil y del sector privado.
Tomás Villalba, encargado de la Subsecretaría de Promoción de Comercio e Inversiones de la Cancillería Argentina, y Eugenio Marí, subsecretario de Reformas Estructurales del Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, coincidieron en que la apertura comercial y la modernización regulatoria son condiciones clave para atraer capital.
Villalba subrayó que hoy el interés está en las oportunidades y en la integración de la Argentina a las cadenas globales de energía, alimentos, conocimiento y valor. El empresariado argentino también comienza a mirar hacia afuera. Ya no piensa solamente en sobrevivir en el mercado interno, sino en exportar y competir.
El Acuerdo Mercosur–Unión Europea ofrece un ejemplo concreto de cómo la política exterior puede generar oportunidades económicas. A partir de su implementación, la eliminación del arancel del 16% para la miel dentro del cupo acordado permitió que un exportador de Concordia, Entre Ríos, concretara rápidamente una operación hacia el mercado europeo abarcando la totalidad de la cuota del Mercosur. El empresario argentino logró aprovechar una oportunidad que se abrió para todo el Mercosur.
La experiencia también evidencia la importancia de las reformas internas. La digitalización de las certificaciones de origen y el avance hacia mecanismos de autocertificación reducen intermediarios, tiempos y costos. En el comercio internacional, la competitividad no depende solo del precio o de la calidad del producto sino también por la velocidad con la que una empresa puede cumplir los requisitos y acceder a un mercado.
La misma lógica orienta el reconocimiento de certificaciones emitidas por autoridades confiables por ejemplo de EE.UU, la UE o Japón. Si un producto ya fue autorizado bajo estándares exigentes, repetir el procedimiento en Argentina agrega costos, pero no necesariamente seguridad. El desafío es reemplazar controles redundantes por una regulación que proteja al consumidor sin frenar la innovación.
En un sistema internacional cada vez más fragmentado, la eficiencia dejó de ser el único criterio para decidir dónde producir o de quién importar. La estabilidad política, la afinidad estratégica y la seguridad del abastecimiento adquirieron una importancia significativa. La seguridad económica pasó así a formar parte de la seguridad nacional.
Hoy Argentina reúne condiciones difíciles de encontrar en otros lugares de la región y del mundo: alimentos, gas, energía, minerales, capital humano y un ecosistema tecnológico con alta capacidad emprendedora. Además, sus vínculos históricos con Europa y sus valores compartidos con las democracias occidentales pueden fortalecer su posición en un escenario marcado por la competencia geopolítica.
Sin embargo, disponer de recursos estratégicos no garantiza el desarrollo. Para convertir esas ventajas en influencia económica se necesita infraestructura, estabilidad regulatoria y acuerdos comerciales.
La ventana de oportunidad está abierta. Para Europa y Estados Unidos, el mensaje es claro: Argentina comenzó a recorrer el camino de la apertura. La urgencia ya no consiste en esperar una señal, sino en transformarla en inversiones, transferencia tecnológica y cooperación de largo plazo.
Lucía Díaz Coll es Licenciada en Relaciones Internacionales. Asistente de Comunicación de la Fundación Friedrich Naumann para la Libertad en América del Sur. Profesora de Relaciones Internacionales de la Universidad de Belgrano.
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