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clarin.com · hace 9 horas · Clarin.com - Home

Cuando armarse no trae calma

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Erica Bain, una periodista radiofónica, y su novio son asaltados y apaleados brutalmente en el Central Park de Nueva York por tres pandilleros. Él muere; ella sale del coma y sobrevive al pavor, convirtiendo su rabia en venganza acribilladora. “La extraña que hay en ti (The Brave One)”, se llama la película de Neil Jordan, estrenada en 2007 y protagonizada por Jodie Foster, que pesqué online hace algunos días.

Para pasar el rato, cumple y la incorrección política de su final auspicia luego interesantes debates de sobremesa. Foster es una actriz enorme a la que siempre vale la pena ver en acción, pero impacta la oscuridad del personaje, que hará justicia por mano propia, cada vez que desenfunde una 9 milímetros comprada clandestinamente. Aunque sienta que la Ley del Talión es moralmente indefendible, Bain avanza, incapaz de detener lo que hierve en su interior y exige sangre.

Entrevistada en aquellos años, Foster declaró que las razones por las que aceptó el papel deben buscarse en el contexto del post 11-S y en su deseo de reflexionar acerca del miedo y la fragilidad de las personas que viven en grandes ciudades, supuestamente protegidas, ante situaciones extremas que difuminan las fronteras entre el bien y el mal. Pero el refranero no vacila: las armas las carga el diablo. Y poco sosiego tendrá su personaje, que a cada paso cavilará en off sobre la extraña predadora en la que se ha convertido.

La peli hizo rewind hacia la infancia (así funciona la memoria). Mi papá creía que aprender a nadar y a disparar armas de fuego nos haría más equilibrados y seguros. Se esmeró en enseñarnos las dos cosas. Tuvimos una niñez acuática y probamos puntería. Lagos y piletas nos vieron bracear, dosificar el aire, trabajar la resistencia. Hicimos blanco muchos domingos en el Tiro Federal de Córdoba. Por fortuna, jamás disparamos en otro marco y, con el tiempo, preferimos el crawl a la pólvora.

Los adultos enseñamos a veces por contraste. Caló tan hondo aquello (intuir que de infligir ciertos daños no se vuelve), que al morir papá ninguno de sus hijos reclamó su colección de pistolas y revólveres. No las queríamos cerca como ocasión de accidentes ni de violencia alentada o consentida.

Guardamos, eso sí, el pulso firme, sin temblores. Todavía lo escucho alardear: “Todos mis hijos podrían ser cirujanos”. Su voz es un regalo que llega de muy lejos.

Raquel Garzón

Periodista y poeta, construyó una carrera a ambos lados del Atlántico. Es autora de cinco libros de poemas, entre ellos, "Riesgos de la noche" y "Monstruos privados", ambos publicados por Alción. [email protected]

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