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lanacion.com.ar · hace 9 horas · Sofía Diamante

El semáforo económico: qué variables van bien, cuáles dan señales de recuperación y cuáles no despegan

LA NACION

La pregunta empieza a instalarse en los despachos políticos y en las reuniones con inversores internacionales: ¿cómo llegará la economía argentina a 2027? El presidente Javier Milei asumió en diciembre de 2023 con el país al borde de la hiperinflación, las reservas del Banco Central (BCRA) estaban en terreno negativo y el déficit fiscal era estructural. Ese escenario de crisis aguda ya no existe. Pero con elecciones presidenciales el año próximo, la pregunta de fondo es otra: ¿alcanza?

La respuesta es ambigua. El ajuste fiscal funcionó, la inflación bajó y el BCRA acumula reservas. Pero los ingresos reales de la gente y el empleo siguen por debajo de los niveles de 2023, y los sectores que más trabajo generan —industria, comercio y construcción— no muestran un dinamismo sostenido. Lo que sí está claro es que la economía no tiene un solo color: hay variables en verde, otras en amarillo y algunas que todavía no salen del rojo.

El equilibrio fiscal es el logro que el Gobierno exhibe con más convicción y con razón. Para este año se espera un superávit primario del 1,5% del PBI, lo que implicaría tres años consecutivos de resultado positivo, algo infrecuente en la historia económica del país. La corrección se explica principalmente por la reducción del gasto. El dato es relevante no solo en sí mismo, sino por lo que cambia: la Argentina venía de una trayectoria de déficits recurrentes que el mercado daba por inevitables. El logro de Milei es haber instalado que el equilibrio no se toca, aunque los analistas advierten que hacia adelante sostener ese resultado requerirá mayor contribución de los ingresos fiscales y una asignación más eficiente del gasto.

Sobre esa base, la compra de divisas del BCRA también avanza. El Central lleva adquiridos más de US$11.000 millones en lo que va del año, con un stock de reservas brutas de US$47.000 millones. La contracara es que la Argentina sigue siendo uno de los países de América Latina con menores reservas en relación con su economía. En Perú las reservas equivalen al 26,5% de su PBI; en Uruguay, al 22,2%; en Brasil, al 15,7% y en Chile, al 13,9%; la Argentina apenas llega al 6%, según un relevamiento del BBVA.

La correlación con el riesgo país es directa: Uruguay, con la mayor cobertura relativa de la región, tiene el riesgo país más bajo, con 62 puntos básicos; lo siguen Chile (90), Perú (114) y Brasil (182). La Argentina, con solo el 6% del PBI en reservas, marca 437 puntos (al viernes pasado), por debajo únicamente de Bolivia, que con el 0,9% registra 446 puntos.

El presidente Javier Milei enfrenta el año electoral con un equilibrio fiscal consolidado, pero con empleo, consumo y crédito que todavía no recuperaron los niveles de cuando asumió

En materia de precios, la inflación también muestra señales favorables, aunque con matices. Después de la aceleración de fines de 2025 y comienzos de 2026, el índice volvió a descender: en mayo marcó 2,1% mensual, el segundo mes consecutivo de desaceleración, y algunas consultoras estiman que en junio podría perforar el 2% y ubicarse en torno al 1,9%.

Lo destacable es que eso ocurre mientras el Gobierno sigue corrigiendo tarifas: según el Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la UBA y el Conicet, el agua subió 34,9% en los primeros seis meses del año, la energía eléctrica 35,3%, el gas 168,5% y el transporte 40,3%. La inflación baja mientras los servicios públicos se recomponen. Banco Galicia señala que, si el precio de la nafta bajara alrededor de un 20% —consistente con un barril internacional de US$70—, la inflación mensual podría acercarse al 1%.

En el plano político, la percepción sobre la fiabilidad del Gobierno frenó su caída. El Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) de la Universidad Di Tella subió 3,9% en junio y cortó una racha negativa que venía desde enero. El índice todavía está 11,4% por debajo de junio de 2025 y 16% por debajo del pico poselectoral de noviembre pasado. En la comparación histórica, el nivel actual queda por encima del que registraba Mauricio Macri en el mismo punto de su gestión, supera ampliamente a Cristina Kirchner en sus dos mandatos y a Alberto Fernández, aunque está por debajo de Néstor Kirchner. El dato cobra relevancia porque el índice correlacionó bien con la intención de voto en las últimas elecciones.

En el mercado laboral, los salarios dieron una señal alentadora en abril. El salario privado registrado según el Indec subió 1,4% real, la primera mejora mensual tras siete caídas consecutivas. Aun así, sigue 2,9% por debajo del nivel de noviembre de 2023. La consultora Equilibra aporta otro ángulo: el ingreso disponible real —el dinero que queda en el bolsillo después de descontar gastos fijos como alquileres, tarifas, medicamentos y prepagas— permanece 14,5% abajo del promedio previo a la transición presidencial. Banco Galicia, sin embargo, señala que si la desinflación continúa, es esperable que el poder de compra siga mejorando, lo que aumentaría las probabilidades de continuidad del rumbo económico después de 2027.

Luis Caputo logró estabilizar la macro: superávit fiscal, inflación a la baja y reservas en alza; el debe es que la mejora no llega aún al bolsillo ni al mercado laboral

En el frente cambiario, el dólar minorista se acerca a fin de mes en $1495 en el Banco Nación, con una suba de 4,5% en junio, pero de apenas 1% en el año, mientras la inflación acumulada supera el 15%. El dólar toca nuevos máximos nominales desde octubre, aunque todavía lejos de la banda superior, que se mueve en la zona de los $1800. Para la consultora LCG, el deslizamiento es positivo de cara a 2027, un año que podría traer las tensiones cambiarias habituales de un ciclo electoral. Por lo pronto, el tipo de cambio real dejó de caer y se estabilizó en un nivel comparable al de un año atrás, aunque todavía por debajo del promedio de 2017.

Más difícil de leer es el dato de actividad. La economía creció 2,3% en el primer trimestre de 2026 en términos interanuales, según el Indec, aunque por debajo de la expectativa original de 3,5%. El crecimiento existe, pero es heterogéneo: agro (18,1%), minería (12,3%) e intermediación financiera (7,5%) traccionaron con fuerza y explicaron casi toda la suba, mientras los sectores intensivos en mano de obra y más dependientes del mercado interno siguen rezagados: la industria manufacturera cayó 1,7% y el comercio 0,3%. Para la consultora Outlier, alcanzar el 2,9% anual proyectado requiere una aceleración significativa en lo que resta del año, que depende de la recuperación del salario real y del crédito.

El empleo sigue siendo la variable más sensible políticamente. La tasa de desempleo se mantuvo estable en 7,8% en el primer trimestre de 2026, sin diferencias significativas respecto del mismo período de 2025, según el Indec. Pero la estabilidad del número esconde un deterioro en la composición: el empleo asalariado formal cayó 0,6 puntos porcentuales, compensado por el avance del cuentapropismo y la informalidad, que subieron 0,5 puntos cada uno. En la práctica, son esas dos categorías las que están absorbiendo a los trabajadores desplazados del sector formal y a los nuevos ingresantes al mercado laboral. Para Outlier, la buena noticia es que el deterioro es lo suficientemente gradual como para evitar un salto en el desempleo abierto; la mala, que la recuperación del empleo de calidad depende de que la actividad económica gane dinamismo en el segundo semestre.

En la misma línea, la recaudación impositiva confirma que la economía dejó atrás la fase más aguda del ajuste, pero sin ingresar aún en una etapa de expansión. En mayo tuvo su primera suba interanual en términos reales en lo que va de 2026 (1,7%), traccionada casi exclusivamente por el impuesto a las ganancias. El resto de los tributos, en su mayoría, cayó. Outlier advierte que la recaudación del impuesto a los créditos y débitos —el mejor proxy de actividad dentro de los tributos— cayó 4% mensual en términos reales.

Donde la señal es más preocupante es en el crédito. La morosidad en préstamos bancarios alcanzó el 7,3% en abril, con un salto de 5,1 puntos porcentuales en un año. En las financiaciones a las familias, trepó al 12,1% y al 14,9% en préstamos personales: el nivel más alto en 22 años. Las empresas muestran un deterioro menor, pero también creciente. Banco Galicia señala que la caída del coeficiente de mora dependerá de que el otorgamiento de préstamos se reactive o de que la cartera irregular empiece a reducirse.

El consumo masivo completa el cuadro. En mayo, las ventas de productos empaquetados cayeron 1,6% interanual, según Scentia —la variación negativa menos pronunciada del año—. El volumen vendido se ubica en torno al 85% del nivel de enero de 2023. La desaceleración de la inflación empieza a moderar la caída, pero la recuperación del poder de compra de los hogares todavía es parcial.

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