Las exportaciones se casi duplicarían en cuatro años, pero atadas principalmente a materias primas
Los cables que sostienen los ascensores del Empire State Building fueron provistos por la empresa argentina IPH, uno de los tantos casos exitosos de firmas locales que logran conquistar mercados externos. Ese es el camino que señalan dos especialistas de la Universidad de Buenos Aires para promover el desarrollo argentino a partir de exportaciones diferenciadas, porque sólo con Vaca Muerta y minería el país no se salva.
Gracias a la venta de hidrocarburos y productos mineros las ventas externas del país proyectan duplicarse en cuatro años. Y todo indica que ese cometido puede ser logrado y hasta superado en el 2035, cuando el adicional de ventas externas supere los 80.000 millones de dólares. Sin embargo, esto no sería suficiente para ganar el status de país desarrollado..
Aún con el aumento de exportaciones previsto para el 2030 Argentina estará por debajo de Chile y Uruguay en el ranking que vincula el tamaño de población con la cantidad de productos vendidos al mundo basados en recursos naturales.
Recién en el 2030, las estadísticas permitirían trepar a los argentinos de los actuales 1.200 dólares per cápita de exportación por año a US$ 2.000. Lejos de los de los 5.000 dólares de Nueva Zelanda o los 7.000 dólares de Canadá, y a años luz de los más de 40.000 dólares de Qatar, donde una reducida población está situada sobre una enorme riqueza petrolera y gasífera.
Los datos están contenidos en un análisis del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la Universidad de Buenos Aires y el Conicet, realizado por los economistas Andrés López y Juan Carlos Hallak, que relativiza el beneficio de vender al mundo sólo recursos naturales.
En otras palabras, ni sumándolo a la buena performance del agro, el previsto boom de exportaciones energéticas y mineras alcanzará para promover un desarrollo económico que generalice una mejora en la calidad de vida de los argentinos.
La evolución post guerra de Japón, los tigres asiáticos como Corea, China y Europa Oriental son casos testigo de cómo las exportaciones industriales, con distintas especializaciones, convirtieron en ricos a esos países.
En el caso argentino, la clave sería no competir con costos ofreciendo productos más baratos, sino buscar otras ventajas relativas como el diseño, packaging, funcionalidad o adaptación a los gustos locales, que permiten mayores márgenes y habilitan el pago de buenos salarios. No faltan casos exitosos locales de muestra.
El bon o bon relleno de te verde que Arcor vende a los japoneses; las hormonas para fertilidad humana con la que el Instituto Massone conquistó Alemania; las heladeras exhibidoras que IMS vende a un mercado no tradicional como Sudáfrica. Etermax, empresa de gaming que internacionalizó el juego de Preguntados, entre otros.
Pero esos y otros casos que apuntan los reputados economistas tienen escasa envergadura en el detalle de las ventas externas locales. Justo cuando el crecimiento de la clase media en el mundo, la mayor edad promedio de consumidores y el aprecio por productos sustentables generan nichos de consumo diferente.
El 78% de las exportaciones argentinas están basadas en recursos naturales, que no aportan demasiado al empleo y al valor agregado total. Campo: 5% de la mano de obra y 8% del valor, mientras que las industrias extractivas aportan sólo 1% de la ocupación total y el 5% del valor agregado, según consigna el análisis en base a datos oficiales.
Y las condiciones generales, empezando por la envergadura de la población, están muy lejos de las de Noruega o Australia, que construyeron sólidas economías a partir de recursos naturales energéticos o mineros.
Una verdad de Perogrullo que se hace más patente con datos de la Cámara de Exportadores de la República Argentina: está en el puesto 45 de naciones exportadoras, por atrás de Perú, Chile y Brasil.
La situación empeoró sistemáticamente en los últimos quince años, con el cierre de empresas que apuestan al mercado externo: desde el 2006 la cantidad de exportadoras bajó de 15.000 a 9.200, con desaparición de pymes y gran concentración de la oferta. En el 2002 Argentina lideraba la cantidad de exportadores por número de habitantes en la región y hoy está entre las últimas.
Los estudiosos y CERA coinciden en los vaivenes cambiaros y falta de políticas adecuadas para animar al emprendimiento exportador que ubican al país en el camino exactamente opuesto al sugerido por López y Hallak.
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