El costo oculto de la balanza récord: la industria siente el golpe e importa menos maquinaria para producir
El dato central es sin dudas positivo. La Argentina alcanzó en mayo un superávit de la balanza comercial récord, con US$ 3.504 millones, una marca récord para la serie histórica que mide el Indec. Ese número se alcanzó por un avance de 34% en las exportaciones y una caída de 7% en las importaciones.
Esa baja en las compras al exterior, sin embargo, esconde un dato que deja al desnudo una situación que se viene observando desde hace tiempo. Uno de los segmentos en los que más se observó la baja es en Maquinarias y Repuestos, técnicamente bautizados como Bienes de Capital y Piezas y Accesorios para Bienes de Capital.
Lo que muestra esta situación es claro. La actividad industrial no levanta vuelo y la demanda de “fierros” para trabajar no desentona con esa tendencia. La caída contra mayo de 2025, en un contexto en el cual además los precios de los bienes importados se incrementaron 7,6%, arrojó que las cantidades importadas retrocedieron 13,6%.
La propia Unión Industrial Argentina (UIA) se encargó de mostrar esta situación. En su último informe, sostiene que la actividad cayó cerca de un 5% en mayo contra igual mes del año pasado, y un 0,8% contra abril.
Allí, además, señala que el escenario actual es muy disperso entre los sectores, y que pese a que hay rubros con resultado a favor, no es suficiente para cerrar en positivo. “Los indicadores de mayo presentaron una dinámica heterogénea respecto del mes anterior, con mejoras puntuales en algunos sectores, aunque sin modificar el panorama general de bajo nivel productivo”, afirma la UIA.
La consultora Equilibra, incluso, va más allá. “Las compras vinculadas a la producción cayeron por séptimo mes consecutivo, un 16%, y las de consumo también retrocedieron (3,1%), reforzando la idea de una actividad y demanda interna estancadas”, apunta.
Desde la Fundación Mediterránea la visión es muy similar. “El panorama general muestra a la actividad relativamente estancada. Se ve un bajo crecimiento acumulado desde comienzos de 2025 y tipo serrucho, es decir que crece un mes y cae el otro. La expectativa para el resto del año es similar, con un crecimiento en el año entre 2,5% y 3%”, sostuvo a Clarín Marcos Cohen Arazi, economista del IERAL.
En este contexto, además, el especialista marca otra particularidad. Advierte que hay una fuerte heterogeneidad, algo que, según su visión, llegó para quedarse. Aquí es donde apunta que son apenas tres los sectores más dinámicos, pero que no derraman en todos los sectores económicos ni en todas las regiones.
Intermediación Financiera (25,1%), Minería (24,6%) y Agro (23,8%) son los segmentos que mejor performance evidencian, un comportamiento que se encuentra muy lejos del de otros.
“Ningún segmento de las importaciones creció en cantidades, y todos salvo uno cayeron en valores. Todo reflejando la continuidad de un escenario de debilidad de la demanda interna y la actividad económica”, subrayó la consultora Abeceb en un informe.
Esta menor actividad está pegando fuerte en la capacidad ociosa de las industrias, con distintos efectos. Según el último informe del Indec, el uso de la capacidad instalada en la industria en general fue de 59,9% en abril, el mejor dato desde octubre, cuando fue de 61%, y más allá de que el nivel general se mantiene bajo en términos históricos.
Si se pone la lupa en diferentes sectores también se observan diferencias, pero en todos se ven cifras que despiertan alertas.
Todo esto,de la mano de salarios que, como definen desde la Fundación Capital, "pierden contra la inflación (salvo el último registro venían cayendo sistemáticamente desde mediados de 2025), la capacidad adquisitiva para adquirir bienes en el país es baja en general, pero al mismo tiempo esos salarios fueron subiendo en dólares, y aumentó la capacidad adquisitiva en términos de bienes y servicios del exterior".
Con este escenario, lo que queda por ver es qué puede esperar la industria para lo que queda del año. Dante Sica, al frente de la consultora Abeceb, explicó que “lo que se espera hacia adelante no es una industria que deja de invertir, sino una industria que cambia la forma de invertir. La inversión tenderá a concentrarse en modernización tecnológica, automatización, digitalización y reconversión de procesos, más que en una expansión generalizada de capacidad instalada. Por eso las importaciones de Bienes de Capital, piezas y bienes intermedios dejarán de ser un indicador asociado exclusivamente al nivel de actividad para convertirse en una señal de la calidad de la inversión: menos reposición de activos y más transformación productiva”.
“La elevada capacidad ociosa en numerosos sectores, una demanda interna aún débil y un costo del financiamiento de largo plazo todavía alto siguen demorando proyectos. No estamos solo ante un ajuste cíclico, sino frente a una transformación estructural”, dijo Sica a Clarín.
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