La física secreta de los días vacíos
Un día de semana con la agenda despejada debería sentirse como un regalo, ¿no? Con el Mundial de fútbol como protagonista, son semanas “semi vacías” o al menos con huecos liberados que dan una sensación de que no hay que hacer tanto. Ayer, por ejemplo, me levanté con la sensación de que no tenía que hacer nada superurgente y pensé: “Hoy avanzo con todo lo que vengo postergando”. Y a las seis de la tarde había contestado dos mails con un esfuerzo desproporcionado. Pero, hace un par de semanas, con la agenda reventada de compromisos, terminaba los días habiendo resuelto muchísimo. ¿Cómo puede ser que tener menos para hacer me deje con menos ganas de hacer nada? Debería ser al revés, pero hay una explicación, y empieza en la física.
Newton lo dijo en 1687: un cuerpo en reposo tiende a quedarse en reposo, un cuerpo en movimiento tiende a seguir en movimiento, salvo que una fuerza externa lo obligue a cambiar. Hay una línea de investigación que toma esta ley como modelo explicativo de la conducta, bajo el nombre de inercia psicológica. El psicólogo Glenn Walter la formalizó para entender por qué ciertos patrones de comportamiento se sostienen solos una vez en marcha, sin necesidad de un motivo nuevo cada vez: lo que mantiene el movimiento no es la motivación que lo inició, es el movimiento mismo. Si no hay nada empujando, no hay nada que venza la inercia del reposo que, una vez instalado, se sostiene solo, no porque seas vago, sino porque así funciona un cuerpo (psicológico o físico) sin fuerza externa actuando sobre él.
El día cargado, en cambio, me ponía en movimiento a la fuerza desde la primera reunión de la mañana. La neurociencia muestra que, a medida que un circuito se vuelve habitual o ya está en marcha, requiere menos recursos para seguir funcionando: el costo energético de pasar de un estado a otro baja con la práctica y con la continuidad, mientras que el costo de arrancar desde cero es comparativamente alto.
Esto también explica un fenómeno conocido como descuento por esfuerzo: ante la posibilidad de elegir, tendemos sistemáticamente a evitar lo que percibimos como más demandante, incluso cuando la recompensa es similar. El primer mail del día vacío pesa como una mudanza. El décimo mail del día ocupado no pesa, porque el sistema ya pagó el costo de arrancar y ahora corre con el motor encendido. Si la inercia explica el problema, también sugiere la solución, y no es “tener más disciplina” un día vacío. Es diseñar deliberadamente la primera fuerza externa cuando sabés que el día no te la va a dar: una reunión temprano, aunque sea corta; un compromiso con otra persona, una clase en el gym, la regla de los dos minutos, que no busca terminar nada, sino simplemente romper el reposo. Una vez que el cuerpo está en movimiento, lo difícil —arrancar— ya pasó.
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