Dólar a $1.495 en los bancos: cuáles son las cuatro razones detrás de la suba de este mes
La pax que mostró el mercado de cambios la primera mitad del año parece haberse interrumpido sobre el final. El dólar "se despertó" en junio y trepa 4,6% en la cotización minorista. Aunque en el mercado sostienen que este ajuste, que representa un alza de apenas el 1% desde principios de enero, es "sano" ya que evita que la apreciación del peso se profundice, también se debate si el movimiento de este mes es un ajuste estacional o abre la puerta a un segundo semestre con mayor volatilidad cambiaria.
Detrás de la suba de junio está el juego de la oferta y la demanda de pesos y dólares. De enero a finales de mayo, en el mercado hubo "sobreoferta" de dólares financieros, producto de las colocaciones de deuda en el mercado internacional de provincias y empresas. También ayudaron los dólares de los sectores con más dinamismo en la economía: energía y agro. La demanda, en cambio, había estado agazapada en un contexto de tasas en pesos más altas que la depreciación esperada.
La oferta de dólares empezó a mermar este mes. Las colocaciones de obligaciones negociables (ON) de empresas y provincias en el mercado internacional perdieron ritmo. El boom de emisiones que dominó el primer cuatrimestre se enfrió. Menos deuda colocada afuera significa menos dólares que ingresan al circuito local.
El campo también aportó menos. La liquidación de la cosecha gruesa tocó su pico entre abril y mayo. Para junio, el agro ya había volcado la mayor parte de sus divisas al mercado. Con el grueso de la campaña liquidado, una de las patas que sostuvo la oferta de la primera mitad del año se debilitó.
Del otro lado del mostrador, la demanda se reactivó. Tres factores empujan al mismo tiempo. El primero es el efecto Mundial. La Copa del Mundo disparó el gasto de los argentinos en el exterior. Pasajes, hoteles y consumos con tarjeta en moneda extranjera sumaron presión sobre el billete. El turismo emisivo es, mes a mes, una de las principales canillas de salida de dólares.
El segundo es el aguinaldo. El medio sueldo anual complementario que se cobró en junio dejó más pesos en la calle. Parte de esos pesos fue directo a la compra de dólares para ahorro, un clásico de cada mitad de año.
El tercero es la energía. El invierno disparó las importaciones de gas y combustibles. El sector que en verano aporta divisas, en los meses fríos las demanda. Ese giro estacional le resta oferta neta al mercado.
A los flujos se sumó un cambio de cabeza en los inversores. Durante meses, la estrategia ganadora fue el carry trade: posicionarse en pesos para capturar tasas más altas que la depreciación esperada. Mientras el dólar quedó quieto, la apuesta rindió.
Ese esquema empezó a desarmarse en junio. Frente a la expectativa de un tipo de cambio más firme en el segundo semestre, varios inversores cerraron posiciones en pesos y migraron a cobertura en dólares. El movimiento se retroalimenta: más demanda de dólares presiona el precio, lo que valida la decisión de cubrirse.
Para el ahorrista, el saldo del mes es concreto: el dólar en los bancos cerró a $ 1.495 y el debate ahora pasa por si el segundo semestre llega con más volatilidad.
Al cuadro local se sumó un factor externo. En las últimas semanas el dólar se fortaleció frente a las principales monedas. El índice DXY, que mide al billete contra una canasta de divisas, se movió al alza.
El efecto es directo sobre los emergentes. Cuando el dólar se aprecia a nivel global, las monedas de la región pierden terreno frente al billete. El real, el peso chileno y otras divisas de la región acompañaron el movimiento. El peso argentino no quedó afuera de esa tendencia.
Para el mercado local, esto opera como un piso de presión. Aun sin cambios en los flujos internos, un dólar más fuerte en el mundo le pone un sesgo alcista a la cotización.
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