¿Qué sostiene Milei cuando sostiene a Adorni?
Vale empezar con la respuesta a la pregunta del título, y desde allí desandar el camino en sentido inverso hasta encontrar las razones: Milei no echa a Adorni porque todos le están pidiendo que lo haga. Y su triunfo es, al menos en el escenario público, no hacer lo que se espera. Es una hipótesis, claro.
La unanimidad es casi total. Más de 100 días después de la foto de Bettina Angeletti, esposa de Adorni, en Nueva York, y del inolvidable "me estoy deslomando", hoy los opositores -aunque en secreto disfruten de la permanencia del tema en la agenda- los aliados fieles, los aliados ocasionales, las voces a favor y las otras que no tanto, piden, casi imploran, la baja del jefe de Gabinete. Lo repiten los líderes del PRO, con Macri a la cabeza, amontonando comunicados para decir lo mismo, con la indisimulable intención de aprovechar también la oferta, diferenciarse y recuperar en exclusiva la medalla de la honestidad y la lucha contra la corrupción.
Lo dicen los propios integrantes del Gabinete, vaciando las reuniones de la Mesa Política y devaluando las fotos de Adorni y Karina Milei, siempre sonrientes pero ya no rodeados de ministros con peso, sino de senadores desconocidos felices de que los inviten con un café y masitas en la Rosada.
Lo enfatiza con hartazgo notorio Patricia Bullrich, a quien no parece haber conmovido la torta de cumpleaños con la que Adorni la agasajó hace algunas semanas.
En fin, lo indica la lógica política conocida hasta ahora. Para todos. Salvo para el presidente.
¿Puede haber otras razones? Por supuesto. La especulación clásica y tentadora es que el ex vocero conoce secretos de los hermanos Milei y por eso no puede quedar desprotegido. Trama de intriga posible pero no tan probable: las más de las veces los motivos de las acciones son más pueriles, más vinculados a los caprichos mezquinos que a especulaciones oscuras.
También puede ser, y se ha dicho, que el peso de la opinión de Karina Milei impida avanzar a su hermano en la decisión.
Lo único seguro es que el jefe de Gabinete no sigue porque su carisma y sus habilidades políticas sean irremplazables. A las sospechas de enriquecimiento ilícito le sumó un talante desaconsejable si se quiere ganar amigos, y débiles explicaciones técnicas que lo hundieron aún más en la consideración general y obligaron, porque ya era demasiado, a correrlo como vocero.
Adorni luce hoy como un zombie con oficina en la Rosada y chofer, pero vaciado de poder.
¿Entonces? Quizás la mejor respuesta se encuentre en esa unanimidad en el pedido, y en el convencimiento presidencial de que parte de su fortaleza está en no hacer lo que le reclama "la casta", entendida como mucho más que sólo los políticos clásicos.
Fue dicho también que el Presidente echó a Nicolás Posse, su amigo, y aceptó la renuncia de Guillermo Francos, ambos jefes de Gabinete anteriores a Adorni, por mucho menos. La diferencia, justamente, es que nadie pedía que los echaran. En el caso de Francos era incluso reconocido por su disposición negociadora. Por eso se fueron.
Quizás lo que defienda, o pretenda defender Milei, es su idea de qué esperan de él los votantes: cierta rebeldía, la ruptura, la confrontación, el quiebre de la lógica política tradicional, nunca la aceptación de las exigencias, por ejemplo, del Congreso. Si así fuera, Milei se estaría sosteniendo a sí mismo. O al menos a lo que él cree que encarna, su capital simbólico, su lugar en el imaginario colectivo. Lo más fácil es pensar que se equivoca. Pero quién sabe.
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