Iván Buffone: “Cualquier conflicto social o problema ambiental se traduce directamente en riesgo financiero”
¿Qué tienen que ver las finanzas con la sostenibilidad? A simple vista, son dos áreas que no tienen una conexión evidente. Sin embargo, para Iván Buffone, director de BS Capital Partners y líder estratégico en el Grupo de Fundaciones y Empresas, el vínculo es más profundo. “Tienen un montón en común”, aseguró.
Para entender esa relación, es necesario mirar el contexto global. “Vivimos en un momento de complejidad sistémica, con desafíos que se amplifican, colisionan y generan situaciones incómodas”, señaló Buffone durante la décima edición del summit de Sustentabilidad organizado por LA NACIÓN. Agregó que la pobreza, la desigualdad, las deudas sociales, el cambio climático y la degradación del ecosistema son las cuestiones sociales y ambientales que provocaron que el mundo de los negocios aborde la agenda de sostenibilidad.
En los últimos años surgieron distintos focos de conflictos que, según el especialista, restringen y ponen al sistema económico a la defensiva. Entre los principales destacó:
El especialista resumió el contexto actual en dos palabras: volatilidad e inestabilidad. Y, según explicó, ese marco tiene una relación directa con el capital.
Lo pregunta, entonces es: ¿Cómo reacciona el sistema financiero ante estas dificultades? ¿Lo interpelan?
Para responder, Buffone cuestionó una premisa extendida: “Siempre se dice que el sistema financiero es frío, que no se conmueve”, planteó. Sin embargo, sostuvo que más que frialdad existe preocupación por los riesgos que estos factores pueden generar.
“El sistema financiero tiene gran sensibilidad al riesgo, a cómo lo van a afectar los conflictos y problemas”, afirmó. Es decir, cómo estos fenómenos pueden impactar a una empresa en su producción, operación, capacidad de generar rentabilidad y la capacidad de repagar sus deudas.
“Cualquier conflicto social o problema ambiental se traduce directamente en riesgo económico financiero”, relató el especialista, y ejemplificó: Si una fábrica contamina el río que tiene al lado y la comunidad vecina se ve afectada, ésta va a hacer un piquete o el gobierno local va a tomar medidas y va a clausurar el establecimiento. Entonces, la fábrica no puede funcionar; por ende, no puede repagar la deuda que tomó ni dar los dividendos que dijo que iba a dar. “El sistema entendió que riesgo ambiental y riesgo social es riesgo para el negocio”, sintetizó.
El concepto de finanzas sostenibles parte de una premisa sencilla: incorporar variables ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) a las decisiones de inversión. Según Buffone, implica hacerse preguntas como:
Estos son los factores que miran las finanzas sostenibles para entender mejor sus riesgos. A partir de esta lógica surgieron metodologías, estándares y herramientas, como los índices de sustentabilidad o los Principios de Inversión Responsable, que permiten a los inversores evaluar cómo son las empresas o proyectos en los que ponen su dinero.
En la Argentina, uno de los casos más significativos es el de la Bolsa. A través de BYMA, se creó un índice de sustentabilidad que reúne a las 15 empresas más sustentables que cotizan.
“Todo esto surge para protegernos de riesgos sociales y ambientales y promover buenas prácticas y soluciones que nos ayuden”, remarcó Buffone. Según explicó, el inversor —actor central del sistema financiero— ya no busca únicamente rentabilidad. También quiere comprender el riesgo y el impacto que genera su inversión.
“En función de cómo combina estas variables —impacto, retorno y riesgo— es como se posiciona en el continuo de capital”, explicó el especialista, quien remarcó que en los extremos se encuentran la inversión tradicional (busca solo retorno financiero) y la filantropía, que busca exclusivamente impacto social o ambiental. En tanto, en el medio están las finanzas sostenibles, que buscan gestionar riesgos, excluir rubros perjudiciales para el sistema económico, promover buenas prácticas y lograr que el capital deje de ser parte del problema; y la inversión de impacto, que busca retorno financiero, pero prioriza la generación de efectos positivos.
En el país existe un ecosistema que trabaja activamente sobre las finanzas sostenibles. Lo integran bancos, mercado de capitales, empresas que buscan financiamiento, fondos de inversión y un marco regulatorio que, aunque enfrenta desafíos, resulta propicio para generar herramientas.
Según un estudio que citó Buffone, en la Argentina ya se movilizaron más de US$4500 millones en financiamiento sostenible y se otorgaron más de 121.000 créditos sostenibles.
Para el especialista, estas cifras reflejan que hay reguladores promoviendo este tipo de iniciativas. Hay potencial. Sin embargo, advirtió que buena parte del desarrollo del país dependerá del destino que se le dé al capital.
“Si dirigimos ese potencial hacia proyectos con inclusión, generación de empleo, desarrollo genuino, cuidado ambiental, cadenas de valor locales, capacidad para integrarse al mundo y ofrecer talento, capacidad y producciones, vamos a tener gran parte de la ecuación resuelta”, concluyó.
© Copyright 2026 SA LA NACION | Todos los derechos reservados. Dirección Nacional del Derecho de Autor DNDA - EXPEDIENTE DNDA (renovación) RL-2023-95334553-APN-DNDA#MJ.Queda prohibida la reproducción total o parcial del presente diario.