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James Turrell, en la Boca

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Para quienes tienen oportunidad de pasear o recorrer la Boca en estos meses, la muestra “Penumbras” que presenta la Fundación Proa hasta principios de agosto es imperdible. Reúne a grandes artistas de estos tiempos (Richard Serra, Robert Irwin, Andy Warhol con su serie Shadows, entre ellos) y también allí se encuentra una obra de James Turrell. Todos están reunidos bajo el lema de “La penumbra como experiencia”.  “Son obras que confluyen en una misma pregunta: ¿cómo miramos y cómo habitamos el espacio?”, define el curador, Humberto Moro.

Esta muestra le da continuidad a la colaboración de Proa con la Dia Art Foundation, que comenzó hace tres décadas y marcó hitos con exhibiciones de Dan Flavin y Sol Lewitt.

“Catso blue” es el nombre de la obra de Turrell, donde una proyección de luz azul instala el volumen ilusorio de un cubo.

Si uno visita Salta tendrá que agendarse un recorrido de poco más de 50 kilómetros desde la capital hasta la zona de Molinos, donde se encuentran las Bodegas Colomé, propiedad de Donald y Ursula Hess. Ellos se dieron el gusto de unir, en un mismo sitio, sus mayores ambiciones: el vino y el arte.

Sucede que Bodegas cuenta también con un museo exclusivamente dedicado a Turrell, cuyas obras Donald Hess –suizo, coleccionista de arte contemporáneo- compra desde los años 70. “Aquí hay una luz extraordinaria que le confiere a la obra de Turrell una fuerza adicional”, explican.

Con especificaciones del propio artista y sobre una superficie de 5.500 metros cuadrados en nueve cámaras,  el Museo inaugurado dos décadas tras cuenta con instalaciones como Spreand, Alta Green y  Unseen Blue. Esta es la joya del museo: con la apariencia de un atrio de la época romana y una abertura en el techo al cielo despejado de Salta, se aprovecha la belleza del ambiente, la luz natural y la combinación con un espectáculo de luz artificial. El amanecer o al anochecer invitan a momentos de introspección.

“Tuve una extraña sensación al ver mis piezas ahí agrupadas, como en un túnel del tiempo. Es como cuando ves reunida gente de diferentes épocas de tu vida. Es agradable que alguien lleve a cabo una idea así, en un lugar tan remoto. Fuera de los circuitos turísticos de la gente del mundo del arte. Es el tipo de lugar que me gusta”, comentó Turrell.

Turrell, está considerado uno de los más relevantes artistas contemporáneos y dedicó toda su vida al “arte perceptivo”, investigando la materialidad de la luz. La experiencia sensorial del espacio, el color y la percepción son la base de su obra.

Nacido en 1943, en Los Angeles, Turrell estudió matemáticas, psicología de la percepción y es piloto de aviones. Pero hizo carrera en las artes plásticas con piezas en las que la luz y la arquitectura logran efectos asombrosos

A su modo y en su área, formó parte de aquel formidable movimiento cultural (y contracultural) en California de los ’60, incluyendo las manifestaciones por los derechos civiles, la igualdad racial y contra la guerra de Vietnam.

Luego, el arte lo atrapó definitivamente. Junto a Robert Irwin y el psicólogo Edward Wortz estudiaron un fenómeno óptimo llamado Ganzfeld: estos estudios sobre anomalías perceptivas avivaron aún más su interés por el ámbito celestial, y comenzó a incorporar la aviación a su práctica creando dibujos del cielo con el artista Sam Francis. Su primera exposición individual de “Turell: Proyecciones de Luz” data de 1967 en el Museo de Arte de Pasadena. Esta exposición lo situó a la vanguardia del movimiento Luz y Espacio”. Luego, sus series Sky Spaces se difundieron por todo el mundo.

Hace un tiempo, Turrell fue entrevistado para una revista de arte por un experto, Michael Govan, ex director de Dia.

Allí contó que, en sus comienzos, quería estudiar los vínculos entre la ciencia y el arte, pero no lo admitieron en la Cooper University. Así que, con algunos amigos, decidieron estudiar la relación entre la psicología y el arte. “Nos atraían las clases de arte aunque, en realidad, algunos iban allí porque estaban las mejores mujeres… Es cierto, pero bromas aparte, lo que parecía un estudio fácil resultó difícil, tuvimos que esforzarnos y aprender de verdad”.

Y profundizó: “Tenía interés en el arte, pero mi primer interés fue en realidad la luz. Siempre me fascinó la luz. Igual que hay chicos a los que les encanta el fuego y quieren ser bomberos. Si te encanta la luz, ¿qué haces con ella? Una cosa es que la historia de la luz está plagada de pinturas sobre la luz”. Así menciona nombres históricos: la escuela de la luz en Holanda, Vermeer, Constable y Turner, los impresionistas. Y “la visión sureña de la luz, Caravaggio, Velázquez, Goya…”. Considera que aquellos nombres legendarios del arte influyeron sobre sus propias creaciones como el libro Emblemata (2000), los grabados First Light y la serie Projection.

Desde hace varias décadas, Turrell trabaja también en su proyecto más ambicioso, el Roden Crater, la instalación artística en un volcán extinto de Arizona. “Es probablemente la idea más grandiosa que haya concebido un solo artista”, exageró Govan. Turrell la bajó a tierra: “sí… pero no más profundo que un haiku escrito en una bolsa de supermercado”.

Turrell vive muy cerca de allí, en Flagstaff, y se propuso encontrar un sitio que “aumente la sensación de bóvedad celeste cercana”. Se cree que aquel volcán tiene una antigüedad de 400 mil años.

Lo explicó así: “Me fascinan los volcanes. Me interesa mucho cómo crean nueva tierra. La tierra bajo la superficie se vuelve a derretir y emerge a través de la acción volcánica produciendo esta tierra renovada. Jung habló de los diferentes tipos de personas y calificó uno de ellos como volcánico. En Italia y el sur de Francia había antiguamente volcanes, que es donde crecen ahora los viñedos. En California, en el valle de Napa, y en Chile, sucede lo mismo”.

Turrell está considerado como uno de los principales artistas estadounidenses de la posguerra: un orquestador de la luz que ha dedicado su práctica a explorar la experiencia sensorial del espacio, el color y la percepción. Sus obras reflexionan sobre los límites de la vista y, al mismo tiempo, buscan expresar el pensamiento que provocan.

Sabe captar y recoger la luz de tal manera que no se trata tanto de lo que revelan otros objetos sino de cómo ella misma es la revelación con su propia forma y estructura. «Mi deseo es crear una situación en la que pueda involucrar al espectador y permitirle ver. Que se convierta en su experiencia», dijo.

Y sobre su vida junto al desierto de Arizona, evocó una frase de otro notable del arte (Malevich) y expresó: “En un desierto de sentimiento puro La verdad es que la gente que ama el desierto está loca. O el desierto atrae a gente loca, o después de permanecer en él el tiempo suficiente, se vuelven locos. Con el arte pasa lo mismo. No estoy seguro de qué viene primero. Pero después de estar en él el tiempo suficiente, ¿qué más da?”

Luis Vinker

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