Escala la pelea en la UOM y golpea a la discusión por paritarias y la renegociación del convenio colectivo
La fuerte crisis que sacude al gremio de la UOM, el más importante del sector industrial, sumó en las últimas horas un nuevo capítulo que traslada los efectos de pelea interna a la inminente discusión sobre el nuevo aumento salarial de la actividad y a la renegociación obligatoria del convenio colectivo sectorial estipulada por el fin de la ultraactividad que quedó consagrada en la reforma laboral de Javier Milei.
Así, mientras el sector que encabeza Abel Furlán se presentó ante la Corte Suprema de Justicia para reclamar que deje sin efecto la intervención del sindicato que lo desplazó de la conducción, el propio interventor Alberto Biglieri avanzó con una polémica decisión al designar a cinco dirigentes del gremio enfrentados a Furlán como responsables de llevar adelante las negociaciones paritarias con las seis cámaras empresarias de la actividad que comenzarán la próxima semana.
La decisión de Biglieri quedó formalizada a través de la resolución N° 3 de la intervención y colocó al frente de las discusiones salariales a los dirigentes Enrique Salinas (La Plata), Roberto Bonetti (Capital Federal), Daniel Martínez (Cañada de Gómez), Adrián Pérez (Quilmes) y Edgardo Holstein (San Nicolás). Se trata de referentes del sindicato que mantienen un viejo enfrentamiento con Furlán y que, por ello, fueron excluidos de la nueva conducción (ahora desplazada por la intervención). Justamente los sectores alineados con Furlan interpretaron la decisión de Biglieri como una clara apuesta para reconfigurar el mapa de poder dentro del gremio metalúrgico.
La discusión no es menor en un momento en que la UOM atraviesa un escenario delicado: con una actividad industrial golpeada por la caída de la producción, suspensiones en distintos fábricas y una pérdida sostenida del poder adquisitivo de los salarios, debe enfrentar la nueva ronda de paritarias y la modernización del convenio colectivo sectorial.
Por eso en distintos sectores empresarios admiten su preocupación por la pelea interna del gremio y la incertidumbre sobre quién tiene capacidad real de representación, y como ello puede impactar en los acuerdos que se firmen y en un escenario de mayor conflictividad. Ocurre que si bien la intervención ejerce en lo formal la conducción del gremio, la estructura interna que responde a Furlán tiene fuerte influencia en numerosas seccionales del gremio con capacidad de movilización.
La inquietud alcanza especialmente a la paritaria correspondiente al segundo trimestre del año (abril-junio), pero también a negociaciones de mucho mayor alcance que comenzarán en las próximas semanas (y se prevé que se extenderán hasta fin de año) y que involucran la revisión integral del convenio colectivo metalúrgico.
La renegociación del convenio colectivo aparece como uno de los puntos más sensibles de la agenda que deberá enfrentar el gremio. Fuentes empresarias consultadas por Clarín advirtieron que varias cámaras vienen planteando la necesidad de abandonar el actual esquema de negociación unificada y avanzar hacia convenios diferenciados por rama de actividad. El objetivo es que cada sector pueda discutir condiciones laborales específicas sin depender de una negociación conjunta entre todas las entidades empresarias y el gremio.
Las empresas sostienen que la heterogeneidad creciente del sector vuelve cada vez más difícil acordar reglas comunes para actividades con realidades productivas muy distintas. En cambio, en la UOM descreen de esos argumentos: entienden que una fragmentación de la negociación colectiva podría debilitar el poder de negociación del sindicato y generar condiciones laborales diferenciadas entre ramas que hasta ahora están alcanzadas por un mismo convenio.
En ese escenario, se agrega un elemento adicional que empantana las discusiones: el futuro de las denominadas cuotas solidarias, uno de los principales mecanismos de financiamiento tanto de los sindicatos como de las cámaras empresarias.
Actualmente la UOM percibe una cuota equivalente al 2% calculada sobre la totalidad del salario de los trabajadores alcanzados por los acuerdos colectivos. Sin embargo, el decreto reglamentario de la reforma laboral estableció un límite máximo también del 2%, pero únicamente sobre los salarios básicos de convenio, lo que implicaría una reducción significativa de los recursos que percibe el gremio y promete convertirse en uno de los puntos más conflictivos de la negociación.
La situación también impacta sobre las cámaras empresarias. En el caso de ADIMRA, la entidad percibe actualmente una contribución equivalente al 1% abonada por las empresas afiliadas. La nueva reglamentación fijó un tope del 0,5%, lo que también abre una discusión sobre el financiamiento de las organizaciones patronales.
Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín