El sonido de Gardel y la IA
El 12 de junio de 1957, el periodista Eduardo Eggers de Mundo Argentino inició un extenso reportaje titulado “Cómo conocí a Gardel”. La serie de entrevistas comenzó con el maestro Julio De Caro. La foto de la publicación lo muestra afable en un paréntesis de su labor docente en el estudio que tenía sobre Carlos Pellegrini, cerca del Obelisco porteño.
Allí, De Caro evocó a su amigo y al cantor, al profesional y a la persona. A la distancia, la retrospectiva sobre Gardel impacta como el momento germinal de la memoria magna amojonada con la de cada uno de los que lo habían conocido.
Olvidadas habían quedado las diatribas de monseñor Gustavo Franceschi sobre el Zorzal. En 1936 el prelado se explayó minuciosamente en Criterio, la revista que dirigía y la elite no dejaba de leer. Tras el multitudinario funeral había vaticinado “en seis meses nadie recordará a Carlos Gardel”. Franceschi murió inesperadamente en Montevideo, un mes después de la publicación de Mundo Argentino.
Las evocaciones incluyeron los recuerdos de Mona Maris, Irineo Leguisamo, Roberto Casaux, Astor Piazzolla, Edmundo Guibourg, entre otros. Se sucedieron las maneras de evocarlo: “Rey del Tango”, “Ídolo”, “la Voz Inmortal”, “Héroe”. Pero se impuso de a poco, la sencilla y elocuente expresión de Julio De Caro, que con su profundo conocimiento musical de la evolución del tango, definió en cuatro palabras el extraordinario valor de la Voz: “… Cada vez canta mejor”.
Guillermo Elías, investigador y estudioso de los avances tecnológicos en la grabación de sonido, ha subrayado que ya desde 1912, Carlos Gardel se destacaba por su voz eminentemente fonográfica (fidelidad sonora) en las grabaciones que hizo en la Casa Tagini, y en esa época en la que el registro acústico sólo podía priorizar el volumen, pero era muy acotado en los graves, el Zorzal Criollo sobresalía porque combinaba su gran emisión vocal, su registro barítono-tenor, con su enorme calidad interpretativa.
La grabación eléctrica llegó a la Argentina el 1° de marzo de 1926, y en noviembre Gardel estrenó el nuevo método, y con su extraordinaria habilidad sonora para cantar graves y agudos, superó ampliamente lo que debía hacer un artista: “… ‘chamuyarle’ y ‘susurrarle al micrófono’, centrando toda la atención en la estética,creatividad y plasticidad de la interpretación”.
En palabras de Elías, su canto puro como lo escuchó su público en vivo, acompaña la evolución tecnológica de la reproducción de sonido, del disco a la grabación estereofónica, al registro digital, y de las plataformas de internet a los recientes experimentos con la Inteligencia Artificial para captar el registro sin ruido de su voz natural.
Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín