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infobae.com · hace 7 horas · Nicolás Demarco

Del producto al dato: la nueva economía de las empresas tradicionales

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Durante años, la discusión empresarial giró alrededor de variables relativamente previsibles: producción, distribución, precio y volumen. Hoy, en cambio, las compañías enfrentan un desafío mucho más complejo. Ya no alcanza con fabricar bien ni con tener una red comercial consolidada. La nueva ventaja competitiva pasa por comprender al consumidor en tiempo real, interpretar datos y construir múltiples puntos de contacto con el mercado.

La transformación que están atravesando numerosas empresas argentinas revela precisamente ese cambio de época. El fenómeno más interesante no es la apertura de nuevos canales digitales ni el desembarco en plataformas de comercio electrónico. Lo verdaderamente relevante es que el canal dejó de ser una vía de venta para convertirse en una fuente de información estratégica.

En este nuevo escenario, muchas compañías descubren que el e-commerce representa una porción marginal de la facturación, pero una porción creciente del conocimiento sobre el mercado. Los datos sobre hábitos de consumo, frecuencia de compra, comportamiento regional y sensibilidad al precio tienen hoy un valor económico que muchas veces supera el margen generado por la venta en sí misma.

Por eso, la discusión ya no pasa por elegir entre marketplace o tienda propia. La verdadera cuestión es cómo construir un ecosistema omnicanal capaz de integrar distribuidores, canales digitales, vendedores tradicionales y consumidor final. La competencia dejó de ser entre canales; ahora la competencia es entre modelos de gestión de información.

Este cambio también está modificando la cultura empresarial. Las organizaciones que durante décadas estuvieron orientadas al B2B deben aprender a convivir con la lógica del consumidor final, mucho más dinámica, exigente y cambiante. Esa adaptación obliga a replantear estructuras internas, acelerar procesos de decisión y profesionalizar áreas que históricamente tenían un rol más administrativo que estratégico.

El fenómeno se vuelve todavía más relevante en el contexto argentino. Tras años en los que la inflación permitía compensar ineficiencias mediante ajustes de precios, muchas compañías vuelven a concentrarse en productividad, automatización y reducción de costos operativos. La eficiencia vuelve a ocupar un lugar central en la agenda corporativa.

De hecho, uno de los rasgos más visibles del actual ciclo económico es el regreso de las decisiones de inversión selectivas. Las empresas siguen apostando al crecimiento, pero con una lógica mucho más prudente. Se priorizan proyectos vinculados a automatización, robotización, inteligencia artificial y optimización logística, mientras las expansiones más agresivas quedan sujetas a una evaluación constante del contexto.

Otro cambio significativo es la diversificación. Las empresas buscan depender cada vez menos de una única categoría, un único cliente o incluso un único mercado. La volatilidad económica enseñó que la concentración aumenta los riesgos. Por eso aparecen nuevas líneas de productos, alianzas estratégicas, desarrollos conjuntos y una renovada vocación exportadora.

En paralelo, también cambia la relación con los distribuidores. Durante años se interpretó que la digitalización amenazaba a los intermediarios tradicionales. La experiencia demuestra que las estrategias más exitosas son aquellas que utilizan los canales digitales para complementar y fortalecer las redes existentes, no para reemplazarlas. Los datos obtenidos en el contacto directo con el consumidor pueden transformarse en información valiosa para toda la cadena comercial.

Hay además un componente social que merece atención. Incluso en contextos de menor crecimiento económico, ciertas categorías vinculadas al bienestar cotidiano mantienen niveles de demanda relativamente estables. Los economistas suelen definir este fenómeno como el consumo de “pequeñas indulgencias”: gastos accesibles que permiten sostener momentos de satisfacción personal cuando las grandes decisiones de consumo se postergan. Es una conducta que reaparece en prácticamente todas las crisis y que vuelve a ganar relevancia en el escenario actual.

La conclusión es clara. El principal desafío de las empresas ya no consiste únicamente en vender más. Consiste en aprender más rápido que sus competidores. En una economía atravesada por cambios tecnológicos, nuevos hábitos de consumo y mercados cada vez más fragmentados, la información se convirtió en un activo tan importante como las fábricas, las marcas o el capital financiero.

Las compañías que logren combinar eficiencia operativa, cercanía con el consumidor, capacidad de innovación y lectura permanente de los datos tendrán mayores posibilidades de crecer cuando el mercado vuelva a expandirse. Porque en la economía actual, el diferencial no está solamente en lo que una empresa produce, sino en lo que es capaz de entender.

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