La paradoja argentina: reservas de fiesta en el Central y las tarjetas de crédito al borde del abismo
Una economía disociada, partida en dos realidades irreconciliables: una marcada mejora macroeconómica que promete llevar las reservas netas del Banco Central a los 10.000 millones de dólares positivos, conviviendo en paralelo con un escenario de morosidad y endeudamiento asfixiante en los bolsillos de las familias. Mientras las cuentas del Central se recomponen tras un largo período en rojo, la realidad del consumo doméstico expone una cuerda que no para de tensarse.
La consultora 1816 acaba de publicar un informe donde, según sus cálculos, las reservas netas del Banco Central podrían cerrar este año en el terreno positivo por unos 10.000 millones de dólares.
Permítanme poner esto en perspectiva histórica. Venimos de un desierto absoluto. El Banco Central arrastró reservas netas profundamente negativas durante muchísimo tiempo, un agujero negro heredado que condicionaba cualquier atisbo de estabilidad. Llegar a un colchón de diez mil millones implica una consolidación notable.
Mariano Gorodisch: “El Banco Central va a imprimir 8 billones de pesos antes de las elecciones”
¿Cómo se explica semejante salto? La consultora detalla un entramado de ingeniería financiera que incluye la acumulación de dólares vía Bonares por parte del Tesoro, el desembolso ya garantizado de unos USD 4.000 millones por parte de organismos multilaterales como el BID y el Banco Mundial, y el muy probable refinanciamiento (el famoso rollover) de los REPOs del Banco Central por otros USD 6.000 millones. Es una noticia fenomenal para despejar los fantasmas del default de cara al 2027 y calmar el riesgo país. Pero, como bien sabemos en la Argentina, los dólares del Banco Central no se comen, ni pagan el supermercado.
Y acá es donde chocamos de frente con la microeconomía, con la realidad de la calle. Porque los datos oficiales correspondientes al mes de abril —estamos en junio, pero estos indicadores consolidados demuestran la tendencia estructural— revelan que la morosidad bancaria no afloja. Todo lo contrario: lleva 17 meses consecutivos de crecimiento.
El nivel general de la mora en el sistema bancario se ubicó en un 7,3% promedio. Es un número altísimo. Es verdad que desde el Banco Central intentan matizar el dato diciendo que observan una desaceleración en la velocidad del alza. Es decir, la morosidad sigue subiendo, pero sube un poco menos de lo que subía antes. El Central dice ver la luz al final del túnel, pero lo cierto es que acumular casi un año y medio de incrementos mensuales ininterrumpidos denota un agotamiento del tejido social y financiero.
La morosidad de las familias volvió a crecer en abril y es la más alta en 20 años
Frente a este escenario de asfixia, la respuesta de la banca pública no se ha hecho esperar, confirmando la gravedad del asunto. El Banco Ciudad y el Banco Nación han tenido que salir con urgencia con planes de salvataje y moratorias diseñadas específicamente para que las familias puedan reformatear y refinanciar su deuda de consumo.
Esta es la foto actual de la Argentina. Una paradoja perfecta y brutal. Un Banco Central que se encamina a exhibir un balance robusto de la mano de la ingeniería macroeconómica, frente a millones de familias que están pedaleando los vencimientos diarios en niveles de estrés financiero que no se observaban en mucho tiempo. La gran pregunta, la que desvela a todo el arco político y económico, es cuánto tiempo más puede sostenerse la estabilidad de arriba mientras abajo la cuerda sigue tensándose.