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clarin.com · hace 9 horas · Clarin.com - Home

Envejeciendo con Messi: reuma e ilusiones 2030

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Si es necesario, que tome reumosán o todos esos antídotos con glucosamina que prometen aliviar el dolor de la artrosis. Que apele al colágeno hidrolizado para mejorar cartílagos. O caiga en esos ungüentos mentirosos que nos venden por televisión. Que pruebe con la medicina ortomolecular de Moria, o con la pastillita con pimienta negra que promociona “La Alfano”, o con el plasma rico en Plaquetas (PRP), o con eso que hacía trepar aceitado a Max Berliner con 99 años, o con el mix de cúrcuma y jengibre. Que lo haga todo -piensa más de medio país-, pero que Lionel Messi no se retire.

Buena parte banca que juegue el Mundial 2030 con artritis, renguera, fatiga o que casi no se mueva, pero que entre a la cancha. Que se apoye en muletas, que se pare de frente al arco solo para rematar una asistencia con tal de que no deje el vacío. Puro egoísmo y negación. No queremos organizar el partido despedida de Messi. No queremos pensar en el día en que se abrace, llore y diga desde una tarima lo contrario a “yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha”.

En la era del prohibido envejecer, envejecemos a la par de él. Messi como sistema métrico del tiempo, como registro de velas sopladas: qué tan chicos éramos seis mundiales atrás, cómo luciremos (y si nos extinguiremos) en cuatro años. Fueron 20 años de mundiales con Lionel en los que hacemos recuento de daños, de felicidades, de pérdidas personales. La referencia Messi para contar nuestros días: la vida antes de Messi, con los que no se habían muerto; la vida después de él, quiénes quedarán para ver qué.

Todo empezó con un vacío, una carencia: la falta de somatotropina. A Messi le faltaba eso en el cuerpo y la medicina accionó para compensar esa deficiencia. Si Leo pudo con eso, con las inyecciones aplicadas por sí mismo y con el escalofrío de insertarse la aguja en la carne todos los días, cómo no va a poder lidiar con cuatro años más, con los huesos un poco más entumecidos.

Quién pudiera congelar a La Pulga ahora, preservarlo así en esa madurez bien entendida, con la sonrisa del que cumplió la misión pero siente que no todo está cumplido. Qué invento infernal podría detener este segundo en que alcanza el punto máximo del florecimiento, pero a la vez derrocha futuro.

El sueño de guardarlo a Messi en una cajita protectora, con un nylon especial, ahora que pierde velocidad y gana en pausa... Guardarlo como esas reliquias que se preservan con celofán, como se resguardan las obras de arte, como se cuida una orquídea, con la luz y el agua exactos. Y quién dice que el rey de la ley quebrantada vuelva a sublevarse a su modo y flote como pueda por los estadios del Mundial tricontinente (seis sedes entre España, Marruecos, Portugal, Argentina, Uruguay, Paraguay).

Es cierto, Lionel Andrés Messi no es una pila alcalina triple A a la que pueda pedírsele extra larga duración. Pero ojalá que dure mucho más.

Marina Zucchi

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