Bullrich en su hora decisiva: cuidar o enterrar al ministro coordinador
“Muchos éxitos en esta nueva responsabilidad, Adrian Ravier. Un gran paso para destrabar la comunicación del Gobierno y mostrar con claridad el esfuerzo de todos los argentinos y los resultados de todos los días”, escribió Patricia Bullrich este viernes, apenas supo que el diputado libertario de La Pampa es el nuevo encargado de comunicar la gestión de Javier Milei. La jefa de la bancada de LLA en el Senado escribió una palabra que también ha dicho en privado y ha sido materia de las especulaciones que retumbaron la semana pasada en el Congreso y en la Casa Rosada. La exministra de Seguridad no sólo ha repetido que Manuel Adorni ya tendría que haberse ido, sino que la decisión de mantenerlo no sólo aumenta el desgaste, sino que complicó la comunicación del Gobierno hace 100 días. Por eso dijo que la llegada del economista pampeano ayudará a “destrabar la comunicación”, pero dentro del Gobierno algunos leen sus declaraciones como una forma de transitar esta semana que comienza, donde gran parte de la atención estará desdoblada entre la capacidad de Ravier para relanzar la agenda (ver pag 3) y la cuenta regresiva en el Congreso con dos frentes abiertos que apuntan directamente al jefe de Gabinete y su continuidad. El martes la oposición convocó a una sesión en la Cámara de Diputados para tratar los proyectos de interpeleación y las mociones de censura presentadas contra Adorni. Las iniciativas no tienen dictamen y para ser tratadas deben contar con dos tercios de los presentes. Hasta ahora el conglomerado compartido entre peronistas, lilitos, Provincias Unidas y partidos de izquierda vienen de un intento fallido para forzar una sesión y corren el riesgo de que les pueda pasar lo mismo. La Casa Rosada apuesta a que se deshilache el repechaje opositor con más esperanzas que la semana pasada porque esperan que el gesto de Ravier sirva para descomprimir junto a otro mensaje deslizado, con cuidado, desde Balcarce 50. Si la Justicia lo procesa la sobrevida del jefe de Gabinete que no comunica estará echada. Cerca del presidente se resisten a reconocer que los últimos movimientos están concentados en contener la situación en el Congreso, pero las razones son más inquietantes aún. El motor de la preocupación está puesta en los movimientos de los aliados esquivos, como el PRO y la UCR, que ahora han elevado el costo de cualquier gesto que les pida el Gobierno para darle “un poco más de oxígeno” a Adorni. Con las dudas firmes del oficialismo sobre un posible fracaso en Diputados la mayor tensión está en el Senado. En ese recinto la soga es mucho más corta. Bullrich, con la anuencia de la oposición, consiguió postergar la sesión del jueves pasado para ganar tiempo. Todo quedó para el 25, donde ya estarían los votos para aprobar la interpelación de Adorni e intentar someterlo a la moción de censar que tanto aterra al Gobierno. El artículo 101 de la Constitición establece que para echarlo es necesaria la mayoría absoluta de las dos cámaras. Es decir, 37 votos en el Senado y 129 en Diputados. Con los números negros en el tablero, Bullrich ahora buscará que ese debate quede entrampado y reclamará que para llegar a ese punto es necesario que las iniciativas tengan dictamen, como en Diputados. Se viene una discusión durísima, porque el peronismo insistirá con que es un ardid para sortear una derrota segura en términos numéricos. En la Casa Rosada acompañarán la interpretación reglamentaria con nuevas ofertas para gobernadores y aliados esquivos. Esperan que un Adorni mudo no haga tanto daño. En el Congreso, especialmente el PRO aguarda que Milei lo saque antes de que decidan poner su voto para que sea el Senado el que acorte sus tiempos. Tanto es el malestar, que cada vez son menos los senadores preocupados de votar junto al kirchnerismo. Mauricio Macri cree que es el límite. Bullrich ya no piensa lo mismo. El jueves le recordarán sus desacuerdos públicos con Milei y sus zigzagueos para marcarle la cancha a Adorni y condicionarlo.