Empate técnico: un gobierno donde todos pierden
El inefable Santiago Caputo cometió un error. A la 1.21 del viernes 19, tomó su iPhone, ingresó a @slcaputo –único perfil verificado en X, de sus tantas cuentas seudónimas– y se tuiteó encima: “‘La vida es una tormenta, mi joven amigo. Un momento estarás disfrutando del sol, al siguiente serás destrozado contra las rocas. Lo que te hace un hombre es lo que haces cuando llega esa tormenta. Debes mirar a esa tormenta y gritar como lo hiciste en Roma: ¡Haz tu peor, porque yo haré lo mío! Entonces los hados te conocerán como nosotros te conocemos’. Alejandro Dumas”. El problema del Mago del Kremlin fue doble. Dumas nunca escribió esa sentencia. Y la frase surge de una producción de Hollywood sobre El conde de Montecristo, que circula en redes sociales como una cita apócrifa. Fake.
Que el asesor estrella de la batalla cultural del Gobierno, el gurú experto en comunicación, postee sin verificar un extracto falso, atribuido a un famoso escritor, es un antecedente que guarda, al menos, cierta ironía. En medio de la era de la polarización y las noticias falsas, queda demostrado que no importa la verdad, sino lo que la política diga sobre la verdad. ¿Por qué reparar en el desliz de Caputo? Porque Caputo intentó instalar esta semana que la designación del nuevo vocero presidencial debía ser leída como un triunfo de su autoría, cuando lo cierto es que en el oficialismo nadie tiene algo para celebrar. La salida de Manuel Adorni y el ingreso de Adrián Ravier representa un empate técnico: no hay ganadores. Más claro: solo hay perdedores.
Quizá Caputo estaba embriagado de alegría en la madrugada del viernes cuando cometió el tropezón. A esa hora, Caputo ya sabía lo que los argentinos iban a conocer 14 horas más tarde. El nombramiento de Ravier como nuevo responsable de la comunicación oficial llegó para resolver el problema que Javier Milei no podía seguir ignorando: Adorni. En ese contexto, Caputo instaló entre sus periodistas militantes la idea de que el nuevo vocero le pertenecía. Pero la verdad es, siempre, mucho más compleja: como por arte de magia, Adorni dejaba de ser vocero para seguir siendo jefe de Gabinete. Nada por aquí, nada por allá.
La hábil prestidigitadora, otra vez, fue Karina. La Hermanísima aceptó ceder a cambio de que todo el Gabinete se apreste a defender a su protegido. Basta de disidencias. Si hasta hace pocas horas, la suerte del hombre del pendrive milagroso estaba echada, ahora el escenario es distinto. Al menos, hasta el 2 de julio, cuando deberá comparecer ante el Congreso. El movimiento de piezas sirvió, hay que reconocerlo, para calmar las tensiones internas. No solo Santiago Caputo festejó; también lo hizo Patricia Bullrich.
La senadora fue clave para evitar que el jueves 18 avanzara la interpelación contra Adorni en el Senado. “Es positivo. Es una muy buena noticia. Te felicito: es una gran decisión”, respondió Bullrich cuando la llamaron desde Olivos para anunciarle la novedad de Ravier. “Es simpático, es amable y no cancherea”, completó. No hacía falta aclarar quién no es ni simpático ni amable y, para colmo, cancherea. Bullrich se entusiasmó, además, por un dato adicional: en reemplazo de Ravier, asumió en Diputados el pampeano Martín Matzkin, que responde a la exministra de Seguridad. En pocas horas, la pirueta de Bullrich quedó expuesta: pasó de exigir la renuncia de Adorni a aceptar que continúe. Espejos de colores que cotizan en alza.
Adorni fue convocado a Olivos para anoticiarse de su nuevo rol el viernes 19 a las 10 de la mañana. “Vos no te vas. Ojo, vos seguís. Porque yo lo decido. No voy a ceder a los golpistas del Congreso ni a los periodistas que extorsionan. Son todos la misma basura”, disparó Milei. Al finalizar la reunión, que se prolongó por seis horas y en la que Adorni casi no emitió palabra, el exvocero mudo oficializó la designación de su propio reemplazo en sus redes. Los enemigos de Adorni señalaron con inocultable malicia que el célebre “Fin” con el que siempre cierra sus posteos, esta vez, debía ser leído con una mayor cuota de sarcasmo. El cinismo como política de Estado.
Casi de inmediato, la lectura que prevaleció fue que Ravier es un hombre de Santiago Caputo: fue director académico de la Fundación Faro, think tank libertario comandado por Francisco Caputo, hermano del asesor presidencial. Pero cuando la lupa se posa, se observa un cuadro diferente: Ravier tiene excelente relación con Lule Menem, con quien trabajó en la campaña, y es titular de La Libertad Avanza en La Pampa, por lo que responde a la estructura de Karina. Es, además, uno de los pocos cuadros que tienen acceso directo a Milei.
Con Adorni presente, Milei habló en el acto por el Día de la Bandera: "Belgrano fue el primer intelectual liberal"
Es cierto que hace unos años el Presidente lo calificó de “imbécil total” en un envenenado tuit en el que agregó: “Es un chanta que habla de Keynes sin leerlo y un pésimo economista que se la pasó pifiando. Al margen de pasarse de oficialista de Macri”. Más tarde, el propio Ravier le entregó a Milei un honoris causa de la Universidad Eseade y, ya se sabe, a Milei los premios lo pueden. Ahora son amigos. En la Casa Rosada destacan que Ravier es “un liberal puro y conocedor de la Escuela Austríaca” y que es coautor con Milei del libro (¿plagiado?) La batalla por la macroeconomía: El debate entre Keynes, Friedman, Lucas y Hayek, que será presentado este martes 23 en la Fundación Faro por los autores, junto a David Friedman (hijo del mítico Milton Friedman), Alberto Benegas Lynch (h), Agustín Laje y Martín Krause. Escenas de anarcocapitalismo explícito.
En la intimidad del poder anticipan que “el Congreso no va a remover a Adorni porque es mucho desgaste para la oposición”. Pero los opositores (¿hay que sumar al PRO?) advierten lo contrario: avisan que ya cuentan con los votos necesarios para expulsar al multipropietario. Cualquier cosa puede suceder en la política argentina, que es muy compleja. Casi tanto como una novela de Dumas. “Un hombre puede ser amable en su vida privada, honrado en sus relaciones comerciales, y ser, sin embargo, un gran culpable en política”. Eso sí se puede leer en El conde de Montecristo, donde el gran autor francés describe con aguda precisión lo que ocurre cuando el poder y la mentira se combinan. Justamente, lo que acaba de suceder por estas horas en la Argentina.