El periodismo no tuvo nada que ver con la fake de Peña
Parafraseando a Gabriel García Márquez fue una “crónica de una (falsa) muerte anunciada” porque todo estaba dado para el tortazo. Y se lo dieron nomás.
La fake news sobre el mentiroso deceso del padre de Lionel Messi, difundido por Florencia Peña en el streaming Luzu TV, no tiene nada que ver con el periodismo, por mucho esfuerzo que haya hecho Javier Milei en mezclar todo en el posteo que dedicó al tema. El Presidente achaca a los medios de comunicación tradicionales lo que sucedió fuera de sus fronteras.
Los streamings nacieron en la periferia de la industria de la comunicación, aunque ahora haya medios que sí los tengan con periodistas que trabajan en ellos.
No es el caso del programa que conducía Peña cuyos productores amateurs usaron como fuente principal la red social X (ex Twitter), que en forma recurrente y obsesiva da por muerta a gente que está viva. Si hubiese que creerle a X, Mirtha Legrand ya habría abandonado este mundo hace muchos años.
Milei aplaude que Nico Occhiato, el referente máximo de Luzu TV, haya echado a los responsables del derrape informativo, pero se lamenta de que los medios industriales no hagan lo mismo con los periodistas que él no puede ni ver (que no son, precisamente, los que se equivocan sino los que llevan adelante investigaciones precisas que denuncian irregularidades de su gobierno).
Cada oficio exige determinadas habilidades: subir a un escenario y cantar, bailar o hace reír no es para cualquiera. Contar con ese don, que sí tiene Peña en dosis superlativas, no significa que automáticamente sea idónea para transmitir noticias de delicado calibre. No cuenta con ese don ni tampoco demuestra interés en prepararse para afrontar esa exigencia. Hasta alardeó de estar desconectada de todo mientras conducía su programa.
Si se concentrara en su fuerte –entretener festivamente– no habría mayores objeciones. Pero si se mete con temas tan delicados y sensibles, esa desconexión resulta imprudente y explica la razón del horrible tropiezo que tuvo.
Más grave aún es la asombrosa falta de empatía con que comunicó la novedad. Aunque el fallido no fue intencional, el sustrato ideológico de Peña, hizo su trabajo desde su subconsciente: si en vez de Messi, la noticia giraba en torno de Diego Armando Maradona, seguramente se habría mostrado más compungida y cautelosa en una situación similar. En una emisión anterior Florencia destacó al gran goleador del seleccionado francés, Kylian Mbappé, por ser “un tipo de izquierda” y por ser “uno de los pocos futbolistas de elite que se la jugó”. Teléfono para Lionel.
¿Los periodistas no nos equivocamos? Todos tenemos algún muerto en el placard: en 2010 confundí al tío con el padre de mi amiga Lana Moltalbán. Había muerto Adelino Narosky, no José Narosky, el célebre autor de aforismos al que le alargué la vida: acaba de cumplir lúcidos cien años. Fue en un tuit que borré y rectifiqué la información al toque, pero ya era tarde porque se armó un petit escándalo y se viralizó, aunque la difusión era más acotada y la relevancia de los protagonistas de ese blooper, también.
Hago esta necesaria aclaración porque nobleza obliga y, además, porque se escuchó en estas horas a algún periodista notable, con más de un muerto/vivo en el placard, rasgarse las vestiduras sin hacer el más mínimo mea culpa personal. Y aunque lo sucedido haya sido provocado por personas ajenas al periodismo, la ocasión es propicia para revisar nuestros protocolos y procurar achicar los márgenes de error.
No alcanzaría todo el espacio de esta columna para dar cuenta de la cantidad de muertos/vivos que han tapizado este y otros medios. Vayan unos pocos ejemplos al respecto: la muerte falsa de Alberto Olmedo anunciada en su propio programa, en 1976 (murió doce años después cuando cayó de un piso once en Mar del Plata); la broma macabra radial de Mario Pergolini, en 1992, al dar por muerto a Phil Collins, que hoy tiene 75 años. También lo que ocurrió en 2012 cuando varios se precipitaron a informar el fallecimiento de Juan Alberto Badía cuatro horas antes de que se produjera.
Estos y otros antecedentes no exculpan la manera desaprensiva y liviana con la que Florencia Peña anunció la fake news sobre Jorge Messi.
La actriz y animadora no tomó debida nota de la dimensión colosal (y hasta planetaria) de su noticia trucha. No hace falta explicar el porqué de la relevancia extraordinaria de Messi en este momento tan particular: está en pleno desarrollo el Mundial en el que, por si no fuese suficiente, anota cuatro goles (el primero anulado) en el partido contra Argelia, lo que multiplica las conversaciones sobre él y abre serias esperanzas de que el equipo campeón del mundo se traiga de vuelta a casa la máxima copa de la FIFA.
Un conductor de programas de radio o televisión debe sumar las mismas habilidades de Messi y Dibu Martínez juntos. Las del primero, para hacer goles; las del segundo, para atajar las múltiples acechanzas, que hay que saber capear, durante un programa en vivo. Ya lo dice el dicho: “Si te metés en el baile, hay que saber bailar”. A Occhiato también le cabe bajar la soberbia, ponerse las pilas y armar equipos más eficientes si pretende abordar la actualidad.
El show del verano, que Peña coconducía con Marley, ahora cubriendo el Mundial, llegó a su fin. Era hora: hoy empezó el invierno.
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