El agro, los autos y Vaca Muerta empujan el récord, pero la industria no convalida
Quizá no alcance para confirmar la arriesgada premisa de Luis “Toto” Caputo sobre que “la economía se llevará puesta a la política”. Pero probablemente sea el dato económico más positivo desde que Javier Milei llegó a la Casa Rosada y el ministro de Economía al Palacio de Hacienda.
El récord de superávit de la Balanza Comercial de mayo de 2026 y el acumulado del año muestran un músculo creciente en el capítulo que más necesita la Argentina: generar dólares genuinos. Exportar más de lo que se importa es la fuente de divisas más saludable a la que puede aspirar el país. Son dólares que no dependen de altas tasas de interés, endeudamiento externo o acuerdos con organismos internacionales.
Si la Argentina pudiera sostener durante décadas superávits comerciales, fiscales y financieros, en pocos años podría negociar su deuda externa desde una posición de mayor fortaleza y recuperar la posibilidad de aplicar políticas activas de desarrollo. Los primeros cinco meses de 2026 abren, en ese sentido, una ventana de optimismo.
Los datos difundidos por el Indec muestran que en mayo se alcanzó un superávit comercial récord de unos U$S 3.504 millones, superando la marca anterior de abril, de U$S 2.711 millones. El acumulado del año llega a unos U$S 11.782 millones: U$S 2.189 millones en enero, U$S 797 millones en febrero, U$S 2.581 millones en marzo y los registros de abril y mayo.
Con esta tendencia, Argentina podría superar este año los U$S 20.000 millones de saldo positivo e incluso acercarse a los U$S 24.000 millones. A mediano plazo, con Vaca Muerta y la minería como motores adicionales, podría alcanzar los U$S 30.000 millones anuales. Un escenario que permitiría reducir de manera estructural la restricción externa que históricamente condicionó a la economía argentina.
Claro que existe un riesgo conocido: la dirigencia política argentina tiene una larga historia de desperdiciar oportunidades.
La clave del resultado está en las exportaciones. Entre enero y abril sumaron U$S 30.820 millones, con un crecimiento interanual del 21,5%. En mayo alcanzaron U$S 9.540 millones, uno de los valores mensuales más altos registrados, con una suba cercana al 17%.
El detalle sectorial muestra datos relevantes. Las manufacturas de origen agropecuario –aceite de soja, carne procesada, harinas– exportaron en mayo unos U$S 2.889 millones, con una participación del 30,3% del total y un crecimiento interanual del 14,1%. Las manufacturas de origen industrial –vehículos y otros productos elaborados– alcanzaron U$S 2.709 millones, con una suba del 43,3%. Los productos primarios sumaron U$S 2.280 millones, con un incremento del 25%.
El dato importante es que los dos primeros rubros contienen valor agregado: trabajo argentino, transformación industrial y conocimiento. Justamente los sectores donde la presión impositiva sigue siendo elevada.
El cuarto gran capítulo es combustibles y energía. Allí aparece Vaca Muerta, con exportaciones por U$S 1.659 millones en mayo y un crecimiento interanual del 85,9%. La expectativa es que hacia fines de 2027 pueda aportar cerca de U$S 3.000 millones mensuales, acercándose al peso del complejo agroindustrial. La minería, todavía con una participación menor, podría convertirse en otro gran proveedor de dólares en los próximos años.
La contrapartida del récord comercial está en las importaciones, que lejos de crecer caen en sectores vinculados a la producción. En mayo totalizaron U$S 6.033 millones, con una baja interanual del 7%.
Los bienes intermedios retrocedieron 8,6%; los bienes de capital, 6,8%; y las piezas y accesorios para bienes de capital, 17,2%. Son justamente los rubros que reflejan inversión, modernización industrial y mantenimiento de la capacidad productiva instalada.
La caída muestra que buena parte de la industria argentina todavía no está importando máquinas, insumos ni herramientas para ampliar su producción. Para que la economía real se fortalezca, quizá no sería negativo un superávit comercial algo menor, pero acompañado por una recuperación de estas importaciones productivas.
También cayó otro rubro sensible: los bienes de consumo. Las compras externas destinadas a supermercados, plataformas digitales, locales textiles, jugueterías y otros comercios bajaron 2,3% interanual en mayo. Un dato que coincide con el deterioro del consumo reflejado por el propio Indec en supermercados, mayoristas y centros comerciales.
En síntesis, el récord de la balanza comercial es probablemente el mejor dato económico que puede exhibir la gestión Milei-Caputo, acompañado por la política desreguladora de Federico Sturzenegger.
El modelo genera ganadores claros: el campo, la industria automotriz, Vaca Muerta y, próximamente, la minería. Al mismo tiempo, muestra dificultades para la industria argentina que necesita importar bienes de capital e insumos para crecer.
La economía empieza a generar dólares. El desafío será que esos dólares también sirvan para que produzcan más sectores de la economía local.