Adorni mantiene al Gobierno de rehén
A primera vista, cruzar los nombres de Cristina Fernández y Manuel Adorni parece un ejercicio de asimetría presente e histórica. Sin embargo, haciendo la salvedad sobre la enorme diferencia de representación social y los delitos cometidos por cada uno de ellos, podría recogerse un punto de contacto. La ilegalidad como método institucionalizado cuando se llega al poder.
La ex presidenta y el jefe de Gabinete estarían produciendo en la coyuntura otro fenómeno simultáneo. El de haberse convertido en captores simbólicos de sus propias fuerzas políticas. Parecen haberlas tomado de rehén. Persiste una enorme desorientación en el peronismo para abordar el próximo año electoral. La prisión de la dama es determinante en tal situación. El gobierno de Javier Milei se desenvuelve bajo estado de perplejidad por la sobrevida de Adorni, investigado por enriquecimiento ilícito, cuyo escándalo se potencia cada vez que el ex portavoz ensaya alguna aclaración pública acerca de su situación patrimonial.
Tal realidad indujo al líder libertario finalmente a correrlo de la comunicación oficial. También está vacío de autoridad como jefe de Gabinete. Pero sigue. En la vocería fue designado el diputado y economista Adrián Ravier, coautor de un libro junto a Milei. Un liberal de origen clásico devenido en libertario.
Detrás del movimiento se observan varias cosas. La intención de romper en algún punto la parálisis oficial. Además, tratar de que el centro de gravedad del debate público sea con exclusividad la economía. “Comunicar los logros”, se ilusiona el vocero. Queda como enigma la conducta que podrá mostrar cuando algún periodista le pregunte sobre Adorni.
El arribo del nuevo portavoz establecería alguna equidistancia en la lucha que nunca cesa entre Karina, la secretaria general, y Santiago Caputo, el encargado de la estrategia de comunicación. Ravier aflora como hombre de Milei, aunque hasta ahí. El economista ha sido cercano a la Fundación Faro, bajo la órbita de Caputo juniors, que acaba de recibir una intimación de la Inspección General de Justicia por rarezas en sus números internos. Habría otro guiño de proximidad entre ambos: el asesor le deseó en un tuit que “las Fuerzas del Cielo te acompañen”.
La manera en que el Presidente sostiene a Adorni abre interrogantes sobre el ejercicio de su autoridad. El contenido de dicho concepto. La ligaría exclusivamente a la lealtad y la obediencia. Que le permite sobrellevar al ex portavoz la fábula que viene contando desde que salió a la luz el contraste entre su vida anterior en la actividad privada y la que comenzó a disfrutar ni bien se vinculó a los hermanos del poder.
Aquella forma de entender la conducción y el liderazgo no constituye una novedad en la Argentina. Forma parte de la matriz de una cultura política que supo tallar el peronismo y que el kirchnerismo se encargó de extremar. Los hombres del Gobierno perjuran que Milei escucha otras opiniones. También lo hacía Néstor Kirchner. Bastante menos Cristina. El punto de quiebre resultaría otro: que aquellas miradas divergentes no terminen por despertar un hálito de desconfianza. En su universo mental esa forma de disidencia no significa una alternativa sino una traición.
La explicación encuentra asidero en varios episodios precedentes. Tal vez el más importante haya sido, precisamente, cuando Milei decidió reemplazar a Guillermo Francos por Adorni. El ex funcionario, un hombre con recorrido en la política desde mediados de los 80, no vacilaba en señalar sus puntos discordantes frente a determinadas circunstancias. El líder libertario la valoraba con un reparo: que nunca fueran expuestas en los medios de comunicación que considera enemigos. Este aspecto puede explicar, en parte, el blindaje del actual jefe de Gabinete. Nunca tuvo una palabra distinta a la presidencial.
La permanencia de Adorni dispara una cantidad de conjeturas. Desde su supuesta complicidad con los secretos de los hermanos del poder hasta la participación en alguna ganancia conjunta. Todavía incomprobable. Existe constancia, en cambio, de un hilo argumental presidencial invariable pese a la escalada del escándalo. La responsabilidad (o la culpa) sería del periodismo que amplifica todos los hechos. Lo escuchó hace apenas horas un interlocutor de innegable jerarquía.
Aquel presupuesto no se circunscribe sólo al caso Adorni. Milei supone de verdad que no existe un reconocimiento al éxito que, de acuerdo con su mirada, registra el rumbo económico. Descree de las dos velocidades que muestran los sectores productivos. Con la energía, la minería y el agro haciendo punta. También de las tesis de Carlos Melconian o Ricardo Arriazu sobre los peligros de que la destrucción vaya más rápido que la construcción.
La administración porfiada del escándalo Adorni termina por delinear un ecosistema libertario de silencios compartidos. Ni un diputado ni un senador oficialista salieron en defensa del jefe de Gabinete. Lo mismo ocurrió con el equipo de ministros. Las Fuerzas del Cielo que responden al asesor Caputo fingen demencia. Se trata de un conjunto de intérpretes de un libreto único.
La excepción es Patricia Bullrich que se encargó de desnudar las anomalías de Adorni, pero desarrolló en el Senado una estrategia que le permitirá al Gobierno ganar un poco de tiempo. La pregunta sería “¿para qué?”. No hay nada que permita inferir que el Presidente esté dispuesto a zanjar el problema con un golpe de timón. La próxima semana se verá si funciona la moción de censura impulsada por el kirchnerismo. O la interpelación. La oposición también le simplificó la tarea a la jefa del bloque libertario. Se balancea en una duda: apremiar a Milei desde la Cámara alta o dejar que el escándalo continúe desangrando al Gobierno.
El laberinto político en torno al jefe de Gabinete que ya muestra rasgos patológicos podría despejarse, a lo mejor, a medida que avanza la investigación judicial en la causa por enriquecimiento ilícito. Sucedió algo que se veía venir. El primer hilo se cortó por el punto más delgado. El fiscal Guillermo Marijuan pidió la declaración indagatoria del hermano de Adorni, Francisco, en una causa que lleva el juez Daniel Rafecas y tiene tres razones: enriquecimiento ilícito, falsedad u omisión en las declaraciones juradas y rectificaciones sucesivas. El funcionario apuntado es legislador provincial bonaerense.
El jefe de Gabinete llevó adelante una práctica similar con una diferencia. Recurrió a una presunta inversión en bitcoins para explicar la tenencia de medio millón de dólares que le permitiría justificar, en parte, los gastos descubiertos desde que se montó en el poder. Pero Marijuan y Gerardo Pollicita, el fiscal que investiga al jefe de Gabinete, habrían encontrado un puente entre los papeles de los hermanos. La herencia del padre de ambos que Francisco blanqueó con la incorporación de $ 21 millones. La supuesta caja de zapatos que Manuel adujo haber encontrado en el departamento paterno que poseía deudas e hipotecas.
Si el tranco judicial perdiera ritmo la Casa Rosada se vería sometida a una presión interna y externa que en algún momento debería encontrar una válvula de escape. Por ahora la distracción a la cual enfocan los hermanos Milei exhibe dos vidrieras: las posibles nuevas alegrías del Mundial de Fútbol; la salida kirchnerista de la retaguardia que comenzó a producirse con la marcha a San José 1111 donde Cristina cumple su prisión. La puja interna sobre si esa realidad debe estar en el principal tópico de la narrativa de campaña.
Las diferencias en aquel universo quedaron expuestas en las últimas semanas. La Cámpora, con la batuta de Máximo Kirchner, realizó una serie de movilizaciones bajo el lema de “Cristina libre” que, en general, contó con una casi nula participación del Movimiento del Futuro (MDF) que lidera el gobernador Axel Kicillof. Esa conducta disparó la indignación de la intendenta camporista de Quilmes, Mayra Mendoza. “Axel me inspira desconfianza”, martilló el miércoles.
La estrategia de declarar presuntamente proscripta a Cristina por su prisión no forma parte de ninguna imaginación superior del kirchnerismo. Una escenificación similar está ocurriendo en Brasil con Jair Bolsonaro. Su hijo Flavio es candidato para las elecciones de octubre y reclama en campaña la liberación de su padre. Roberto Sanchez en Perú, vencido finalmente por Keiko Fujimori, utilizó la misma herramienta pidiendo la libertad del ex presidente de izquierda preso, Pedro Castillo.
El Presidente ausculta cuánto de esos movimientos kirchneristas podrán perdurar y reconfigurarse en fantasmas que enmascaren las dificultades de su gobierno. Por esa razón, ni bien puede, se encarga de poblar el debate con asuntos que logran direccionar la atención. Posteó una advertencia que rezó “Si te metés con Messi, te metés con todos”, en referencia a la falsa noticia sobre la muerte de su padre divulgada en un streaming.
De nuevo Milei cargó indiscriminadamente contra los medios de comunicación excediendo aquella información inexacta sobre el futbolista. No se atrevió a decir nada de modo directo del caso Adorni. Pero descalificó al periodismo que, de acuerdo con su criterio, acostumbra a actuar con impunidad. Fue verbalmente violento, como siempre, aunque menos guarango que Toto Caputo.
Su irrupción ayudó a levantar una polvareda detrás de la cual pululó de todo. La pertenencia kirchnerista de Florencia Peña, que comunicó la noticia falsa, la supuesta intención de perjudicar a la Selección y otros disparates. La interpelación sería descubrir si el ejercicio del periodismo ha encontrado una extensión en Twitter o en el barullo del streaming. Confundir la velocidad de un tuit o la complicidad informal de una transmisión por plataformas con la tarea de informar podría constituir un error de diagnóstico severo.
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