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clarin.com · hace 20 horas · Clarin.com - Home

Milei resiste y Adorni no se va, todavía; todos miran a Macri; Kicillof y la inmersión peronista

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Está visto que Javier Milei no echará a Manuel Adorni. Las razones por las que el Presidente prefiere cargar sobre sus espaldas este enorme peso -un muerto político, sospechado de corrupción y de haber mentido reiteradamente a la opinión pública, a su propio gobierno y al Congreso- no tienen una única respuesta. Las hipótesis varían entre cuestiones de poder y otras, de mucho peso, que determinan la inconveniencia de dejar a Adorni a la intemperie.

El Presidente está convencido de que hay una conspiración político-empresaria atizando el escándalo para aprovecharse del debilitamiento del gobierno. Una forma de exculpar a Adorni y victimizarse.

Para Milei, el desgaste indudable que este caso ha producido sobre el capital simbólico de los libertarios ya se ha pagado. Y es preferible sufrirlo que soltarle la mano a un funcionario que no ha demostrado ser útil para los asuntos políticos. Aunque puede haber sido hábil, en cambio, para otros que todavía permanecen en la media sombra.

El Congreso está pidiendo la palabra para forzar una decisión, pero habrá que ver si tiene combustible para llegar al final del camino. La interpelación que se está planteando requiere mayorías especiales al igual que para el voto de censura -mitad más uno de cada una de las Cámaras- tal como lo establece la Constitución. El oficialismo intenta seguir ganando tiempo ante lo inevitable, al constatar que sus aliados se han plegado, en una buena parte, a votar la interpelación. Es el primer escalón, importante, pero el segundo es aún más alto y requiere una decisión que tiene que ver con el futuro electoral por venir.

El embate tiene, paradójicamente, un apoyo tácito de varios miembros del Gobierno, empantanado en el escándalo. Creen que el forcejeo por sostener a Adorni es inversamente proporcional a los resultados económicos que está obteniendo.

Aferrados a esos números, simulando una solidaridad cada vez más light con el jefe de Gabinete, aplaudirían como focas si el Congreso termina con la agonía.

Javier Milei y Manuel Adorni en el acto del Día de la Bandera. Foto Emmanuel Fernández

Aún en el caso de que se alcanzara el número mágico para avanzar en la moción de censura - algo que está todavía por verse- existe el temor entre los propios aliados que Milei pretenda sostener al funcionario decapitado, renombrándolo en un abierto desafío a los legisladores. Especulaciones febriles que se adelantan a los hechos.

La amputación de las funciones de Adorni, adjudicándole la vocería a un ex enemigo de Milei reconvertido en oficialista acérrimo, corrobora que el Gobierno intenta mostrar normalidad y, a la vez, confina al jefe de Gabinete a una actividad burocrática. Carece de poder propio y depende de la voluntad de Karina y Javier Milei, quienes lo protegen y le buscan un destino cuando amaine la tormenta.

Sin recordar a funcionarios menores, Milei decapitó a dos jefes de Gabinete (Posse y Francos, quien sigue pensando en ser candidato a gobernador bonaerense) y dos cancilleres (Mondino y Werthein) sin que le temblara el pulso. Sin embargo, a Adorni, decidió arroparlo. Esa disparidad de conducta es sugestiva.

Mauricio Macri, a la vez, ha decidido despojar su lenguaje de eufemismos y pedir de una vez que Adorni se vaya, ante la desesperación de Ritondo que tiene que responder con acciones a su presunto jefe partidario y, a la vez, armonizar con su oficialismo a la carta. El macrismo quiere un compromiso libertario para que respeten su derecho a mantener la Ciudad y, a la vez, ponerse en estado ante la incansable Patricia Bullrich.

Es que la senadora fue la más rápida del Oeste para meter el dedo en la llaga de Adorni: cumplió setenta años y su sueño presidencial la urge. No le interesa competir por la Ciudad y una candidatura a vicepresidente puede haber sido ya vetada por Karina, según comentarios no confirmados de fuentes informadas. Hasta ahora, la senadora se diferencia pero no rompe.

¿Se animaría Macri a construir una candidatura nacional -Torres, Pullaro y hasta Cornejo, se mencionan- para desafiar a Milei?

Mauricio Macri, con Maximiliano Pullaro. Foto Juano Tesone

La fragmentación política, un fenómeno extendido en el mundo, puede ser una realidad aquí si prospera la intención de terminar con las PASO, para lo que se necesita un acuerdo amplio para dejarlas sin efecto.

Si ocurriera lo que Milei auspicia, es decir que no existieran las PASO, se podría repetir el escenario de 2003, con muchos aspirantes a la Casa Rosada. Es improbable, sin embargo, porque los gobernadores necesitan de un eje ordenador y es poco probable que apoyen esa iniciativa. Quizá prospere una variante de internas no obligatorias.

Kicillof necesita las PASO imperiosamente. Impuesto prematuramente como candidato, el gobernador bonaerense precisa legitimarse en el peronismo. Esto significa que debiera vencer en las urnas a un postulante que tenga la venia de Cristina.

El gobernador tiene que hacer una metamorfosis difícil. Llegó a la vida política en el apogeo del cristinismo y ahora, para convertirse en candidato, debe vencer al espacio de la ex presidente en las urnas. Ese traumático paso -la relación entre ambos es muy tensa- debiera completarse con un giro importante en sus tradicionales posiciones, es decir convertirse en un peronista cabal. Quienes lo frecuentan saben que está explorando salir de su espacio de confort ideológico: la exploración de un candidato a vicepresidente que venga de otro universo está en marcha. La excursión a Córdoba del gobernador hizo pensar en que a Martín Llaryora le interesaría subirse a ese binomio.

Este tránsito tiene un problema no menor para Kicillof y es que su apoyo electoral eventual está solapado con el kirchnerismo. Romper con Cristina, o que Cristina rompa con él, podría ser muy costoso para el gobernador.

Ricardo Kirschbaum

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