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infobae.com · hace 11 horas · Isabel Márquez

Hasta que cada persona esté a salvo

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Cada 20 de junio, el Día Mundial del Refugiado nos convoca a mirar de frente una de las realidades más urgentes de nuestro tiempo: millones de personas en todo el mundo han sido forzadas a huir de sus hogares para salvar sus vidas. Pero esta fecha no es solo un momento de conmemoración. Es, sobre todo, un llamado a la acción colectiva y sostenida.

Hace 75 años, tras las devastadoras consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, la comunidad internacional hizo una promesa: que toda persona obligada a huir de la guerra, los conflictos o la persecución tendría el derecho a buscar protección y reconstruir su vida en un entorno seguro y con dignidad. Ese compromiso, consagrado en la Convención de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados, sigue siendo hoy más relevante que nunca. Fue pensado para tiempos como estos.

En un mundo cada vez más incierto, el derecho a buscar protección internacional no es una abstracción: es un seguro común frente a la adversidad extrema. Representa, para millones de personas, la diferencia entre la vida y la muerte. Es un derecho que existe para todas las personas, porque cualquiera podría llegar a necesitarlo.

Los datos más recientes del informe de Tendencias Globales de ACNUR confirman la magnitud de este desafío. Aunque por primera vez en una década se registró una leve disminución, más de 117 millones de personas continúan desplazadas por la fuerza en el mundo. Las cifras continúan en niveles históricamente altos y reflejan una realidad persistente: los conflictos no cesan y las soluciones siguen siendo insuficientes.

En las Americas, esta realidad se expresa con particular intensidad. La región concentra actualmente 23 millones de personas desplazadas por la fuerza, en un contexto de dinámicas cada vez más complejas que incluyen movimientos transfronterizos, y desplazamiento interno, mientras que también se registran retornos voluntarios en distintos países.

Al mismo tiempo, es también aquí donde se evidencia el valor de la solidaridad. En América del Sur —y en particular en países como Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay— hemos sido testigos de ese compromiso. A lo largo de nuestra historia, nuestras sociedades han abierto sus puertas a quienes buscaban protección, y también han conocido el dolor del exilio. Esa memoria compartida debe impulsarnos a seguir construyendo respuestas basadas en la empatía, la cooperación y el respeto por la dignidad humana.

Es fundamental recordar que las personas refugiadas no deben definirse únicamente por lo que han perdido. Son portadoras de habilidades, conocimientos y experiencias valiosas. Cuando acceden a oportunidades reales —documentación, empleo formal, educación, salud— contribuyen activamente al desarrollo de las comunidades que las acogen, fortaleciendo economías, y promoviendo sociedades más inclusivas y resilientes.

Sin embargo, el contexto actual plantea desafíos crecientes. Mientras el desplazamiento forzado a nivel global se mantiene en niveles muy elevados, los recursos para responder a esta situación no crecen al mismo ritmo. Esta brecha pone en riesgo programas esenciales de asistencia, protección e integración, también en nuestra región. La consecuencia es clara: sin apoyo suficiente, millones de personas quedan aún más expuestas.

Actuar “hasta que cada persona esté a salvo” implica mucho más que palabras. Significa proteger el derecho de asilo, promover políticas de inclusión, apoyar a las comunidades de acogida, combatir la desinformación y apostar por soluciones que permitan a las personas reconstruir sus vidas con dignidad y autonomía.

Implica también reconocer que esta es una responsabilidad compartida. Gobiernos, organizaciones, sector privado, sociedad civil y cada persona pueden ser parte de la respuesta. Porque cada gesto cuenta, y cada acción suma.

En este Día Mundial del Refugiado, desde ACNUR reafirmamos nuestro compromiso de seguir estando donde más se nos necesita. De sostener la promesa de protección que el mundo hizo hace 75 años. Y de trabajar en Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay, para que la dignidad y las oportunidades estén al alcance de todas las personas.

Desde Argentina es posible apoyar el trabajo de ACNUR en el mundo ingresando en fundacionacnur.org

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