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perfil.com · hace 14 horas · Hugo Haime

La comunidad que la oposición no convoca

Hugo Haime

Vivimos un momento de alta incertidumbre, local e internacional. En el mundo nadie tiene certezas: Trump podría perder ambas cámaras en las elecciones y enfrentar un impeachment pero no es seguro que ello suceda, Lula puede ganar o perder aunque las encuestas parecen sonreírle, la Reserva Federal no termina de definir su política de tasas. Podría mantenerlas o subirlas, aunque Trump espera que bajen. El alto precio del petróleo, que hoy es una ventaja para la Argentina pasaría a ser un problema si perforara los sesenta dólares. Todo puede pasar en uno u otro sentido.

Lo que suceda en el exterior generalmente repercute en nuestro escenario interno. Cada una de esas variables puede fortalecer o debilitar la posición de Milei. Hoy la dinámica social nos muestra que mientras un 40% quiere la continuidad del actual modelo un 60% quiere un cambio en una mezcla de rechazo al fracaso de la política de bolsillo, las formas republicanas y la falta de sensibilidad social del gobierno. Una mayoría que todavía no encontró por donde vehiculizar su descontento. Sabe lo que no quiere más claramente que lo que quiere. Busca pero no encuentra ni el personaje ni el vehículo político para el cambio.

Es en ese clima de incertidumbre y malestar acumulado donde aparecen fenómenos como la movilización tipo misa por la muerte del Indio Solari o la movilización de Ni Una Menos, detonado por el asesinato de Agostina Vera en Córdoba. Antes tuvimos el evento “Francisco vive en el encuentro” en un acto que combinó música electrónica con referencias religiosas, al que concurrieron más de 100 mil personas.

Fenómenos que nadie anticipa, y que sin embargo expresan algo que estaba ahí, latente. Lo notable es que todo eso ocurrió en la era de las redes sociales, que en teoría deberían haber reemplazado la calle por la pantalla y el like. Sin embargo la comunidad se expresó en hechos colectivos

Miremos un poco lo sucedido con la multitud que salió a despedir al Indio Solari. La misma fue, mayoritariamente, una expresión de sectores bajo medios y bajos que durante décadas encontraron en su música una identidad colectiva: la de los que no se sienten representados por el sistema, la de los que padecen sus consecuencias sin encontrar una salida creíble. Esa identificación no es nueva ni coyuntural y no debe confundirse con el conjunto más amplio del 60% que hoy quiere un cambio. Es una parte de ese universo, pero con una historia propia, una desconfianza más profunda y una cultura de resistencia.

Son hechos, expresiones sociales que los analistas de opinión en general no solemos anticipar. Podemos conocer el malestar social, registrar la tensión acumulada, describir el clima social con bastante precisión. Lo que no podemos hacer es predecir la chispa ni la forma que va a tomar la reacción. Sabemos que hay combustible. No sabemos cuándo ni dónde se prende el fuego.

Hay algo que estas movilizaciones tienen en común: están ancladas en la muerte, el duelo o lo sagrado. El Indio, Ni Una Menos, el acto por Francisco. La pregunta que surge es dónde está la alegría colectiva. Y la respuesta, hoy por hoy, la encontramos en festejos como los que genera la Selección Argentina. A diferencia de otros momentos, hoy la alegría compartida aparece sin que la política sea protagonista.

Tal vez eso sea lo más importante que estos fenómenos nos enseñan: que en momentos de alta incertidumbre la sociedad sabe y busca algo que los analistas todavía no vemos. Ni tampoco los políticos. Es tiempos de incertidumbres. Teléfono entonces para la oposición. Las encuestas no les van a dar la respuesta a sus interrogantes.

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