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perfil.com · hace 16 horas · Daniel Guebel

¿A quién vota Cervantes?

Daniel Guebel

Es cierto que la pregunta es hipotética, la respuesta es conjetural y que, de ser posible que un genio muerto hace cuatro siglos resucitara mañana, seguramente le resultaría un tanto desconcertante que la forma de gobierno de buena parte de los países del mundo resultara algo distinta del sistema monárquico designado por la gracia de Dios. No obstante, leyendo la edición de Don Quijote publicada por la Real Academia Española (y es curioso que dos columnistas de esta página coincidamos en dictar una clase sobre esta obra durante el mismo mes, y me refiero a Silvia Hopenhayn y a mí), me encontré con un sustancioso prólogo escrito por Vargas Llosa. El extinto Nobel peruano lee bien zonas del libro, pero, con la pasión propia de los conversos, como en algún momento militó en el castrismo y luego se convirtió al ideario norteamericano del liberal de derecha dirigido a evangelizar a los países subdesarrollados, a caballo del Rocinante de su nuevo fanatismo afirma que don Quijote es un Quijote de la libertad y el progreso personal, individual, un modelo chiflado del justiciero solitario. Vargas Llosa lee la política de la España del siglo XVI desde sus convicciones del siglo XX. Escribe: “La libertad es individual y requiere un nivel mínimo de prosperidad para ser real. Porque quien es pobre y depende de la dádiva o la caridad para sobrevivir, nunca es totalmente libre.” O sea, el pobre, el humillado y el ofendido está entre la necesidad de la reparación, que se espera mágica o ingenuamente por la acción del mercado que lo resolvería todo. Pero, ¿qué pensaba verdaderamente Cervantes, o, si se quiere, su personaje? Nobleza obliga, el escritor peruano no puede menos que citar el famoso discurso sobre la edad de Oro ante los cabreros. “Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes: a nadie le era necesario para alcanzar su ordinario sustento tomar otro trabajo que alzar la mano y alcanzarle de las robustas encinas, que liberalmente les estaban convidando con su dulce y sazonado fruto…”

En conclusión, ¡podemos decir entonces que don Quijote era un comunista utópico, un retrocomunista que contemplaba los paraísos del período de las sociedades recolectoras como el ideal a perseguir! Claro que Vargas podría decir que…

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