← Volver
clarin.com · hace 6 horas · Clarin.com - Home

Día del Padre: ¡Qué papito!

Google

Confieso que siempre me sentí atraída por el mundo “padre”. Pero no cualquier padre. A mí me gustan los buenos padres: los que se ocupan, llevan a su criatura a la plaza, le juegan, le conversan, los crían, educan… Esos son los que me pueden. Un poco desprolijo lo que cuento porque es probable que estos hombres que me atraen estén comprometidos.

Pero lo que siento es como un Edipo generalizado hacia los buenos padres. Como si el Edipo no resuelto que tuve con el mío se hubiera extendido a todos los padres del universo que hacen las cosas bien.

Es cierto que el vínculo con el progenitor cambia mucho a través de los años… Puede ocurrir que cuando sos chica tu padre haya sido para vos una especie de Harrison Ford, y después de una buena terapia se haya convertido en Woody Allen con todo el quilombo que es entender qué sentir hoy por Woody Allen.

El punto es que los papis copados con su rol de criar a sus hijos, me pueden. Nada me aleja más de un hombre, que el hecho de que no se involucre en la tarea de criar a sus hijos, me parece una red flag gigante para construir algo con alguien.

También es importante aclarar que esto de ser un padre involucrado es muy de esta era. Antes no se usaba, le quiero contar a los más jóvenes. Antes el padre era un señor que estaba ahí en tu casa, dabas por hecho que te quería porque era tu padre, pero no hacía un esfuerzo denodado por demostrarlo ni por ocuparse. Un poco la dinámica era que las mamás hacían y decidían todo y el rol principal del padre era ser el macho proveedor que traía la plata a casa, y punto no hay discusión. Cada taaaanto aparecía un padre involucrado, o alguno que hacía algunas cosas domésticas como preparar la pasta del domingo y “guau”, ¡mirá cómo se ocupa! Porque algo que pasaba mucho era que como papá trabajaba un montón había que “atenderlo”. Mamá tal vez también trabajaba un montón pero la onda de “atender a mamá porque mirá pobre lo cansada que está” no se bien porqué nunca “pegó” mucho en nosotras.

Es cierto que esos roles fijos que había antes fueron cambiando con el tiempo: nosotras nos fuimos avivando de a poco lo mal repartido que estaba todo, y empezamos a hacernos preguntas simples del estilo “¿por qué el certificado médico del colegio siempre lo busco yo?”, y miles de preguntas así de tareas que son aburridisimas, llevan tiempo, pero hay que hacer igual.

Entonces empezamos a plantearle estas situaciones al otro progenitor, y cuando del otro lado hay alguien que vale la pena, la cosa empieza a repartirse mejor. Además muchos empezaron a sentir que esto de estar más involucrados y presentes también era bueno para ellos. Que toda la perorata del macho proveedor era extenuante.

Y ya que hablamos de machos, también está bueno comentar que el machote lleno de músculos y abdominales tipo tabla de lavar, no es tan hot como ellos creen para nosotras. Particularmente a mí me parece más atractivo lo que en otros países se conoce como “Dad bod”, o sea cuerpo de padre, cuerpo de alguien que no tiene tiempo de estar horas y horas en el gimnasio. Además un poco de pancita tiene que haber porque sino me estás metiendo mucha presión estética y no quiero.

A mí a esta altura de la vida, dame uno que sea buena madera, tipazo, inteligente, comprometido, y acá me freno porque el hombre perfecto no existe y bastante imperfectos somos todos como para andar queriendo que el otro tenga un 10 en todas las materias del boletín de la vida. Pero hay un ítem que no te negocio y es el de ser buen padre. Ya se los dije de entrada… Nada me resulta más irresistible que un buen papito.

Dalia Gutmann

Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín

Newsletter Clarín