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infobae.com · hace 7 horas · Marta Oyhanarte

Ciudadanía, ¿estás?

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En todos los órdenes de la vida la verdad siempre tiene sentido. La verdad y la moral pueden ser un nuevo punto de partida en política. La verdad como experiencia genuina en todas las circunstancias para acceder a una sociedad decente. El objeto de la política es el bien común, no puede ser una búsqueda de privilegios y prebendas personales envueltas en mentiras.

El poder es -a priori- inocente y es de todos. Debemos defender el carácter público del poder político y convencernos de la necesidad de enfrentar a quienes creen que ese poder se puede privatizar. La política no tiene que ser para siempre un asunto de expertos profesionales en la técnica del poder. No debemos disculpar, ni ceder, ni aceptar sus modos de juego y, por lo tanto, adaptarnos a ellos. La política desde abajo, la política del ciudadano y no del aparato, la política desde el corazón es lo que debemos aprender a construir, enfrentando a cada paso y en todas partes, atenta, premeditada y cuidadosamente los sistemas, aparatos, burocracias y lenguajes artificiales. Confiemos en la voz de nuestra conciencia más que en todas las especulaciones abstractas y no construyamos otro tipo de responsabilidad más que esa. Las humillaciones que se han ido acumulando en la percepción social nos imponen decir la verdad en voz alta para expresar nuestra convicción ciudadana, sin la cual, hasta el proyecto más apreciable, carece de esperanzas de éxito.

Los partidos políticos no deben ser una parcialidad que lucha en su beneficio, ni una composición de lugar para tomar asiento en los gobiernos, sino el mandato patriótico de nuestra solidaridad nacional y la intransigencia con que debe ser cumplido el sentimiento indeclinable de la dignidad cívica argentina.

Estamos moralmente enfermos porque nos hemos acostumbrado a decir algo diferente de lo que pensamos. Hemos aprendido a no creer en nada, a no fijarnos el uno en el otro, a ocuparse cada uno de sí mismo. Nociones como amor, amistad, solidaridad, han perdido sus dimensiones y significan una especie de peculiaridad un poco ridícula.

No debemos sentir vergüenza por ser capaces de amor, amistad, solidaridad, compasión y tolerancia sino, al contrario, debemos liberar las dimensiones básicas de nuestra humanidad y aceptarlas como los únicos puntos de salida legítimos hacia una comunidad humana sensata donde la verdad sea experiencia genuina en todas las circunstancias.

Debemos convertirnos en artesanos del cambio cultural que anhelamos y señalar la culpabilidad histórica de quienes sacrifican el futuro espiritual de la nación a los intereses de su presente en el poder. Donde hay competencia abierta por el poder, como única garantía de control público del mismo debe existir el poder social.

Todos tenemos la posibilidad de repetir una y otra vez lo que queremos, todos podemos articular en voz alta nuestros ideales y llevarlos activamente a la práctica, cada uno de nosotros puede transformar al mundo. El misterio de este imperativo estriba en la falta de credibilidad en nosotros mismos; si esperáramos el uno al otro, ninguno llegaría a la meta. No es verdad que no sea posible: el poder sobre uno mismo es lo único que tiene hasta el más indefenso de todos; es probable que el que lo haga valer no alcance nada, pero es seguro que no alcanzará nada el que no intente ni eso.

En el mundo moderno la vida pública no está radicalmente separada de la vida privada, merced a un sinfín de fenómenos de la civilización, ambas esferas están unidas por miles de lazos recíprocos. Por eso mismo, la vida privada y la vida pública son sólo dos caras, polos, o dimensiones, derecho y revés de una sola vida, indivisible en su finalidad. Todo lo que ocurre en la vida pública penetra en la vida privada e influye en ella.

Nos debe convocar la esperanza, que significa estar presto en todo momento para lo que todavía no nace. Aquellos cuya esperanza es débil pugnan por la comodidad o la violencia, mientras que aquellos cuya esperanza es fuerte ven y fomentan todos los signos de la nueva vida y están preparados para ayudar al advenimiento de lo que se halla en condiciones de nacer. No es predecir el futuro sino la visión del presente en un estado de gestación.

Asegurar el próximo Niño