El crédito en dólares a empresas superó a los préstamos en pesos por primera vez desde 2019
El financiamiento bancario a las empresas argentinas atraviesa un escenario atípico. La relación entre los préstamos otorgados en pesos y los otorgados en dólares se modificó de manera sostenida durante los últimos dos años, en un proceso que combina cambios en la demanda de crédito del sector privado con condiciones distintas de acceso al financiamiento según la moneda.
Un informe del Banco Provincia, con datos del Indec y el Banco Central de la República Argentina (BCRA), permite reconstruir esa dinámica y las razones que la explican. Según el informe, los adelantos y documentos en dólares otorgados a empresas crecieron 8% durante el año, mientras que la misma línea de crédito en pesos cayó 5% en el mismo período. La combinación de ambas tendencias llevó a que, por primera vez desde 2019, el stock de crédito en dólares a empresas supere al otorgado en pesos.
El comportamiento de las dos series, medidas en billones de pesos constantes de junio de 2026, muestra una expansión sostenida desde comienzos de 2024. Durante ese año, el crédito en pesos mantuvo una diferencia favorable respecto del otorgado en dólares. Esa brecha comenzó a reducirse a lo largo de 2025, a medida que el financiamiento en moneda extranjera aceleró su ritmo de expansión, hasta que las dos curvas se cruzaron hacia el tercer trimestre del año pasado.
Desde entonces, el crédito en dólares se mantuvo por encima del otorgado en pesos. En junio de 2026, la diferencia entre ambos —calculada como crédito en pesos menos crédito en dólares— fue de -0,4 billones de pesos, según el informe.
El Banco Provincia explicó que el financiamiento en pesos enfrenta en la actualidad dos obstáculos centrales. El primero está vinculado al deterioro de la calidad de la cartera crediticia. Según indicó la entidad, “la irregularidad aumentó las exigencias para dar financiamiento (mayor riesgo de impago), reduciendo los sujetos pasibles de crédito”.
El segundo obstáculo tiene que ver con la competencia que enfrentan los bancos a la hora de definir el destino de sus fondos. De acuerdo con la explicación difundida por la entidad en su cuenta de X, “la oferta de títulos públicos que pagan el máximo entre inflación y Tamar, tasa de interés de depósitos y por tanto costo de fondeo para los bancos, es atractiva, reduciendo la liquidez y así los fondos prestables”. El Banco Provincia resumió el efecto conjunto de ambos factores con una frase directa: “como resultado, el crédito en pesos se achica”.
En contraste con lo que ocurre en pesos, el crédito en dólares se concentra en un segmento específico de la economía. El estudio detalla que “los créditos en dólares se concentran en el segmento exportador: sector agropecuario, minería y energía”. Según explicó la entidad, el aumento de la producción registrado en los dos últimos sectores mencionados elevó sus necesidades de financiamiento, una demanda que pudo canalizarse gracias a la disponibilidad de liquidez en moneda extranjera dentro del sistema bancario.
El Banco Provincia vinculó esta dinámica con un fenómeno más amplio dentro de la economía argentina. La entidad sostuvo que “la dinámica del crédito refuerza la dinámica contrapuesta de la economía” y agregó: “la producción para el mercado interno tiene financiamiento acotado y caro en pesos, al revés de la producción para el mercado externo, que tiene financiamiento barato y abundante en dólares”.
El cambio en el financiamiento empresario se da en paralelo a una modificación de las condiciones regulatorias para acceder a préstamos en moneda extranjera. A través de la Comunicación “A” 8446, el BCRA habilitó que empresas que no exportan puedan tomar crédito en dólares si presentan como garantía el respaldo de una compañía exportadora. Hasta la entrada en vigencia de esa norma, el sistema financiero exigía que los solicitantes de crédito en dólares contaran con ingresos futuros en esa moneda y una facturación acorde durante el año previo, un requisito que excluía a la mayoría de las firmas que operan únicamente en el mercado local.
La nueva normativa estableció que el exportador que actúe como garante debe constituirse como principal pagador y renunciar a los beneficios de excusión y división, lo que habilita a los bancos a reclamarle el pago en caso de que la empresa deudora no cumpla con sus obligaciones. Las entidades financieras, de todos modos, deben evaluar la capacidad de pago tanto del deudor como del garante, y los plazos del financiamiento deben guardar relación con los ingresos en moneda extranjera de este último.
La calificadora Moody’s, consultada sobre el alcance de la medida, advirtió que “el deudor primario sin ingresos en moneda extranjera queda expuesto a un deterioro en su capacidad de repago ante movimientos adversos del tipo de cambio”. La agencia explicó que la solidez de la garantía exigida funciona como un mitigante del riesgo, aunque aclaró que, en escenarios de fuerte estrés macroeconómico, podría existir una correlación entre las dificultades del deudor y las del garante. También estimó que, tal como sucedió tras una flexibilización similar dispuesta en febrero de 2025, no anticipa un crecimiento exponencial de los préstamos a empresas que no generan divisas en el corto plazo.
El deterioro del crédito en pesos ocurre en un contexto de aumento generalizado de la morosidad entre las empresas. Un informe del Instituto Argentina Grande, elaborado con datos del Centro de Estudios para el Desarrollo Empresarial y Urbano (Cendeu) y del BCRA, mostró que la cartera irregular de las empresas trepó al 3,1% del total adeudado en marzo de 2026, frente al 0,9% registrado un año atrás.
El mismo informe señaló que la cantidad de empresas clasificadas en la categoría de mayor riesgo crediticio, denominada situación 5, alcanzó las 21.948 firmas en marzo de 2026, lo que equivale al 7,7% del total de empresas deudoras del sistema financiero y representa un incremento del 65% respecto de doce meses atrás.