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clarin.com · hace 22 horas · Clarin.com - Home

Don Segundo Sombra, un siglo atrás

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Ricardo Güiraldes escribió los diez primeros capítulos de “Don Segundo Sombra” en una de sus estadías en París, pero completó la obra en la Argentina. Apareció el 1° de junio de 1926 –un año antes de la muerte del escritor- y uno de los primeros ejemplares fue para Leopoldo Lugones, quien le brindó un gran respaldo: “La novela pertenece a la familia de Facundo y del Martín Fierro, un libro hermoso y fuerte”.

Para muchos, pasado ya un siglo, Don Segundo Sombra constituye la culminación o cierre de la literatura en temas “gauchescos”, pero otros estudios la sitúan aún más allá. En uno de los recientes homenajes, Ivonne Bordelois apuntó: “Don Segundo Sombra conserva una notable vigencia, aunque parte de la crítica no terminó de comprender algunos de sus sentidos. Es un libro que habla sobre el estoicismo, la austeridad, la no violencia y la fusión creativa de la naturaleza”.

El crítico Juan Carlos Ghiano definió al libro como “el homenaje simbólico a los reseros que estaban desapareciendo, empujados por una nueva organización del trabajo rural”.

“Don Segundo…” es el relato de Fabio Cáceres, un adolescente que se inicia en los trabajos rurales bajó la guía de un gaucho experimentado: arreos, viajes y jornadas de trabajo en la llanura, que lo conducen hacia la adultez. Juntos, atraviesan la llanura, de estancia en estancia, doman caballos, arrían tropillas, participan en rodeos, apuestan en riñas de gallo, duermen a la intemperie.

El personaje de Don Segundo Sombra está inspirado en Segundo Ramírez, un trabajado rural, oriundo de Santa Fe y descendiente de esclavos. Unos orígenes opuestos a los del propio Güiraldes, cuyo bisabuelo Manuel Guerrico fue amigo de San Martín y cuyo padre –Manuel Güiraldes- era el Intendente de Buenos Aires al momento del Centenario.

Ricardo Güiraldes recibió una educación privilegiada, con institutrices y colegio religioso. Pasó su primera infancia en Francia y luego, atravesó una vida viajera, con aproximación a las culturas orientales. Pero accedió a la vida y costumbres campestres en la estancia La Porteña, que tenían sus padres en San Antonio de Areco.

En Buenos Aires se acercó al Grupo de Florida, en el que también asomaba Borges, aunque éste no se aficionó a la literatura gauchesca. No obstante, y aún cuando le dedicó algunas ironías, destacó aspectos de la obra de Güiraldes. Por ejemplo, que éste “recordara la técnica poética de los cenáculos franceses de su tiempo, y la obra de Kipling que había leído hacía muchos años; es decir: Kipling y Mark Twain y las metáforas de los poetas franceses fueron necesarias para este libro argentino. Y que no es menos argentino, lo repito, por haber aceptado influencias”.

Bachiller egresado del ILSE, Güiraldes pasó fugazmente por las facultades de Arquitectura y Derecho, para luego iniciar su vida de viajero que lo llevaría hasta Constantinopla, Rusia, India, Japón y China. Allí –y también tras un paso por la escultura en los talleres de Alejandro Bustillo- decidió su vocación de escritor que tiene sus primeras publicaciones en 1915 con “El cencerro de cristal” y “Cuentos de muerte y sangre”.

Pero finalmente sería su recuperación del andar campestre el que iba a perdurar. La dedicatoria de Don Segundo Sombra es elocuente: “A usted, Don Segundo…” y luego nombra a “mis amigos domadores y reseros, a los paisanos de mis pagos, a los que no conozco y están en el alma de este libro, al gaucho que llevo en mí”.

“Don Segundo Sombra” fue una de las obras más importantes en la filmografía de Manuel Antín, quien la estrenó en agosto de 1969 y recibió el Cóndor de Plata de los cronistas de nuestro país (además de competir al año siguiente en Cannes).

En el papel de Don Segundo actuó Manuel Güiraldes, sobrino del escritor. Y el elenco era impresionante: Héctor Alterio, Luis Medina Castro, Alejandra Boero, Enrique Pinti, Juan Carlos Gené, Lito Cruz y otros nombres relevantes. Allí, con 17 años y en el papel de Aurora, despuntaba Soledad Silveyra. El papel de Fabio fue interpretado por Juan Carvallido (como joven) y Luis de la Cuesta (como mayor).

Escribió Antin: “Involuntariamente, tal vez casualmente, creo estar realizando la primera película argentina que descubre subjetivamente al gaucho y que reemplaza la aparente ferocidad de sus actos tradicionales con una descripción hacia adentro que incluye en su abecedario miradas apenas intencionales, pensamientos lejanamente reprimidos, pudores, y que lo muestra como en verdad es (así lo atestiguan sus músicas y canciones), un ser preocupado por su vida, su destino y su muerte, un ser con alucinaciones, encantamientos, sentimientos, búsquedas y desapariciones, un ser más lleno de silencio que de violencia… Posiblemente mi visión de Don Segundo diste de agotar las posibilidades cinematográficas de la novela. Día vendrá, y ojalá no esté lejos, en que alguien más capacitado que yo, haga el milagro de un Don Segundo Sombra cine tan inmortal como el Don Segundo Sombra novela que hizo Güiraldes.”

Muchas novelas te atrapan desde el primer instante, hay una colección de comienzos magistrales (“Muchos días después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía…” o “La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió…” y tantos más). Pero Don Segundo Sombra se destaca por su magistral texto del final, el último relato de Fabio, cuando el gaucho se aleja:

“Sombra, me repetí. Después pensé casi violentamente en mi padre adoptivo. ¿Rezar? ¿Dejar sencillamente fluir mi tristeza? No sé cuántas cosas se amontonaron en mi soledad. Pero eran cosas que un hombre jamás se confiesa. Centrando mi voluntad en la ejecución de los pequeños hechos, di vuelta a mi caballo y, lentamente, me fui para las casas. Me fui, como quien se desangra”.

Como lo describió Luis Gusmán, “¿Es posible despedirse de una sombra, cuando no es un fantasma? Una sombra es otra cosa. La lengua lo dice: ´Ni a sol, ni a sombra´. A veces, toma una forma amigable; otras, la de una pesadilla. La despedida del ahijado de Don Segundo Sombra es quizás una de las más bellas despedidas de nuestra literatura”.

En 1927 Güiraldes se había radicado nuevamente en París, vivía en la Rue Edmond Valentin N° 7, en el mismo lugar poco después vivió James Joyce, a pasos del Sena. El 5 de octubre recibió la noticia de que “Don Segundo Sombra” era distinguido con el Premio Nacional de Literatura. Con su enfermedad muy avanzada, aún se dio a tiempo de terminar su última novela, El Sendero, y preparar su propia despedida.

“Me habían dicho que París era una ciudad donde se viene a vivir. Me inclinaría a creer, más bien, que es una ciudad donde se viene a morir”.

Le acompañaba su esposa, Adelina del Carril, hermana de quién también fuera la segunda mujer de Neruda, Delia.

Güiraldes murió el 8 de octubre de 1927, tenía apenas 41 años y lo velaron en la Iglesia Sant Pierre du Gross Callou. Semana más tarde repatriaron sus restos a la Argentina en el vapor Avila. Desde la estación Retiro partió un tren, mientras 150 personas a caballo también cubrieron los 120 kilómetros hasta San Antonio de Areco. El funeral fue imponente, encabezado por el presidente Marcelo T. de Alvear. Entre los asistentes estaba el gaucho Ramírez, que había inspirado el personaje de la novela, aunque él nunca pudo leerla: era analfabeto. Le atribuyen una frase en aquel momento: “Descanse en paz, patroncito”. Iba a morir nueve años después. Y sobre aquella época, Lugones describió: "Es posible que éste sea el único caso en el mundo en que el personaje entierra a su autor".

Y en su casa de París, desde hace siete décadas y por iniciativa de la Embajada argentina de su época, una placa aún recuerda al autor de Don Segundo Sombra.

Luis Vinker

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