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perfil.com · hace 4 horas · María Lorena Rodríguez

El petróleo rompió el piso de los US$80 y los mercados apuestan al “Trump put”

Precio internacional del petróleo brent por debajo de los 80 dólares el barril.

El petróleo dio una señal de alivio este miércoles 17 de junio porque, después de meses de tensión por la guerra con Irán y el cierre casi total del Estrecho de Ormuz, el Brent perforó la barrera de los US$80 por barril y encendió una lectura más benigna entre los inversores: el mercado empieza a descontar que el peor escenario energético podría quedar atrás.

Según AFP, los precios del crudo se desplomaron en los últimos días a medida que creció el optimismo por un acuerdo de paz duradero en Oriente Medio, lo que permitiría normalizar gradualmente los suministros. Hacia las 13:30 GMT, el Brent del Mar del Norte subía 1% hasta US$79,74 por barril, mientras que el West Texas Intermediate avanzaba 0,9% hasta US$75,97. Es decir, había un rebote técnico en la rueda, pero con precios todavía claramente por debajo de los máximos que había dejado la crisis.

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Reuters planteó una lectura más política del movimiento: el mercado petrolero habría apostado desde el primer día de la guerra con Irán a que Donald Trump no permitiría que el conflicto derivara en una crisis económica total. Fue una apuesta riesgosa, pero por ahora le salió bien.

El Brent pasó de unos US$70 antes del conflicto a un pico de US$118 a fines de marzo, cuando el bloqueo de Ormuz llegó a apagar de un día para el otro cerca de una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado. Sin embargo, tras el anuncio de un acuerdo preliminar entre Washington y Teherán, el crudo retrocedió con fuerza y volvió a ubicarse por debajo de los US$80.

Durante décadas, el cierre del Estrecho de Ormuz fue visto como una especie de escenario límite para el mercado petrolero. Por allí pasa alrededor de una quinta parte del crudo mundial y cualquier interrupción seria suele disparar alarmas sobre inflación, transporte, energía y crecimiento.

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Esta vez, el golpe fue enorme, pero el sistema no terminó de romperse. Reuters lo resume con una idea clara: el mercado se dobló, pero no se quebró. Hubo varias razones. Por un lado, gobiernos y empresas liberaron cientos de millones de barriles de reservas comerciales y estratégicas. Por otro, la producción venía en aumento antes del conflicto, con inventarios que habían crecido y que ayudaron a amortiguar el shock inicial. También hubo ajuste por el lado de la demanda: las importaciones chinas se debilitaron y varios países asiáticos aplicaron restricciones al consumo energético para evitar un golpe mayor.

AFP suma otro dato sensible: los inventarios de crudo de los países de la OCDE cayeron en mayo a su nivel más bajo desde 1990, según la Agencia Internacional de la Energía. Desde el inicio del conflicto, la reducción acumulada llegó a 163 millones de barriles. Es decir, el alivio de precios no significa que el mercado físico esté holgado; significa, más bien, que los inversores creen que la normalización está más cerca.

La clave de la baja no está solo en los barriles. También está en la política. Tal como sostiene Reuters, los inversores asumieron que Trump “parpadearía” antes de que el mercado petrolero se quebrara. En otras palabras: que no dejaría que la guerra empujara los precios de la nafta en Estados Unidos a niveles difíciles de manejar ni que volviera a encender una inflación más amplia, especialmente con las elecciones de medio término en el horizonte.

Esa lógica funcionó como una especie de “Trump put”: una expectativa de que la Casa Blanca intervendría o negociaría antes de que el costo económico se volviera demasiado alto.

Donald Trump

La lectura no elimina los riesgos. Trump dijo que el Estrecho de Ormuz “se abriría completamente” una vez firmado el acuerdo con Irán, según AFP. Pero expertos petroleros y navieras advirtieron que restablecer las operaciones normales llevará tiempo. Después de meses de tensión, no alcanza con un anuncio político para que toda la logística energética vuelva a funcionar de manera inmediata.

La baja del crudo cambió el tono de los mercados globales. Patrick Munnelly, estratega de Tickmill citado por AFP, señaló que el “colapso del petróleo” apoyó los precios de los bonos y redujo la presión inflacionaria de corto plazo.

El punto es central para Wall Street y para la Reserva Federal. Una energía más barata ayuda a descomprimir expectativas de inflación, justo en una jornada en la que la Fed debe definir tasas y el mercado mira el debut de Kevin Warsh al frente del banco central estadounidense.

Aun así, el alivio no implica euforia. AFP remarca que la baja del petróleo no generó un rally limpio en las acciones, porque las valuaciones de las tecnológicas vinculadas a inteligencia artificial siguen bajo revisión y los bancos centrales todavía no están listos para abandonar la cautela.

La rueda llega con movimientos acotados. Según AFP, al inicio de la jornada en Nueva York el Dow Jones subía 0,1%, el S&P 500 avanzaba 0,1% y el Nasdaq ganaba 0,3%. En Europa, el desempeño era mixto: Londres y Frankfurt operaban en baja, mientras París mostraba una leve suba.

El petróleo, que venía de una caída fuerte, rebotaba moderadamente. Ese comportamiento muestra que el mercado no está descartando del todo nuevos episodios de tensión, pero sí está sacando prima de riesgo del precio.

La atención ahora se reparte entre tres frentes: la firma formal del acuerdo de paz en Medio Oriente, prevista para el viernes en Suiza según AFP; las negociaciones posteriores sobre el programa nuclear iraní y el eventual levantamiento de sanciones; y la decisión de la Fed, que deberá leer el impacto de la energía sobre la inflación.

El cambio en los precios del petróleo tiene impacto local, en tanto reduce la presión inflacionaria global y puede mejorar el humor hacia activos emergentes si ayuda a una Fed menos dura. Eso podría favorecer bonos, acciones y el apetito por riesgo.

Por otro lado, el país también mira el precio del crudo desde Vaca Muerta. Un Brent debajo de US$80 no cambia el atractivo estructural de la formación, pero sí modera expectativas de corto plazo para compañías energéticas, exportaciones y proyectos que dependen de precios internacionales más altos.

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