Macri desembarca en la provincia de Buenos Aires y el PRO afina su estrategia para afrontar el caso Adorni
Mauricio Macri coordina desde Estados Unidos, país al que viajó por el Mundial de Fútbol, los próximos pasos del PRO con relación a la crisis política del gobierno de Javier Milei ocasionada por la situación de Manuel Adorni. Antes del debut con triunfo de la selección argentina, siguió de cerca la reunión del bloque en Diputados que convocó Cristian Ritondo en la tarde de este martes y, a la par, comenzó a preparar su desembarco en el interior bonaerense, en el marco del “próximo paso” tour
El ex presidente está en una disyuntiva. No quiere quedar “aliado” al kirchnerismo en una embestida contra el Jefe de Gabinete, sea interpelación o moción de censura, pero tampoco quiere quedar en el rol de avalar al funcionario nacional. Por eso, desde el 13 de junio, cuando presentó su declaración jurada ante la Oficina Anticorrupción (OA) e incorporó USD 513.000 no declarados, que atribuyó a inversiones en bitcoin realizadas entre 2013 y 2018, presiona al Gobierno con una posición que le quita responsabilidad a los bloques parlamentarios: que Adorni renuncie o lo hagan renunciar.
En diputados hay posiciones encontradas. Mientras Ritondo hace equilibrio, hay legisladores con posiciones más duras, y que las hacen públicas. Uno de ellos es Álvaro González, que suele tener un voto crítico con relación a las medidas de LLA, que es cercano a Horacio Rodríguez Larreta, y que permanece en el bloque por su relación con el presidente de a bancada.
González fue explícito, el lunes, al rechazar que el Congreso resuelva lo que considera un problema del Poder Ejecutivo. “¿Por qué le tengo que resolver el problema con la moción de censura, sabiendo que después no la va a tomar?”, planteó en declaraciones a Radio Mitre. Su propuesta es directa: “O renuncia el señor Adorni o le pide la renuncia el presidente. No es ciencia oculta”. Para respaldar esa lógica, González recordó que Macri le advirtió al presidente en el momento de la designación: “Poné a alguien de jefe de Gabinete que te ayude en la gestión. Y pusieron a alguien de su propio riñón político”.
El legislador también rechazó participar de la moción de censura impulsada por el peronismo por razones estrictamente políticas: “No estoy de acuerdo con la moción de censura porque automáticamente te dicen que sos funcional al kirchnerismo”, advirtió. Y agregó que, si el Congreso avanzara con esa herramienta, un jefe de Gabinete censurado quedaría en un “estado vegetativo”: sin capacidad de atraer inversiones, de negociar con organismos internacionales ni de impartir instrucciones a los ministros.
El escenario parlamentario tiene sus propios tiempos. El Senado tiene prevista para el miércoles, a las 18, una reunión de Labor Parlamentaria para definir si habrá sesión el jueves. El peronismo adelantó que pedirá el tratamiento sobre tablas de un proyecto de resolución para interpelar a Adorni el 25 de junio y votar en la misma sesión una moción de censura. Para que eso prospere, necesita los dos tercios de los presentes.
El bloque del Partido Justicialista (PJ) en el Senado suma 21 senadores propios, a los que se sumarían otros bloques afines para llegar a 31 votos, aún a 17 de los dos tercios necesarios. El aval completo del PRO y de la Unión Cívica Radical (UCR) —13 votos más— sería determinante.
Fuentes de ambos bloques se tomarán las 48 horas previas a la sesión para definir una postura, dado que “hay posiciones divididas”. Un senador radical que aún no definió su voto resumió el dilema: “Es todo muy público”. Desde el peronismo, un senador graficó la presión sobre los aliados del gobierno: “Defender a Adorni es como defender a Kueider”, en referencia al ex senador detenido en Paraguay con 200.000 dólares sin declarar.
A su vez, no hubo definiciones durante la reunión del bloque en Diputados, según señaló un legislador amarillo a este medio. “Quedó todo pendiente a ver qué es lo va a pasar en el Senado, y como están las relaciones con los otros miembros del interbloque. Pero creo que va a ser inevitable acompañar el emplazamiento (citar a Adorni al Congreso). Después vemos cómo sigue”, graficó.
En las últimas horas, el diputado Fernando De Andreis se manifestó en sintonía: “La semana que viene se votaría en principio el emplazamiento para que se conformen las comisiones, y nosotros creemos que se podría llegar a avanzar en ese sentido para que se conformen las distintas comisiones, principalmente la de Asuntos Constitucionales, para avanzar. Ahora, nosotros insistimos en que esto es un problema que tiene el Gobierno y lo debería resolver el Gobierno”. “No descartamos avanzar con la interpelación, pero es algo que seguimos discutiendo”, agregó en radio Rivadavia.
“Hoy le está haciendo mucho daño al cambio en la Argentina. Le está haciendo mucho daño al presidente, le está haciendo mucho daño al Gobierno. Para nosotros, Adorni no tenía las cualidades para ser jefe de Gabinete. Lo ideal que que se vaya hoy, ayer; claramente no debería pasar un día más en el cargo”, amplió.
A su vez, el jefe del bloque del PRO en el Senado, Martín Goerling Lara, anticipó: “Si se llega a esa instancia, vamos a acompañar el pedido de censura o remoción de Adorni”.
En ese contexto, y según supo Infobae, el entorno de Macri define los detalles del desembarco del ex presidente en Mar del Plata, el próximo 26 de junio. Macri volverá al país unos días y luego, se prevé, regresará a Estados Unidos Será un acto similar al que ya realizó en Chaco, Corrientes, Santa Fe, Mendoza y Vicente López. “Para mí es con nuevo jefe de Gabinete”, ironizó uno de los dirigentes del PRO que está al tanto de la organización.
La nueva aparición de Macri no es casual. Esta semana se conoció un informe del think tank londinense Chatham House, que advirtió que las denuncias acumuladas sobre Adorni y su admisión de haber subdeclarado impuestos erosionaron la imagen del gobierno como alternativa a la “casta política” que Milei prometió desmantelar. El documento, además, sostiene que la permanencia del funcionario alimenta la percepción de conflictos internos y debilita la posición del presidente ante aliados e inversores.