¡Peligro! Literatura infantil
Con el tiempo y según se madura, las personas se alejan de la literatura infantil. Esos libros coloridos, de tapas duras y dibujos grandes dejan de resultar interesantes. ¿Qué pueden revelar un conejo o un lobo sobre la vida adulta? Tal vez no lo hayan analizado en detalle, pero esas personas tienen mucha razón: ¡pocas cosas más peligrosas que un libro para chicos!
Es el caso de El Lobo en calzoncillos, del guionista francés Wilfrid Lupano y la ilustradora Mayana Itoïz, que apenas dos años después de publicar el libro en 2016 ya sumaban 110.000 ejemplares vendidos.
La historia (aquí publicada por Libros del Zorzal) tiene como protagonista a un lobo, otro lobo en realidad, porque los libros infantiles suelen recurrir a lobos feroces que se comen niñas, que soplan para derribar casas y comerse a los chanchitos que las habitan, que son atrapados por Pedro con la ayuda de un pájaro, un pato y un gato; o que se transforman en la amenaza con la que un pastorcito asusta a sus vecinos.
Lobos peligrosos, lobos que dan miedo. Ese es el punto. También en El Lobo en calzoncillos, para el que Lupano imaginó uno como dios manda: vive en el bosque, tiene una mirada enloquecida y todos los habitantes de la zona le tienen un miedo tremendo.
Un miedo, hay que decirlo, bastante beneficioso porque generó un verdadero sistema socioeconómico en el bosque. Los diarios venden más si aparecen noticias sobre el terrorífico lobo, las trampas para lobos se venden como pan caliente así como las alarmas, las vallas e incluso las clases de karate anti-lobo.
Pero entonces, el terrorífico lobo decide dar un paseo por el pueblo y todos se quedan impactados porque ese lobo, el temible, es en verdad un espécimen flacucho, desgarbado y que viste unos calzoncillos a rayas rojas. ¡Un poco de seriedad!, se indignan los vecinos. No es posible tenerle miedo a un lobo en calzones.
Por supuesto, esta historia no tiene nada que ver con los temores muy serios de la vida adulta. El temor a la invasión migrante, el temor a los votantes de tal o cual partido, el temor a las mujeres o a los hombres o a las personas no binarias, el temor a la gente muy religiosa o totalmente atea...
Mientras los pequeños lectores podrían preguntarse ¿cómo vivir sin miedo, cuando este se ha convertido en el único motor de los habitantes?, los adultos, menos mal, no leemos literatura infantil.
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