La IA bajo la mirada de León XIV y Javier Milei
En las últimas semanas han tenido gran repercusión pública las reflexiones sobre el desarrollo de la inteligencia artificial expresadas por el papa León XIV, a través de la encíclica Magnifica Humanitas, y por el presidente Javier Milei, en un artículo publicado en Financial Times. Ambos textos parten de cosmovisiones diferentes, e incluso antagónicas en algunos aspectos. Sin embargo, más allá de sus discrepancias, es posible identificar valoraciones compartidas que merecen ser destacadas.
Ambos líderes coinciden en reconocer el carácter excepcional del fenómeno de la IA. Para Milei, representa una oportunidad histórica para que Argentina supere décadas de estancamiento económico mediante nuevas inversiones, el surgimiento de industrias innovadoras y una mayor integración a las cadenas globales de valor. Su visión ofrece una narrativa de futuro que resulta singular y atractiva, en un contexto donde el debate público suele quedar atrapado en la mera coyuntura inmediata.
León XIV también reconoce la excepcionalidad del momento, aunque desde una perspectiva más amplia. Su preocupación trasciende el plano económico y alcanza la dimensión antropológica. La IA no sería simplemente una nueva herramienta, sino una tecnología que obliga a replantear qué significa ser humano, conocer, decidir, crear y relacionarse con otros.
Esta reflexión puede interpretarse como un nuevo capítulo de una larga secuencia de cuestionamientos sobre la autocomprensión humana. Copérnico relativizó nuestra posición en el cosmos; Darwin, nuestra singularidad biológica; Freud exploró los límites de la conciencia racional. La inteligencia artificial introduce ahora una interrogación sobre nuestra singularidad cognitiva.
Durante siglos tendimos a identificar la inteligencia con uno de los rasgos distintivos de la condición humana. La aparición de sistemas capaces de ejecutar numerosas funciones cognitivas nos invita a revisar esa equivalencia. León XIV desplaza entonces la reflexión desde la inteligencia hacia dimensiones más profundas de la persona: la conciencia moral, la libertad, la responsabilidad y la dignidad humana. Su preocupación central no radica en el progreso tecnológico en sí mismo, sino en la posibilidad de que la IA sea utilizada con fines contrarios al bien común o contribuya a consolidar una lógica puramente tecnológica y utilitarista que termine subordinando a las personas a un mero rol de consumidores acríticos de la realidad.
Las visiones de ambos líderes podrían resultar complementarias, pero encuentran un primer punto de tensión en la relación entre crecimiento económico y desarrollo humano. Milei recurre a la experiencia de las Compañías de Indias y de las formas societarias que desde el siglo XVII limitaron el riesgo del capital para ilustrar cómo determinadas innovaciones institucionales pueden desencadenar ciclos extraordinarios de prosperidad. Desde esta perspectiva, su propuesta de convertir a la Argentina en un entorno desregulado y especialmente favorable para el desarrollo de la IA constituye una propuesta legítima y potencialmente transformadora.
Sin embargo, la misma referencia histórica invita a una reflexión más amplia. El extraordinario crecimiento económico de la era colonial coexistió con prácticas hoy consideradas moralmente inadmisibles, entre ellas la esclavitud. La historia muestra así que el progreso económico y tecnológico, por sí solos, no garantizan el progreso humano. Es precisamente esta ausencia de límites éticos lo que León XIV advierte como un serio riesgo del despliegue descontrolado de la IA. Por eso afirma que «los progresos científicos más extraordinarios, las proezas técnicas más sorprendentes y el crecimiento económico más prodigioso, si no van acompañados de un auténtico progreso social y moral, se vuelven, en definitiva, contra el hombre».
Un segundo punto de divergencia se refiere a la regulación. Ambos reconocen que la IA puede dar lugar a nuevas formas de concentración de poder, pero difieren en el diagnóstico y en las soluciones propuestas. Mientras Magnifica Humanitas reclama mecanismos de gobernanza capaces de establecer límites éticos y evitar la concentración del poder tecnológico, Milei sostiene que el principal antídoto es la libertad competitiva. Desde esta perspectiva, favorecer la libre innovación reduce barreras de entrada, dinamiza la aparición de nuevos actores y dificulta la consolidación de monopolios duraderos. La evolución reciente del mercado de IA, caracterizado por la coexistencia de múltiples competidores globales, parece ofrecer algunos argumentos en favor de esta visión.
La diferencia entre ambas posiciones no reside tanto en la identificación del problema como en la respuesta propuesta. Para León XIV, el riesgo principal radica en la insuficiencia de límites frente al creciente poder tecnológico; para Milei, una regulación excesiva podría sofocar la innovación y fortalecer precisamente a los actores dominantes que se pretende controlar. Encontrar un equilibrio entre innovación, libertad, competencia y protección de la dignidad humana constituye uno de los grandes desafíos de la nueva era.
Un tercer aspecto especialmente relevante es el papel de la educación. Resulta difícil imaginar una adopción socialmente equilibrada de la inteligencia artificial sin una profunda transformación de los sistemas educativos. La alfabetización en IA deja de ser una competencia reservada a especialistas para convertirse en una capacidad básica de ciudadanía. Este es un desafío pendiente en Argentina. No se trata únicamente en formar desarrolladores o expertos técnicos, sino en asegurar que amplios sectores de la población comprendan las posibilidades, limitaciones y riesgos de estas herramientas y puedan utilizarlas de manera crítica y responsable.
La velocidad de la transformación tecnológica plantea además interrogantes sobre la capacidad de los sistemas educativos tradicionales para adaptarse al cambio. En este contexto merece destacarse la decisión del gobierno de Tucumán de capacitar a la totalidad de sus docentes en el uso de herramientas de inteligencia artificial. Experiencias de este tipo pueden contribuir a reducir las brechas de conocimiento y a preparar mejor a las nuevas generaciones para los desafíos de la economía digital.
Lejos de ofrecer respuestas definitivas, estas reflexiones ponen de manifiesto que el debate sobre la inteligencia artificial se encuentra todavía en una etapa embrionaria. La magnitud de sus posibles impactos económicos, sociales, educativos y éticos asegura que esta discusión permanecerá abierta durante muchos años. Precisamente por ello, resulta esencial que el diálogo no quede restringido a especialistas, empresas tecnológicas o dirigentes políticos, sino que convoque a toda la comunidad. En este contexto, y ante la posibilidad de una próxima visita de León XIV a la Argentina, será particularmente interesante observar la continuidad de este intercambio de ideas en nuestro país. Más allá de sus diferencias, ambos líderes coinciden en reconocer que la inteligencia artificial constituye uno de los fenómenos más trascendentes de nuestro tiempo y que las decisiones que adoptemos hoy influirán profundamente en el futuro de nuestras sociedades.
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