Luis Caputo activa el blindaje financiero entre Washington y China y apunta a un dólar planchado para el año electoral
El Ministerio de Economía activa esta semana el operativo blindaje financiero. Con el reloj corriendo hacia los compromisos de la segunda mitad del año, el ministro Luis Caputo inaugura la estructuración de un paraguas de divisas con un doble objetivo estratégico: cubrir la agenda de vencimientos externos y establecer un piso para la estabilidad cambiaria de cara al 2027. La premisa oficial es que el año electoral debe arrancar con turbulencias nulas y sin la presión sobre el dólar que hizo tambalear el programa económico en las últimas elecciones legislativas.
En menos de un mes, Caputo se enfrentará a los vencimientos por USD 4.400 millones con bonistas privados del próximo 9 de julio, que se buscará cancelar con los dólares que el Tesoro tiene en caja, según pudo saber PERFIL. Sin embargo, para despejar el horizonte de los próximos meses, la clave de la semana pasa por Washington. El martes 16 de junio, el directorio del Banco Mundial tratará la solicitud formal para aprobar avales por USD 2.000 millones. Apenas 24 horas después, el BID sellará un respaldo similar por USD 500 millones. En paralelo, el Ejecutivo negocia una garantía adicional con la CAF por entre USD 250 y 500 millones, cuyo tratamiento está agendado para el 22 de julio.
Estas garantías multilaterales son la llave para que Argentina acceda a financiamiento fresco por USD 4.000 millones. La ingeniería técnica, explicitada en el reciente Staff Report del Fondo Monetario Internacional (FMI), confirma avances sustanciales en una línea con bancos internacionales que tendrá una duración de seis años y un plazo de gracia de tres años. En la práctica, se trata de un préstamo comercial respaldado por los organismos de crédito que comenzará a amortizarse recién en 2029.
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La estrategia fue blanqueada la semana pasada por el viceministro de Economía, José Luis Daza, al confirmar que los avales formaron parte del menú de la segunda revisión con el Fondo. “El programa financiero para el 2026 está absolutamente cerrado, las fuentes están identificadas. La última parte que terminó de cerrarse fueron las garantías: vamos a emitir préstamos con garantías del BID, Banco Mundial, MIGA y muy posiblemente con la CAF”, sentenció el funcionario.
A la diplomacia financiera occidental se le suma el frente oriental. El presidente del Banco Central (BCRA), Santiago Bausili, estuvo en Shanghái para participar de un simposio del Banco de Pagos Internacionales (BIS) y consolidar el cara a cara con Pan Gongsheng, titular del Banco Popular de China (PBoC). Fuentes con conocimiento de las conversaciones aseguraron a este medio que la renovación del swap está encaminada a cerrarse bajo su status quo: extensión por tres años, respeto de las cláusulas de confidencialidad y mantenimiento de las condiciones actuales. Los USD 19.200 millones del intercambio de monedas representan cerca del 40% de las reservas brutas del BCRA. Para el Gobierno, sostener esta liquidez es un engranaje vital para la estabilidad monetaria, más allá del férreo alineamiento geopolítico con la Casa Blanca.
Este colchón contable se complementa con la táctica del BCRA en la plaza cambiaria local. De acuerdo con el último reporte de la consultora 1816, la autoridad monetaria “sigue comprando dólares todos los días” en el mercado oficial, una dinámica que le permitió acumular divisas y, al mismo tiempo, intervenir quirúrgicamente “para evitar que el spot superara los $1.450”. La maniobra oficial no se ejecutó quemando reservas físicas ni en la plaza de futuros, sino a través de la venta estratégica de bonos soberanos dollar-linked (TZV26) contra pesos.
Por el lado del Tesoro, la captación de los “dólares del colchón” arrojó un fuerte nivel de liquidez. Mediante la emisión de títulos cortos en moneda dura, el Gobierno aspiró USD 2.000 millones con un bono a 2027 y otros USD 1.600 millones con vencimiento en 2028. Aunque buena parte de esos fondos se consumieron rápidamente cancelando deuda con organismos internacionales, el remanente en pesos le permitirá a Economía comprarle al BCRA los dólares faltantes para el cupo de julio. Simultáneamente, para facilitar el rollover de los cuantiosos vencimientos de pases pasivos (Repos), “el Tesoro le canjeó al BCRA Bonceres por AL35 y AE38”, entregando colateral fresco para refinanciar esas obligaciones.
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El puente de liquidez de este semestre contrasta con la muralla de vencimientos del próximo año. Según los datos del programa fiscal-financiero elaborados por la consultora Eco Go, el remanente de compromisos en moneda extranjera para la segunda mitad de 2026 exige USD 10.049 millones, concentrando USD 5.304 millones en capital con el mercado y USD 4.745 millones en la carga de intereses.
Pero la barrera real se erige en 2027, cuando los usos saltan a USD 23.495 millones. Este rojo se desglosa en USD 15.150 millones de capital —traccionados por títulos públicos (USD 8.351 millones) y los pagos al FMI (USD 4.465 millones)—, a los que se suma una pesada factura de intereses por USD 8.346 millones.
Pese a la abultada agenda técnica, en la City descartan un evento de default. "Nadie duda que eso se paga", proyectó el informe de 1816, y calculó que las reservas brutas “disponibles” —descontando la parte inactiva del swap chino— “rondan los USD 34.000 millones”. Si el Tesoro renueva exitosamente los repos y capitaliza los avales multilaterales, “quedarían vencimientos en USD con privados y FMI por USD 20.000 mm” anuales hasta el final del mandato.
Con el tablero expuesto, el andamiaje definitivo del esquema financiero transita su etapa final bajo estricto recelo oficial. Como contó PERFIL, el diseño se apalancará en cuatro grandes fuentes de fondeo por USD 13.000 millones: USD 3.000 millones atados a los créditos REPO diagramados a principios de año; USD 4.000 millones captados de la plaza local a través de la licitación de bonos soberanos; cerca de USD 2.000 millones originados por el demorado proceso de privatizaciones y concesiones; y el eslabón final de USD 4.000 millones inyectados por la banca privada internacional, bajo el paraguas protector de los multilaterales de crédito.