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infobae.com · hace 14 horas · Roberto Cachanosky

Los salarios no mejoran con discursos o decretos

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Uno de los temas que surge casi todos los días en conversaciones con amigos o conocidos es si los ingresos alcanzan para llegar a fin de mes. Salvo casos puntuales en los que a determinados sectores les va muy bien, una mayoría sostiene que no llega. Personas que pudieron ahorrar en el pasado cuentan que cada vez venden más dólares guardados para pagar la tarjeta de crédito.

Quienes no lograron ahorrar, ni pueden hacerlo hoy, engrosaron la legión de personas físicas en mora con tarjetas, préstamos personales y créditos tomados en aplicaciones.

Con la inflación en desaceleración, el debate se reabre: ¿el problema es el salario real, que no permite afrontar cuotas, o las tasas de interés, que dejaron fuera de juego a quienes se endeudaron? La baja del IPC es una buena noticia, pero no implica por sí sola que el trabajador recupere poder de compra.

El último dato disponible del Índice de Salarios del sector privado formal del Indec, correspondiente a marzo de 2026, registró una suba mensual de 2,1%, mientras que el IPC aumentó 3,4 por ciento.

Captura de pantalla de una tabla de datos titulada 'Monitor de Paritarias' con variaciones salariales porcentuales por sector y mes, de abril 2025 a abril 2026

Si se toma el salario privado formal desde noviembre de 2023 hasta marzo de 2024, subió 275% y el IPC aumentó 293%. No fue una caída brutal, pero sí una baja del ingreso real, además de distorsionada por la falta de actualización del IPC.

En el caso de los empleados públicos, en el mismo período, el salario creció 226%. La pérdida de ingreso real fue mayor. No tomo en cuenta el salario del sector informal porque no es confiable y llega con atraso.

Se podría argumentar que la caída de los ingresos del sector público “está bien” porque hay ñoquis o por cualquier otra excusa. Pero la función del Estado es proteger el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de la población. Para eso, tanto las fuerzas de seguridad como las fuerzas armadas deberían tener ingresos que les permitan vivir con dignidad, algo que no ocurre hoy. Lo mismo pasa con los sueldos de médicos y enfermeras de la salud pública nacional.

Aplicar recortes salariales horizontales para bajar el gasto público es un modo ineficiente de intentar ordenar las cuentas.

El salario real no depende de la voluntad del secretario de Trabajo ni de la presión sindical: depende de la productividad marginal del trabajo. En términos simples, un trabajador gana más de manera sostenida cuando produce más valor. Y para producir más valor necesita capital, tecnología, capacitación, infraestructura, crédito, reglas de juego estables y empresarios dispuestos a invertir. Nada de eso aparece por un decreto publicado en el Boletín Oficial.

Vista de una mesa de conferencias con nueve personas en un debate. Una mujer habla activamente, rodeada de hombres y mujeres en trajes, con rascacielos al fondo.

La discusión salarial en la Argentina suele estar mal planteada. El populismo sostiene que hay que “ponerle plata en el bolsillo de la gente”, como si el ingreso fuera una dádiva del poder político. Pero lo que llega al bolsillo sale de algún lado:

La única fuente sana y permanente de mejora del ingreso es producir más y mejor.

Por eso, la recuperación del bolsillo requiere algo más que una mejora estadística mensual. Requiere que el sector privado vuelva a crear empleo de calidad. Para eso hacen falta menos impuestos, regulaciones más simples, un mercado laboral más flexible, apertura económica, estabilidad jurídica y el fin de la cultura de castigar al que invierte.

No hay salarios altos con empresas quebradas. Tampoco los habrá si el Estado las asfixia con impuestos o si subsidia importaciones con un tipo de cambio artificialmente bajo para mostrar una tasa de variación del IPC en descenso, a costa del cierre de empresas y la pérdida de puestos de trabajo.

Comparando marzo de 2026 con noviembre de 2023, se perdieron 216.643 puestos de trabajo en el sector privado formal.

No se trata de una transición “de economía cerrada a economía abierta”. También es discutible la idea de separar macro y micro: la economía es una sola (Foto: EFE)

En mi opinión, no se trata de una transición “de economía cerrada a economía abierta”. También es discutible la idea de separar macro y micro: la economía es una sola. Si la macro estuviera en orden, las condiciones atraerían inversiones y abrirían más empresas de las que cierran. Sin embargo, entre noviembre de 2023 y marzo de 2026 cerraron 18.700 empresas.

Si la macro estuviera en orden y existiera confianza en el futuro del país, aun en un proceso de transición, las empresas que abren deberían superar a las que cierran.

Volviendo al salario real, la baja de la inflación puede dar alivio. Si los precios suben menos, las familias dejan de correr detrás de la góndola. Pero el alivio no debe confundirse con solución. Para que el salario real crezca de verdad, la Argentina necesita dejar de pensar en términos de reparto y empezar a pensar en términos de producción.

Esa es la diferencia entre el populismo redistribucionista y la economía de mercado. Para el populismo, la riqueza “ya está” y solo hay que redistribuirla. En una economía de mercado, la riqueza se genera, y los ingresos suben cuando aumenta la demanda de mano de obra por inversiones.

El éxito final de la política económica no se mide solo por el déficit fiscal, el riesgo país o el IPC mensual. Se mide por la capacidad de generar una economía en la que el sector privado invierta, contrate, compita y pague mejores ingresos.

El trabajador argentino no necesita otro relato. Necesita una economía que produzca. Porque el salario real no lo mejora una consigna, ni una paritaria, ni una cadena nacional. Lo mejoran el capital acumulado, la productividad y la libertad económica. Todo lo demás es ruido estadístico o demagogia de corto plazo.

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