El Mundial comenzó apagado en EEUU
La Copa Mundial arrancó con poco entusiasmo en Estados Unidos, eclipsada por la final de básquet de la NBA y un polémico torneo de artes marciales mixtas organizado por el presidente Donald Trump en los jardines de la Casa Blanca. Es cierto que el Mundial recién empieza y seguramente despertará más interés en las próximas semanas, especialmente si la selección estadounidense sigue jugando tan bien como en su sensacional victoria en su primer partido ante Paraguay. Pero la atención mediática en los primeros días de la Copa se concentró en la final de la NBA el sábado y en el controvertido evento presidencial de la Ultimate Fighting Championship (UFC) del domingo.
El presidente, tras anunciar que no asistiría al debut de la selección de EE.UU. en Los Ángeles, promocionó con entusiasmo el evento de la UFC. Trump organizó la velada para celebrar su cumpleaños número 80 y el 250° aniversario de la independencia de EE.UU. Hasta hace pocos años, las peleas de la UFC –que combinan el boxeo, la lucha libre y el jiu-jitsu dentro de una jaula octogonal– eran consideradas un deporte brutal y estaban prohibidas en varios estados. Muchos las consideraban “una riña de gallos entre humanos”, por tener reglas menos estrictas que el boxeo. Sin embargo, Trump viene promocionando este deporte desde hace décadas. Suele asistir a los eventos de la UFC, donde es recibido con ovaciones.
Dentro de la base nacionalista y antiinmigrante MAGA de Trump, muchos ven las peleas de la UFC como un deporte viril y patriótico, y al fútbol “soccer”, como un deporte del tercer mundo. La presidenta de la UFC, Dana White, ha sido una gran contribuyente a las campañas de Trump. El mandatario nombró a Linda McMahon, ex alta ejecutiva de lucha libre, como secretaria de Educación, y a Steven Cheung, el exvocero de la UFC, como director de comunicaciones de la Casa Blanca. Según reportó la cadena CBS, el evento de la UFC en la Casa Blanca requirió “un esfuerzo monumental” de siete agencias del gobierno y costó 60 millones de dólares. La Casa Blanca replicó que todo el dinero provino de la UFC y no de los contribuyentes.
Muchos críticos del presidente dicen que evitó asistir al partido en Los Ángeles por miedo a ser abucheado
Sin embargo, una demanda presentada por el Proyecto Público de Integridad, un grupo independiente, afirma que el torneo constituye un uso improcedente de la Casa Blanca con fines de lucro y viola las reglas que prohíben usar terrenos federales para espectáculos deportivos. Muchos críticos del presidente dicen que evitó asistir al partido en Los Ángeles por miedo a ser abucheado, como le pasó en el reciente partido de la NBA entre los Knicks y los Spurs en Nueva York. Sus portavoces lo niegan y aseguran que estuvo enfocado en asuntos de Estado y en la organización del evento de la UFC.
Lo cierto es que el Mundial empezó con el pie izquierdo. Ya antes del pitazo inicial había caras largas en EE.UU. por el temor a redadas migratorias, los precios estratosféricos de las entradas y el ridículo Premio de la Paz de la FIFA otorgado a Trump en diciembre. En una columna anterior lo llamé “el Mundial de la discordia”, porque EE.UU., México y Canadá –los países sede– están más peleados que nunca en la historia reciente.
Hace apenas unos días, Trump reiteró que podría ordenar un ataque militar a los carteles
Trump ha dicho repetidamente que quiere anexar a Canadá para convertirlo en el estado 51 de EE.UU. y que México está en manos del narcotráfico. Hace apenas unos días, Trump reiteró que podría ordenar un ataque militar a los carteles y que probablemente no renegociará el acuerdo de libre comercio con sus dos vecinos. Lo lógico hubiera sido que los presidentes de los tres países se mostraran juntos en el partido inaugural en México, sonrientes y conversando en el palco oficial. Pero ni siquiera la mandataria mexicana acudió a la fiesta.
Cuando la FIFA anunció el 13 de junio de 2018 que la Copa Mundial de 2026 se realizaría en EE.UU., México y Canadá, la noticia se presentó como una celebración de la unidad de América del Norte. De hecho, la candidatura se titulaba “Unidos 2026”. Hoy, en cambio, el torneo se ha convertido en el símbolo de una enorme oportunidad perdida para acercar a los tres vecinos. Seguramente, la fiebre mundialista en EE.UU. aumentará en las próximas semanas. Pero, por ahora, lo que se ha visto fueron recriminaciones mutuas entre los tres presidentes y un entusiasmo tibio entre los estadounidenses.
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