Ley de etiquetado: derogarla es un grave error
Es posible que el Congreso pronto considere derogar la ley 27.642 sobre Etiquetado Frontal de Advertencia (EFA), un sistema de señales que ofrece a los consumidores información de rápido acceso sobre la composición de los alimentos para ayudarlos a tomar mejores decisiones sobre la alimentación en el hogar, las escuelas, los hospitales, las oficinas, etc.
La derogación sería un grave error cuyo costo pagarían principalmente los niños: con el tiempo, la mala alimentación genera obesidad, hiperglucemia, diabetes, hipertensión, enfermedad cardiovascular y cáncer. También agrava enfermedades que deterioran la calidad y la expectativa de vida.
Esta evidencia llevó a los organismos internacionales a recomendar la EFA como política general, y motivó que la Secretaría de Salud de EEUU introdujera cambios sustanciales en sus guías alimentarias. En el Acuerdo de Principios de 2018 los Ministros de Salud del Mercosur se comprometieron a brindar información clara, precisa y rápida que ayude a identificar los alimentos menos saludables.
Fue en este marco que Argentina inició, en 2019, un proceso legislativo que involucró a diversos partidos y múltiples actores de la sociedad civil, con el objetivo de hacer frente a un grave problema de salud pública: Argentina se sitúa entre los países con mayor tasa de sobrepeso en menores de 5 años (12,6%) y de obesidad en adultos en toda región. La causa más directa es el alto consumo de ultraprocesados, que aportan más del 35 % de las calorías en niños y adolescentes y el 29% en adultos.
El EFA aplicado en Argentina no es improvisado ni está plagado de errores, como dicen sus detractores. Fue cuidadosamente discutido, y es más eficaz que otros sistemas de señalización –semáforos, sistemas enfocados en nutrientes o Nutri-Score. Los estudios más rigurosos han concluido que el octógono negro es el símbolo que más ayuda a los consumidores cuando toman decisiones sin tiempo para leer las confusas etiquetas.
La eficacia de esta política ha sido corroborada por UNICEF Argentina y por la Fundación Interamericana del Corazón (FIC) mediante investigaciones que mostraron una disminución significativa en la compra y percepción de saludabilidad de productos con sellos. A esto debemos sumar los estudios realizados por el Ministerio de Salud (2023), donde el 43% de la población declaró tener en cuenta los sellos, mientras que alrededor del 58 % reconoció modificaciones en su intención de compra de productos como galletitas y bebidas.
La EFA no constituye parte de esa “hojarasca” de regulaciones sin sentido. Es una política que protege la salud de un modo plenamente liberal: no involucra actitudes paternalistas ni impone prohibiciones; simplemente nos brinda información para que tomemos nuestras decisiones de manera informada. Su derogación empeorará la salud de los argentinos, con el consiguiente impacto sobre el sistema de salud y la productividad.
Doctor en teoría política y docente universitario. Premio Konex a las humanidades 2016
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