El sueño socialista de los libertarios
A esta altura parece que ya todos conocen a Peter Thiel, excéntrico empresario y magnate estadounidense, fundador de Palantir Technologies- empresa de software de análisis de grandes volúmenes de datos mediante IA-, que vino a vivir al país para cerrar negocios y porque -dicen- coincide con la visión libertaria y anarcocapitalista (país sin regulaciones estatales) del presidente Javier Milei.
Thiel no da notas, se recluye en la mansión que compró en Barrio Parque -donde recibe a dirigentes de distintos sectores, como Juan Grabois-, y juega al ajedrez en un club de barrio. Condimentos que hacen que el personaje sea atractivo y misterioso.
Pocos se detienen a analizar la paradoja de que mientras predica las virtudes de un Estado sin regulaciones, hizo fortuna desarrollando herramientas para la planificación de gobiernos. Y los riesgos de que esta tecnología esté en tan pocas manos.
Veamos. Lo que hace Palantir es recolectar enormes volúmenes de datos, identificar patrones con IA y generar modelos predictivos que permiten anticipar escenarios y mejorar la toma de decisión.
Lo lograron tras años de desarrollo impulsado por los principales cerebros de las ciencias de la computación -formados en universidades estatales de distintos países- y una billetera casi infinita.
Entre sus clientes figuran organismos de seguridad como la CIA, el FBI y las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, además de gobiernos y grandes empresas de distintos países.
Ahora, mientras Thiel y el mismo Milei militan contra la intervención del Estado y piden no regular la IA, al mismo tiempo promueven sistemas que concentran datos y asisten a la toma de decisiones de los gobiernos.
La tecnología de Palantir representa, así, el sueño húmedo de cualquier proyecto socialista. Parece una versión moderna del Cybersyn de Salvador Allende: una red informática que buscaba coordinar información económica en tiempo real para mejorar la planificación estatal, que el gobierno de la Unidad Popular empezó a desarrollar en Chile, pero fue interrumpido por el golpe de Pinochet.
La presencia de Thiel abre algunos interrogantes. ¿Tienen los Estados que contar con esta tecnología? Si bien es usada principalmente para la seguridad, ¿acaso no puede ser útil para potenciar el crecimiento económico o el desarrollo de las personas?
Thiel se lleva todas las miradas. Pero la verdadera discusión no pasa por él ni por sus excentricidades. Pasa por quién controlará las herramientas que permitirán conocer, predecir y planificar cada vez más aspectos de la vida económica y social. Porque la IA ya llegó. La pregunta es quién decidirá cómo usarla y bajo qué límites.
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