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infobae.com · hace 5 horas · Andrés Mijes Llovera

Hay momentos de definición

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El proceso de juicio político contra Samuel García ha colocado a MORENA Nuevo León frente a una prueba que va mucho más allá de la figura del gobernador.

Lo que está en discusión no es solamente la actuación de un gobierno estatal. Lo que está en juego es la coherencia de nuestro movimiento, uno que llegó al poder prometiendo combatir la corrupción, exigir rendición de cuentas y someter el ejercicio del poder al escrutinio público.

La discusión tiene que ver con la naturaleza misma del Segundo Piso de la Transformación.

La exigencia moral que la primera defensora de la Transformación del Estado mexicano, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, ha fijado es inequívoca: que la honestidad sea una obligación permanente de gobierno, que la rendición de cuentas sea una regla aplicable a todos, y que ningún servidor público pueda colocarse por encima de los principios que dieron origen al movimiento.

No es casualidad que la Presidenta de México haya colocado a la honestidad como principio rector de la vida pública. Y tampoco es casualidad que Ariadna Montiel, la líder de nuestra organización, sea igualmente firme en hacer valer esos principios dentro de MORENA.

Porque las definiciones éticas solo tienen valor cuando se está dispuesto a defenderlas.

Por otra parte, todo partido político serio necesita disciplina doctrinaria. No disciplina ciega, sino coherencia entre lo que se proclama y lo que se hace. Maurice Duverger sostenía que los partidos son los instrumentos mediante los cuales una visión de sociedad logra organizarse y disputar el poder. Giovanni Sartori advertía que cuando los partidos dejan de representar proyectos colectivos para convertirse en vehículos de ambiciones personales, comienzan a perder su función democrática esencial.

Por eso resulta tan revelador lo ocurrido durante la discusión y votación del inicio del juicio político al gobernador y la ausencia y titubeo de legisladores y actores políticos. Aquí no se estaba votando una diferencia táctica ni una reforma secundaria. Se estaba votando la posibilidad de exigir cuentas a un gobierno señalado precisamente por aquello que MORENA nació para combatir.

El caso de Nuevo León permite observar cómo la falta de rendición de cuentas termina deteriorando la calidad del gobierno. Durante años, un gobierno de dos influencers ha construido una narrativa donde comunicar parece más importante que tener verdaderos resultados. Eso es lo que muchos ciudadanos identifican ya como Samuelandia.

Las consecuencias de Samuelandia están a la vista: deuda creciente, obras inconclusas, problemas metropolitanos sin resolver y una sensación cada vez más extendida de distancia entre las prioridades de quien gobierna como monarca adolescente y las preocupaciones de la gente.

Por eso el juicio político trasciende a una persona. Lo que está en juego es un principio elemental de cualquier democracia: que quienes ejercen el poder están obligados a responder por sus decisiones. Y hay que decir algo más con absoluta contundencia. MORENA no es una franquicia electoral. Es un movimiento político con una doctrina, una historia y un proyecto de nación donde las referencias morales sí existen y donde la representación popular implica una obligación ineludible: actuar en congruencia con ellas.

La representación popular en MORENA no otorga el derecho de escoger qué principios defender y cuáles ignorar. Cuando un legislador decide postularse por MORENA, también decide asumir un compromiso con los valores que hicieron posible a MORENA.

Por eso la ausencia, la evasión o la ambigüedad frente a un tema tan elemental como la rendición de cuentas no son simples errores políticos. Son faltas de congruencia con los principios fundamentales del movimiento: no robar (ni dejar robar), no mentir (ni defender la mentira) y no traicionar (por acción o inacción). Y la incongruencia sostenida termina convirtiéndose en una forma de deslealtad hacia el propio proyecto que les abrió las puertas de la representación popular.

En lo personal, yo no tengo dudas de lo que debemos hacer. No pedí licencia como Presidente Municipal de Escobedo para postularme a defender la Transformación en Nuevo León con ambigüedades en mente. Lo hice porque tengo la convicción de que debemos defender la honestidad pública, la rendición de cuentas y el principio elemental de que ningún gobernante está por encima del escrutinio de la sociedad.

Ha llegado el momento de que todas y todos en MORENA Nuevo León asumamos una posición inconfundible para demostrar que suscribimos plenamente la línea moral trazada por la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y que entendemos la disciplina doctrinaria y la congruencia política que Ariadna Montiel está fortaleciendo dentro de MORENA.

Porque los principios no sirven para adornar discursos. Sirven para tomar decisiones. Y cuando llega la hora de las definiciones, cada representante popular termina mostrando quién es y qué está dispuesto a defender.

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