← Volver
clarin.com · hace 16 horas · Clarin.com - Home

Hoy puede ser un gran día

Google

Faltaban metros para llegar a mi destino. Me sorprendió que el conductor del Uber no frenara. Me explicó que el Waze le indicaba que debía girar en la esquina, que nos llevaba al acceso correcto por otra calle. Que era yo el equivocado.

Cuando las apps colonizan neuronas así, nos preguntamos cuándo será el turno de las nuestras. O si no estaremos ya -sin protección para escolares ni frente a falsas respuestas sesgadas- dependiendo de una delegación ingenuamente consentida, a la que invitan las apps que, ahorrándole combustible a la corteza prefrontal, resuelven todo por nosotros, aunque oxidando la experiencia del pensar y razonar.

En tiempos de IA, de smartphones operando cual chupetes electrónicos y de apps que nos solucionan la vida sin control, la vacuna contra tanta vulnerabilidad reside, primero, en la atención. En estar atentos. En escoltar la IA con HA: Humanos Atentos.

Segundo, en la educación permanente enfocada en enriquecer la curiosidad y el conocimiento para reflexionar y actuar con criterio y fundamentos. Y tercero, en la dieta tecnodétox: domingos con móvil en modo avión, sin apps ni IA, al aire libre, con sol y gente conversando. No hay como un día de campo.

La IA, un crimen contra la condición humana, titulaba Eric Sadin su charla en Buenos Aires. Y añadía: la IA es una negación progresiva de lo que entendemos por experiencia humana. Por la atrofia de neuronas condenadas al paro. Por la pérdida de puestos de trabajo. O por el atropello de empresas cambiándolo todo ya por IA, para no ser devoradas por un competidor más veloz, sin reparar en que ciertos fundamentals de cualquier emprendimiento siguen siendo innegociables: el planeamiento estratégico, el cliente en el centro de la escena y la profesionalización de la gestión.

Según Werner Vogels, VP de Amazon, el impacto de la IA será como el del Renacimiento. Por eso, y por la velocidad de esta revolución, la demanda de control y atención consciente, continua e indelegable, de HA/Humanos Atentos, es tan imperativa como la de estimular la curiosidad y la educación permanentes. Todo para despabilarnos del letargo de las comodidades con las que nos seduce una banda de algoritmos conspirando para, cada tanto, darse el lujo de equivocarse ante el exceso de confianza humana.

Es que, como lo decía Abraham Maslow, el conocimiento hace a la persona más sabia, rica, fuerte, madura y contribuye a la realización de una potencialidad humana que es hoy absolutamente irrenunciable. Como lo es todo lo que nos hace imposibles de replicar por la IA: empezando por lo emocional.

Y siguiendo por la intuición, la conciencia, el sentir, la creatividad espontánea, la intención para activar decisiones, la solidaridad, la compasión, el confiar, el dudar, el gozar, el amar, el cuidar, el perdonar, la sabiduría de la experiencia. O el pensamiento crítico. Un atributo escaso, de expertos a quienes sería un error estratégico no integrar al proceso de optimizar el aprovechamiento de lo que nos trae la IA, minimizando sus efectos indeseables. Y ayudando -a la más amorosa profecía autocumplida- a preservar la experiencia humana, desde el sentido con el que cada uno decida amanecer en este maravilloso parque de atracciones que es la vida: hoy puede ser un gran día. Y mañana también.

Pablo N. Waisberg

Recibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de Clarín

Newsletter Clarín