Sector por sector: cómo impacta la mejora de la calificación de deuda argentina en las empresas
Las recientes mejoras de la nota de la deuda argentina no son solo una buena noticia para el Gobierno o para los tenedores de bonos soberanos. El impacto de la mejora en las calificaciones que hicieron primero la agencia crediticia Fitch y luego S&P Global respecto del país ayuda también a los distintos sectores de la economía, aunque como en toda esta nueva etapa hay ganadores y perdedores.
Las empresas del sector energético son, sin dudas, las más beneficiadas. La mejora de la calificación llega en un momento donde los precios internacionales impulsan las exportaciones.
Por un lado, tras subirle la nota de la deuda argentina, S&P Global Ratings también elevó la nota de empresas clave del sector, como Transportadora de Gas del Sur (TGS), Genneia y distribuidoras eléctricas, lo que refleja una normalización operativa caracterizada por la indexación y previsibilidad de los cuadros tarifarios.
"Al contar con perfiles crediticios individuales (stand-alone) sólidos, la flexibilización de los controles de cambio les permite a estas compañías aprovechar el menor riesgo país para captar financiamiento internacional de largo plazo, apuntalando proyectos estratégicos en áreas clave como Vaca Muerta y las energías renovables", advirtieron en la agencia crediticia.
Para los analistas de Fitch Ratings, las empresas de utilities (electricidad y gas) capitalizan la desregulación, la indexación de tarifas y la normalización de CAMMESA, que dejó de ser un factor de distorsión en la cadena de pagos. El sector de petróleo y gas, apuntalado por Vaca Muerta (que ya explica cerca del 77% del crudo nacional), avanza en destrabar cuellos de botella con proyectos de infraestructura como el Oleoducto Vaca Muerta Sur y plantas de GNL. En paralelo, la minería de cobre, oro y litio se consolida como el principal imán para los capitales de mediano plazo.
Al mismo tiempo, los analistas remarcaron que las entidades bancarias fueron las beneficiarias más directas e inmediatas del alza soberana. Esto se explica por la natural y fuerte correlación de sus balances con el riesgo del país, dada su tenencia de títulos públicos y la dinámica de depósitos. "El beneficio se concentró principalmente en los bancos de mayor envergadura y de importancia sistémica", destacaron.
Este movimiento ya se reflejó en las acciones de los principales bancos. En lo que va de junio, los ADR del sector financiero tuvieron ganancias de más de 12% en dólares en Wall Street.
A pesar de que los fundamentos de capital, liquidez y fondeo de la banca de mediano plazo son sólidos, en el sector privado recuerdan que el crédito bancario local suele ser el "último eslabón" en reaccionar. Las grandes obras de infraestructura e inversión que dinamizan la economía tienden a buscar primero el financiamiento de largo plazo en el exterior antes de derramar en las líneas comerciales de las entidades domésticas.
En este escenario, el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) funciona como un acelerador clave. A los ojos de las agencias de Nueva York, el esquema resulta sumamente atractivo porque apunta directo a los sectores que estructuralmente generan divisas, mitigando la debilidad crediticia histórica del país.
El gran atractivo del RIGI para las calificadoras de riesgo no es solo fiscal, sino cambiario: al permitirle a las compañías mantener los recursos fuera de la geografía argentina para atender directamente el servicio de su deuda y flexibilizar la liquidación de exportaciones, el régimen encaja perfectamente en las excepciones metodológicas. Así, las empresas bajo este paraguas podrían "perforar" el techo país mucho más rápido que el propio Estado soberano, aseguraron en Fitch.
En el otro extremo, analistas de Fitch ubicaron a las empresas de consumo masivo, comercio minorista y manufactura local , que muestran un ritmo de crecimiento considerablemente más lento. Aunque las empresas calificadas en este eslabón suelen ser líderes de mercado muy resilientes, sus volúmenes siguen golpeados por la pérdida del poder adquisitivo y el impacto del reordenamiento de los precios relativos y las tarifas en el bolsillo familiar, advirtieron.
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