Sobre la visita del papa León a España
El lema del viaje del Papa fue “Alzad la mirada” (Jn 4, 35). Visitó un centro de voluntarios y personas asistidas y subrayó el sentido evangélico de su labor, citando a Mateo 25: «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis». También advirtió contra las ideologías que desvirtúan la acción caritativa: «No es posible olvidar a los pobres si no queremos salir fuera de la corriente viva de la Iglesia» (Dilexi te, 15).
Las naciones centrales de Europa debieron esperar la visita papal de Francisco porque tenían prioridad los pueblos de la periferia. Por fin, la esperanza del pueblo español se cumplió. Durante siete días el papa León XIV compartió intensas jornadas con ellos: en Madrid del 6 al 9 de junio, en Barcelona los días 9 y 10, y en las Islas Canarias el 11 y el 12. Dicen que el deseo de que León XIV se quedara en esas tierras fue tan fuerte que el Airbus 320 de Iberiano no quiso levantar vuelo y debió regresar desde el aeropuerto de Terranova Norte en el Falcon de la realeza, por la cordial e inmediata invitación del rey Felipe VI, quien advirtió el capricho técnico.
En su primera intervención en el Palacio Real de Madrid, el Santo Padre aludió a una España que es “un gran país que, desde hace casi dos milenios, ha acogido la Palabra del Evangelio. La tradición siempre ha vinculado la primera evangelización de la península ibérica a la predicación del apóstol Santiago el Mayor”, dijo el papa León en su primer discurso a las autoridades españolas y al cuerpo diplomático, recordando así a uno de los testigos de la Transfiguración en el monte Tabor y otros milagros y apariciones de Jesús resucitado. Según la tradición, Santiago, nacido en Galilea, fue a Hispania a misionar después de la muerte y resurrección del Señor. Sería más tarde reconocido como el primer evangelizador de la península. Volvería a Jerusalén, donde sería ejecutado por orden de Herodes el Grande entre los años 44 y 47 d. C. El cuerpo, recuperado por sus discípulos, fue trasladado y sepultado en Galicia. Una estrella indicó el camino a donde van desde entonces más de 500 mil peregrinos por año provenientes de todo el mundo.
“Invito a todos —dijo en su discurso a las autoridades León XIV— por amor a la verdad, a abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de vuestra realidad social y de su historia, para pasar de las simplificaciones estériles a la apreciación fecunda de la complejidad. Veo aquí una vocación específica de Europa, de la que España es protagonista original y fundamental. Es el regalo que el Viejo Continente puede hacer al mundo si quiere permanecer joven, pues joven es quien siente que tiene un futuro y una misión que aún interpelan...”.
Alentó a seguir el ejemplo de “quienes no se encierran en ideologías prefabricadas, sino que se abren a la verdad. Como nos ha enseñado el papa Francisco, existe, en efecto, «una tensión bipolar entre la idea y la realidad. La realidad simplemente es, la idea se elabora. Entre las dos se debe instaurar un diálogo constante, evitando que la idea termine separándose de la realidad. Es peligroso vivir en el reino de la sola palabra, de la imagen, del sofisma» (Evangelii gaudium, 231). De hecho —concluía—, «la realidad es superior a la idea» (ibíd.). La verdad es siempre más grande que nosotros y por eso nos sorprende y nos atrae hacia caminos de purificación y reconciliación, en los que el diálogo con los demás —y con el Otro con mayúscula— se vuelve fundamental”.
En la plaza de Lima, el papa León XIV congregó a más de medio millón de jóvenes, donde hubo manifestaciones festivas de alegría, artísticas y religiosas.
El núcleo central del encuentro fue el diálogo entre León XIV y seis jóvenes, quienes le preguntaron sobre la fe, el discernimiento y el compromiso cristiano en la sociedad. León XIV los invitó a explorar “tres caminos para reconocer la voz de Dios: el silencio, la oración confiada y la humildad de quien se sabe siempre discípulo”. Animó también a los jóvenes a no temer a la vocación —sacerdotal, religiosa o matrimonial— y les confió una misión concreta: «Sed humanos: hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables».
“Es necesario —dijo el papa León—, sobre todo por parte de quienes tienen responsabilidades económicas, políticas e institucionales, dar un salto cualitativo, un cambio de rumbo en las inversiones destinadas a la escuela, la universidad y la investigación, a las comunidades locales y a la sociedad civil como semillero de participación y mediación cultural. La seguridad, que con demasiada frecuencia nos ilusionamos que provenga de las armas y los muros, madura más bien al aprender a avanzar junto al otro, a crecer juntos, codo con codo. Vuestra propia historia lo atestigua. La presencia del islam en la península ibérica, por ejemplo, constituyó una realidad política, cultural y religiosa de larga duración. Durante ese periodo no sólo hubo confrontación, sino que se intentó crear un espacio de contacto, conversación y diálogo sobre el sentido de la verdad entre cristianos, musulmanes y judíos. En la escuela de traductores de Alfonso X el Sabio, expertos pertenecientes a las tres religiones colaboraron en la traducción del rico patrimonio árabe, griego y hebreo, contribuyendo a la difusión de textos como, entre otros, los de los filósofos Averroes (1126-1198) y Maimónides (1138-1204)”.
“Como nos enseñó otro noble hijo de esta tierra, en las pruebas y los fracasos es posible replantearse todo: Ignacio de Loyola tuvo esta audacia, dando crédito a las desolaciones y consolaciones de su corazón, en un ejercicio de discernimiento e imaginación por el cual prefirió la paz a las armas y los santos a los poderosos”.
«Evitemos las palabras que humillan o enfrentan. Optemos por la claridad que ilumina y la franqueza que abre caminos. No bendigamos entusiasmos ingenuos ni alimentemos miedos estériles. Más bien, indiquemos criterios de discernimiento —la dignidad de la persona, el destino universal de los bienes, la opción por los pobres, el cuidado de la Casa común, la paz— y traduzcámoslos en prácticas: planificación responsable, evaluaciones del impacto humano y social, inclusión de los más frágiles, alfabetización digital, investigación e industria orientadas a la justicia y la paz» (Magnifica humanitas, 14).
“Majestades, Altezas Reales, señoras y señores, expreso mi agradecimiento a vuestro país por su fidelidad al derecho internacional y al multilateralismo, que se traduce en un compromiso activo con la paz y la solidaridad entre los pueblos. Al mismo tiempo, animo a cultivar también en su interior el diálogo y la amistad social, a tener en cuenta las perspectivas de los pobres y los jóvenes al imaginar el futuro, a armonizar las demandas de autonomía y de unidad, y a impulsar el proceso de unión europea, no en oposición a otras potencias, sino como un don para toda la familia humana”.
Una multitud de más de un millón de personas se congregó en la plaza de Cibeles y los alrededores, donde el Santo Padre presidió la misa y la procesión eucarística por las calles del centro de la ciudad, adornadas con alfombras de flores.
«El Corpus Christi no es una fiesta más del calendario litúrgico, sino un volver a las raíces de la fe para renovar el amor y la fidelidad a Dios». «La fe en la presencia del Señor Resucitado, que está vivo y sigue pasando en medio de nosotros». Aludió a vivir en salida: «dejarnos sacar nosotros mismos del egoísmo, de la indiferencia, de una fe cómoda y privada».
Con esa clave, el papa lanzó un llamamiento a toda España: «Que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy».
«Tejer redes con el mundo de la cultura, del arte, de la economía y del deporte» en Movistar Arena.
La tarde del domingo 7 de junio, el Movistar Arena de Madrid acogió el encuentro «Tejer redes», en el que el papa León XIV se reunió con representantes de la cultura, el arte, la academia, la empresa y el deporte. Entre los presentes estuvieron el actor Antonio Banderas, la bailarina Sara Baras, la cantante Rozalén y las medallistas olímpicas Carolina Marín y Teresa Perales.
«¡No temáis! ¡Abrid de par en par las puertas a Cristo! Jesucristo no nos quita nada, nos da todo».
El lunes 8 de junio, el papa León XIV intervino ante una sesión conjunta del Congreso y el Senado, con presencia de las principales autoridades del Estado.
El papa recordó que «España ha sabido mirar al ser humano como algo más que una pieza del orden social: lo ha reconocido como criatura abierta a la verdad, dotada de libertad y movida por una sed de eternidad». Desde esa convicción, planteó una pregunta directa a los legisladores: «Si la vida deja de ser reconocida como un valor fundamental, ¿qué futuro pueden tener nuestras sociedades?»
León XIV abordó también la familia, la libertad educativa, la migración —«una cuestión eminentemente moral y jurídica»—, los retos de la inteligencia artificial y el peligro del rearme, frente al que reivindicó que «la verdadera seguridad nace de la justicia, del diálogo paciente y del respeto al derecho internacional». Reclamó que quienes ejercen responsabilidad pública cuiden el lenguaje y deban «desarmar» la polarización.
“La defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional, es una meta de civilización”, dijo el Santo Padre en el Congreso y condenó al mismo tiempo la eutanasia. “Toda vida debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural”.
“…la dignidad inviolable de la persona humana no puede quedar subordinada a consensos mudables o al vaivén de las mayorías de cada momento”.
Que España: «… continúe siendo tierra de encuentro, de cultura, de solidaridad y de esperanza».
«Para edificar algo nuevo, hermoso y duradero hay que estar dispuestos a destruir los muros», afirmó, y animó a los presentes a ser «constructores de vínculos que restauren el lenguaje universal de la comunión, el amor fraterno y la concordia».
Setenta mil personas reunidas en el estadio Santiago Bernabéu aclamaron al papa León XIV, quien presidió el encuentro con la comunidad diocesana de la provincia eclesiástica de Madrid. Tomó la imagen de la polifonía para hablar de la Iglesia como «una familia eclesial tan hermosa que está aprendiendo el arte de la unidad en la diversidad» y situó el bautismo en el centro de su mensaje: “un don que transforma la vida porque se orienta al servicio y deja de ser un don privado para servir al bien común”.
Como último acto de su etapa madrileña, León XIV se reunió en el pabellón 3 de IFEMA con una representación de los más de 25.000 voluntarios que durante meses habían trabajado en la organización del viaje. El papa los agradeció inmensamente: «Os habéis tomado días libres en el trabajo, algunos os habéis dedicado a tiempo completo durante meses, pero cada uno ha dado lo que ha podido, entregando corazón, manos, ideas, talentos, sonrisas». “Gracias”. Lo central de su mensaje fue la gratuidad como «levadura» del Reino de Dios, contrapunto necesario a la lógica del interés que domina el mundo actual.
Ante el Santísimo y la tumba de Gaudí, el papa León XIV celebró la Eucaristía en la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona y bendijo la torre de Jesucristo. En su homilía dijo que, “como arquitecto ardiente de fe, el venerable Antoni Gaudí concibió estos espacios con el deseo de narrar los misterios de la vida del Señor: de este modo nos ha propuesto una peregrinación espiritual que conduce al encuentro con Cristo” (invitamos a nuestros lectores a ver el video de Vatican News sobre la celebración presidida por el papa y el magnífico coro de niños).
“La Sagrada Familia es la iglesia más alta del mundo, no para destacar en clasificaciones mundanas, sino para guiar los pasos del pueblo de Dios que peregrina en España, con la cruz que ilumina el camino, como una lámpara encendida en la espera del regreso del Esposo”, dijo el papa León XIV.
Forman parte del territorio español. Son un archipiélago compuesto por ocho islas. La segunda más grande es Gran Canaria, donde estuvo el papa León el primer día, mantuvo un encuentro en el puerto de Arguineguín, brindó un discurso en la catedral de Santa Ana y una misa en el estadio de Gran Canaria. En Santa Cruz de Tenerife, el papa León mantuvo reuniones con los migrantes en uno de los centros de acogida, donde pronunció unas palabras con mucho amor y reconocimiento y escuchó testimonios. Puso el foco principalmente en la condición de los migrantes, provenientes en su mayoría de África, en las extorsiones, el destrato sufrido por los traficantes de seres humanos y de drogas, y en las víctimas, muchas veces mortales, ocurridas en el cruce del mar.
El viernes 12, León XIV alzó la voz con inusitada firmeza al “…arremeter contra los mercaderes de personas: los que cobran cifras estratosféricas por facilitar el cruce del océano a los inmigrantes y aquellos que los esclavizan sin piedad”.
“Por cada vida perdida, cada familia engañada, cada cuerpo sometido, cada mujer amenazada, cada trabajador explotado, habrán de comparecer ante la justicia divina”, manifestó.
En un grito que evocó el que profirió el papa Francisco a los mafiosos en 2014, clamó: “¡Deténganse. Conviértanse!”.
En esta última jornada, León XIV mantuvo un doble encuentro con la realidad migratoria, lo que revela hasta qué punto ha querido subrayar la importancia de este fenómeno.
En la plaza del Cristo de La Laguna, capital de Tenerife, con motivo del Encuentro con las Realidades de Integración de los Migrantes y ante unas 4.000 personas, el Pontífice ofreció también varias claves dirigidas a los inmigrantes para que no queden “encerrados para siempre en la condición de víctimas”.
Así, pidió acoger “sin diluir la identidad ni cerrar el corazón al encuentro” y recordó que toda sociedad que acoge “tiene deberes hacia quienes llegan”, mientras que quien es acogido debe mostrar “responsabilidad y deseo sincero de construir junto a los demás”.
León XIV hizo suya la postura de la Iglesia enunciada por el papa Francisco sobre la migración en cuatro verbos fundamentales: acoger, proteger, promover e integrar, y afirmó al mismo tiempo que la integración no puede reducirse a una mera tarea social.
“Quien llega a nuestras parroquias necesita pan, techo, lengua, trabajo y protección”, dijo, y agregó: “la acogida tiene que ir más allá de la emergencia”.