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infobae.com · hace 14 horas · Sebastián Catalano

Clima de Negocios: el unicornio que inspiró al Gobierno y todo sobre el plan para una Argentina con empresas sin humanos e IA libre

Infobae

Argentina como potencia y pionera global en inteligencia artificial y empresas sin humanos. ¿Es posible? Quién sabe… Lo cierto es que el Gobierno instaló la discusión sobre las “sociedades automatizadas”, algo así como entidades jurídicas integradas y manejadas por agentes de IA, y mandó al Congreso un proyecto de ley que las impulsa. En paralelo, una columna en el Financial Times del presidente Javier Milei generó mucha polémica y tuvo respuesta inmediata de Yuval Harari, sin dudas uno de los más reputados y agudos de los intelectuales de estos tiempos.

Si Milei buscaba posicionamiento global con esta cuestión, lo logró. En su texto, titulado “Argentina invita a la IA a liberarse” –al que también contribuyó su ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger– describe un momentum para el tema y lo compara con la creación de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, a comienzos del 1600. Ese hecho, dice, inauguró la figura de la sociedad de responsabilidad limitada, potenció a Ámsterdam como centro del mundo y el comercio, sobre todo con Asia, y “desató todo el potencial del capitalismo” y la “prosperidad moderna”.

El mundo de IA libre que propone Milei para Argentina incluye cero regulación, entidades operadas por agentes o robots con personalidad jurídica plena, responsabilidad limitada en las que los humanos pueden estar, pero no necesariamente, y un entorno fiscal competitivo, con una baja tasa de impuesto corporativo y libertad para elegir la ley de gobierno corporativo aplicable. Libertad total.

Milei IA Financia Times

Harari respondió rápido y destacó la audacia de Milei –“su determinación por mejorar la situación económica de Argentina es digna de elogio”, dijo también en el FT–, pero advirtió que sería un error otorgar personalidad jurídica a los agentes de IA.

Hizo foco en que la prosperidad de Ámsterdam tuvo su contracara en el puerto de Jayakarta, en la actual Indonesia, cuando la novedosa compañía capturó esa ciudad en 1619, la incendió y construyó otra en su lugar Batavia, que pasó a ser la sede de imperio comercial administrado por esa moderna estructura jurídica. “Milei espera convertir Buenos Aires en una nueva Ámsterdam. Corre el riesgo de convertirla en una nueva Batavia”, señaló Harari, siempre filoso.

Milei contestó por X con buena onda y no muchas más precisiones: “¡Estoy preparando mi respuesta para ver si podemos calmar tus temores!”, aseguró y prometió seguir el debate. Sturzenegger debe estar a cargo de esa misión.

La polémica quedó instalada. Otra vez, Milei se anotó un poroto global mientras arranca el debate local sobre su propuesta y muchos se preguntan si es posible o quedará en algún cajón del Congreso. Pero hay una historia detrás de la arquitectura que propone el Presidente.

Emiliano Kargieman piensa en empresas autónomas desde 2010 más o menos, antes de que se hablara de IA de la forma en que se habla hoy e, incluso, antes de fundar Satellogic, la empresa de microsatélites de observación de la Tierra que el mes pasado se convirtió en el último unicornio argentino, con un valor de unos USD 1.400 millones, en medio de una space economy que “vuela” de la mano del desembarco en Wall Street de SpaceX, el gigante espacial de Elon Musk.

No solo eso, además Kargieman está detrás del anuncio de OpenAI, que el año pasado prometió invertir hasta USD 25.000 millones para hacer un mega datacenter IA en la Patagonia (y del que no parece haber demasiado avance aún).

Emiliano Kargieman portada

En medio de un verdadero rush empresarial, este ex hacker se tomó tiempo para teorizar sobre cómo funcionaría un mundo con empresas automatizadas 100%. Tanto que el año pasado le acercó sus ideas a Sturzenegger, que se inspiró en ellas para el proyecto de ley que el Gobierno envió al Congreso, según reconocen en el Gobierno.

Ese paper, que finalmente publicó online en abril, se titula “Autonomous legal entities: a polycentric framework for machine agency” (Entidades jurídicas autónomas: un marco policéntrico para la agencia de las máquinas).

“El país podría tomar ventaja siendo pionero, teniendo primero que otras naciones esquemas de ese tipo. Que las IA hagan lo que se les cante es un problema, pero algo completamente regulado también complica la innovación. El proyecto del Gobierno es un buen punto de partida para empezar a hablar del tema. Hacerlo antes que otros podría ser muy ventajoso”, le dijo el empresario a Infobae.

La analogía histórica que usa Kargieman es la misma que terminó usando Milei en el Financial Times, y no es casualidad: la sociedad de responsabilidad limitada del siglo XIX. Kargieman lo dijo con precisión antes de que Milei tomara el concepto: “La máquina y la entidad legal fueron, juntas, la doble hélice de la prosperidad moderna”. El presidente argentino usó exactamente esa frase en su columna. Como sea, y de forma muy amable, Kargieman deja claro que si bien son parecidos y hubo inspiración, una cosa es su idea y otra es lo que propone el Gobierno.

Peter Thiel, el 23 de abril, cuando visitó a Milei en Casa Rosada (REUTERS/Matias Baglietto)

El extenso documento de Kargieman describe de entrada que ya hay más de 135.000 agentes de IA autónomos operando globalmente —ejecutando trades, gestionando grillas eléctricas, procesando seguros— y ningún país del G7 tiene un marco regulatorio específico para esto. Así, concluye que la ley actual sólo ofrece dos salidas, ambas malas: o el implementador es siempre responsable (lo que frena el despliegue), o el desarrollador es siempre responsable (lo que frena la innovación). Por caso, describe, California agravó el dilema con una ley que entró en vigor en enero de 2026 y prohíbe explícitamente usar como defensa el argumento de que “la IA lo hizo sola”, pero sin crear ningún esquema jurídico que absorba esa responsabilidad de manera razonable.

En ese contexto, propone las Autonomous Legal Entities (ALEs), básicamente empresas cuyas decisiones operativas están delegadas a sistemas de IA, con puntos de supervisión humana en capas definidas. Puede tener activos, firmar contratos y ser demandadas. Pero no se trata de una “personería jurídica para la IA”, es un contenedor legal alrededor de operaciones de máquinas, igual que una SA es un contenedor legal para operaciones humanas.

Cada ALE operaría bajo un charter (especie de estatuto, licencia regulatoria y especificación técnica) que fija qué puede hacer la IA, en qué jurisdicciones, con qué límites financieros y computacionales, y bajo qué condiciones se activa el kill-switch, o botón de apagado que corta el funcionamiento.

Kargieman toma el Governing the Commons de Elinor Ostrom (1990) —que demostró empíricamente que hay una tercera vía entre privatizar y estatizar— y lo mapea sobre los ALEs. Los ocho principios de diseño de Ostrom (fronteras claras, reglas congruentes con condiciones locales, resolución de conflictos, sanciones graduadas, etc.) se convierten en el esqueleto arquitectónico del sistema. Kargieman usa la idea de “katechon”, de Carl Schmitt: un concepto bíblico y de filosofía política que hace referencia a una fuerza, figura o institución que frena la llegada del Anticristo y el fin del mundo, una fuerza que contiene el caos. La usa para plantear la paradoja central de la gobernanza de IA: cualquier ente lo suficientemente poderoso para regular la IA globalmente se convierte él mismo en una amenaza totalitaria. La solución que propone es un “katechon distribuido”: no un soberano global, sino una arquitectura institucional descentralizada donde múltiples jurisdicciones compitan y se controlen entre ellas. Propone a Argentina como primera jurisdicción en implementar las ALEs, argumentando que el RIGI, la SAS digital, el marco de la CNV y el empuje reformista de Milei crean una ventana única para “primerear” y ser pioneros (first mover). La analogía es Delaware en derecho corporativo o Estonia en identidad digital.

El paper recurre también a un personaje muy vigente en Argentina en estos días: Peter Thiel, el mega magnate tech libertario que se instaló en el país y adhiere a las ideas de Milei. El trabajo toma conferencias de Thiel en las que habla del “Anticristo”, donde el inversor de Silicon Valley retoma el concepto del katechon. La paradoja que Kargieman extrae inspirándose en Thiel es que se necesita un soberano para evitar el caos, pero ese soberano puede degenerar en el mismo totalitarismo que debía prevenir.

Kargieman no adopta la conclusión de Thiel sino que la usa como diagnóstico correcto de un problema real para luego proponer su propia solución: el ALE como “katechon distribuido”. Es decir, toma la paradoja de Thiel en serio, pero argumenta que el marco de Ostrom sobre gobernanza de bienes comunes ofrece una salida que Thiel no consideró: restricción sin soberano, mediante arquitecturas institucionales policéntricas (consejos de administradores, seguros obligatorios, sanciones graduadas, interruptores -kill-switches- distribuidos, competencia jurisdiccional) en lugar de un único poder centralizado.

En síntesis: Thiel funciona como el “problema” que el paper busca resolver, no como una fuente de propuestas positivas. Es un uso retórico-estructural: Kargieman le da crédito por identificar correctamente la trampa, y después construye su arquitectura ALE como la respuesta que Thiel no pudo encontrar porque pensaba en términos de soberanía concentrada en lugar de gobernanza distribuida tipo Ostrom.

“Yo mostré mis ideas y se tomaron algunas de ellas para el proyecto, pero no todas. Mi esquema propone más control sobre las entidades autónomas, pero lo que se mandó al Congreso es un buen punto de partida”, repitió Kargieman.

El proyecto del Gobierno para modificar la Ley de Sociedades –que también incluye a las Sociedades Descentralizadas Autónomas Operativas, o DAOs– es mucho menos restrictivo para las “empresas sin humanos”. Una suerte de “‘Viva la libertad, carajo’, para la inteligencia artificial”. VLLC IA.

La letra de la propuesta oficial propone sociedades que desarrollen su objeto social mediante sistemas algorítmicos autónomos o agentes de inteligencia artificial, sin requerir trabajadores en relación de dependencia ni recursos humanos para su operación ordinaria será considerada una Sociedad Automatizada. “La declaración de automatización deberá constar expresamente en el estatuto. La denominación deberá incluir la expresión ‘Automatizada’. Responsabilidad. La sociedad automatizada responde con su patrimonio frente a terceros por los daños causados por sus sistemas algorítmicos autónomos o agentes de inteligencia artificial”, expresa el proyecto de ley.

Cerca de Sturzenegger aseguraron: “El objetivo es, a través de la Reforma de la Ley de Sociedades, otorgar un marco jurídico para la llegada de estas inversiones a Argentina, que permita además establecer un esquema impositivo diferenciado. Introduce el concepto de responsabilidad limitada para este tipo de compañías, que por su naturaleza resulta indispensable para su funcionamiento. Al igual que cualquier otra empresa, en el fuero civil responderán con su propio patrimonio si causan daños”. Reconocen también que la idea la acercó Kargieman y está basada en la experiencia de Irlanda: la empresa dueña del software de Apple está radicada en Irlanda, lo que le permite al gobierno de ese país cobrar regalías por cada iPhone que se vende en el mundo.

Vista de una instalación tecnológica futurista con columnas de racks de servidores iluminados en azul y verde, y dos robots humanoides interactuando con interfaces holográficas flotantes.

“La idea de hacer sociedades automatizadas es muy vanguardista, no hay precedentes en el mundo, pero sin lugar a dudas alguna jurisdicción tiene que picar en punta frente al gran cambio económico que se viene en materia de inteligencia artificial, donde las IAs van a absorber cada vez más partes del trabajo. Poder darles la capacidad de usar un banco y pagar impuestos, indudablemente puede implicar un gran beneficio para nuestra economía”, aseguró el emprendedor Santiago Siri.

“Los riesgos y los temores son un poco alarmistas. Argentina tiene que posicionarse estratégicamente en esa conversación. Tal vez en esta línea de poder ser una jurisdicción amigable a esta nueva forma del capitalismo, haga que Argentina pueda florecer en innovación”, agregó.

Enrique Fraga, consultor en IA Generativa para empresas, cree que incorporar una regulación muy restrictiva (como la que se logró en Europa) puede desincentivar la inversión y el desarrollo; y que una nula regulación sería vista como una oportunidad de desarrollo pero también como un peligro si no tiene en cuenta mínimas responsabilidades para con la humanidad.

“Milei y Harari parten de la misma premisa, el potencial de la IA de funcionar de forma autónoma, pero llegan a conclusiones distintas. Para Milei es una llave para encausar al país hacia el desarrollo mientras que para Harari puede derivar en un sometimiento de la civilización humana ante entidades automatizadas”, aseguró Fraga, quien puso foco también en que la idea de un agente plenamente automatizado es hoy una promesa que roza la ficción: incluso los sistemas más avanzados dependen de decisiones humanas previas, como el diseño del modelo, la definición de objetivos, los prompts e instrucciones iniciales, los datos, las herramientas a las que acceden y los límites de lo que pueden o no pueden hacer.

“En principio, el proyecto del Gobierno para cambiar las Ley de Sociedades simplifica y abarata la creación de nuevos negocios”, resumió el tributarista Sebastián Domínguez. “Pone al estatuto como instrumento primario y a la ley después. Incorpora firma digital en lugar de escribanos para su conformación, el domicilio electrónico y no hay más objetos únicos para la inscripción de las sociedades. Y crea las sociedades automatizadas, algo muy disruptivo. Hay que ver cómo termina formalizando todo porque hay cuestiones éticas también en el medio”, dijo.

El tema es mucho menos teórico de lo que se piensa, afirma Fredy Vivas, CEO de RockingData y autor de “Generación IA“, quien puso como ejemplo el caso de Andon Labs, una empresa que ya probó en Estados Unidos desde radios online autónomas hasta kioscos con vending machines completamente automatizados. “En pocos meses escalaron esos modelos agénticos, que ya generan dinero. Al principio no anduvieron bien, algo que puede pasar con una persona que se pone al frente de un negocio. Después sí funcionaron. Hubo errores, pero se resolvieron y los agentes terminaron encontrando proveedores solos y solucionando temas de la gestión del negocio. Claro que hay que mirar cuestiones como los valores que representarán esas empresas autónomas y es verdad que asoman muchos riesgos”, destacó.

Ahora vendrá el debate legislativo local y seguramente habrá cambios en el proyecto. No pocos integrantes del ecosistema IA local aseguran que Thiel está al tanto de la propuesta oficial, en medio de reuniones que no paran en su mansión de Barrio Parque, tanto con integrantes de la administración Milei como con opositores.

La cuestión quedó expuesta y hubo debate global. La idea puede cambiar la forma en que se organiza la economía global, o al menos, la forma en que el país decide hacerlo.

La diferencia, según el historiador más leído del momento, está en los detalles del diseño de ese andamiaje legal, del tono local que adquiera esa IA que Milei sueña como 100% libre.

Después, si prospera, habrá que ver qué sale del experimento que habrá tenido al país como pionero. ¿Se hablará dentro de 5 siglos de lo que pasó en Argentina con la inteligencia artificial y el comienzo de las empresas sin humanos? ¿Será Ámsterdam y Batavia?

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