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lanacion.com.ar · hace 15 horas

Cartas de lectores: La política, sin moral; incompatibilidad, oscuridad

LA NACION

Se suele afirmar que la política tiene intereses, no moral. Sin embargo, en democracia el problema no es solo si los gobernantes poseen ética, sino si las instituciones y la ciudadanía exigen que el poder esté limitado por la ley, la rendición de cuentas y principios morales. Cuando corrupción e impunidad dominan los negocios del Estado, la injusticia se naturaliza y la confianza pública desaparece. Platón, Aristóteles, Kant y Max Weber, desde distintas perspectivas, coincidieron en que la política debe orientarse al bien común y nunca desligarse de la responsabilidad ética. El poder mal usado deja de servir a la sociedad y pasa a servirse de ella. No es la política la que carece de moral, sino quienes la degradan convirtiendo el Estado en un instrumento de privilegios e impunidad. Mientras esa lógica sea tolerada, la democracia conservará sus formas, pero perderá su esencia.

El Jefe de Gabinete presentó, por fin, la rectificación a las declaraciones juradas presentadas oportunamente. Para justificar su accionar manifestó que él ahorró “en negro, como todos los argentinos”. Quiero señalar que no es como todos los argentinos, pues como yo, hay muchos que no pudieron hacerlo por tener una actividad económica e ingresos que se generaban en forma transparente y clara. Aunque haya muchos ciudadanos que hayan ahorrado en negro entiendo que no es un justificativo razonable, creo que su actitud esconde una falta total de moral ciudadana que lo inhabilita para ocupar tan importante cargo en la estructura del Estado. Sin duda prioriza su bienestar y sus intereses económicos, que son, a mi entender, incompatibles con la vocación de servicio y transparencia en un alto cargo en el Estado Nacional.

¿Cual será el motivo por el cual durante estos días estuve recordando el viejo dicho (más longevo aún que yo) que expresa “no aclares que oscurece”? O, quizás, haya nacido una nuevo pero parecido que diga algo así como: “No sigas aclarando indefinidamente que el negror resulta ya insoportable”.

La oposición que quiere echar al jefe de gabineteAdornies la que quiere que una condenada por corrupción, en prisión domiciliaria, quede libre (?). Quévergüenza, cuánta hipocresía y desfachatez.

Manuel Adorni ha confesado que, al igual que muchos argentinos, colocó sus ahorros en negro. Sería muy hipócrita que la sociedad argentina fingiera escándalo por esta declaración. La costumbre de ahorrar fuera del sistema y en moneda extranjera ha sido y es la inevitable consecuencia de los muchos episodios en los que el Estado Nacional se apropió de los ahorros de los argentinos. Acudiendo a la memoria recuerdo la pesificación de los depósitos en dólares dispuesta por el presidente Illia y su ministro Eugenio Blanco, el “rodrigazo” durante el gobierno de Isabel Perón, el “desagio” de los plazos fijos “australizados” por el presidente Alfonsín, el plan Bonex durante el gobierno de Carlos Menem, y el “corralón” en tiempos de Eduardo Duhalde. Las numerosas leyes de blanqueo de capitales e incluso el presente régimen de inocencia fiscal que invita a bancarizar los “dólares del colchón” son la más clara demostración de esta realidad.

Sin perjuicio de lo expuesto, creo que la condición de deudor tributario confeso que tiene asumida Manuel Adorni lo inhabilita para desempeñarse como jefe de gabinete de ministros, teniendo en cuenta que la Constitución Nacional en el inciso 7° del Art. 100 establece que le corresponde al jefe de gabinete de ministros “hacer recaudar las rentas de la Nación”. Mal puede tener la responsabilidad última por la recaudación quien se reconoce deudor tributario, y deberá enfrentar actuaciones administrativas en las que la Dirección General Impositiva deberá determinar su deuda e imponer la pena de multa que corresponda a su conducta.

Con relación al caso Adorni, me parece que el problema no es su declaración jurada, sino que es mucho más grave todavía. Porque haber reemplazado a un funcionario idóneo e indiscutido como Guillermo Francos por otro que ha generado un enorme desgaste político innecesario es como pegarse un tiro en los pies.

El diputado Pichetto dijo, refiriéndose a Cristina Kirchner que “tener presa a una figura que fue dos veces presidente y una vez vicepresidente, pone a la democracia en una situación de extrema fragilidad”.

Sr. diputado Pichetto, lo que hace frágil a nuestra democracia es que esté llena de corruptos y de personajes que están inmersos en ella con la sola finalidad de lograr beneficios propios.

En cuanto a la expresidente, “el que las hace las paga”, aunque en nuestra querida república esa máxima se aplique poco.

Dentro de pocos meses se irán definiendo las tendencias para la votación presidencial del año próximo. El panorama,construídopor rechazos y frustraciones, es complicado. El viejo partido militar, en su única expresión perdurable, el peronismo, se ha convertido en una fuerza deplastilina ,derecha ,izquierda ,“fachos” y “zurdos” ,todo a la vez o a su turno solventado por el sindicalismo tradicional. Los actuales libertarios, provenientes de un desprendimiento del peronismo en sus principales cabezas. intentan dar una peligrosa “batalla cultural” esencialmente antidemocrática y con una agresividad y falta de empatía pocas veces vista. Si el republicanismo, dejando de lado cuestiones ideológicas que en este contexto no tienen cabida, no reacciona y cumple de una vez con su deber de intentar lograr un gobierno responsable, serio, honrado, eficiente y con sentido social, la próxima contienda encontrará dos bandos cuyo paso por los diferentes gobiernos ha sido nefasto.

Radicales,socialistas ,demócratas de distinta pertenencia tienen la obligación de conciliar intereses dejando de lado personalismos y pretensiones hegemónicas, constituyendo una sólida fuerza republicana-democrática que compita con posibilidades de éxito. De no ser así las grietas del enfrentamiento y la corrupción generalizada nos hundirán a todos

Empezó otro Mundial. Los argentinos esperamos mucho del seleccionado. Nos acostumbró mal. Nos colmó de satisfacciones. Es el campeón. Habrá quienes pidan otra estrella. Y que vuelva la sana fiesta. La ilusión del plantel sigue intacta. Las ansias de gloria y el respaldo de un país, también. Repetir la historia es difícil. Los jugadores no tienen, aunque la sientan, la obligación de cambiar las penurias de millones de compatriotas por felicidad. No es su tarea: es jugar al fútbol. El seleccionado tiene excelencia técnica, espíritu inquebrantable, solidaridad. Un DT que no se ata a esquemas rígidos. Notables figuras, con una gran renovación. Y tiene a Messi, el mejor del mundo, el líder mágico, en su última función.

Nada garantiza el éxito. Los rivales, los imponderables, también juegan. Más allá de reinventarse y de poder retener la Copa, el seleccionado no perderá la identificación, el orgullo que despertó en estas tierras. Ese intangible título ningún resultado se lo quitará. Nunca.

La selección argentina de fútbol cuenta con un jugador de calidad diferencial: Lionel Messi. No solo se destaca por su extraordinario nivel técnico y estratégico, sino también por su fortaleza psicológica, producto de su vasta experiencia y de haberse consagrado campeón del mundo, lo que potencia aún más todas estas cualidades. Además, puede decirse que en el último Mundial y en la actualidad Messi funciona casi como parte del cuerpo técnico de Lionel Scaloni, ya que es consultado permanentemente por su capacidad para leer la singularidad de cada partido. Incluso, es posible que la decisión de ubicar a Di María como extremo izquierdo en la final contra Francia haya surgido de una sugerencia suya. La combinación de estas condiciones, sumadas a su personalidad y a su liderazgo, hace que la selección argentina vuelva a tener serias posibilidades de consagrarse nuevamente campeona del mundo.

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