¿Hasta cuándo puede durar el gran simulacro?
Tal vez el mayor problema que enfrente desde ahora el gobierno de Javier Milei no sea que Manuel Adorni, el Jefe de Gabinete, haya mentido una vez más sobre su situación patrimonial. Lo inquietante parece ser que de no mediar un golpe de timón pueden empezar a derrumbarse las vigas de credibilidad pública sobre las cuales se viene sosteniendo el sistema libertario.
La profundidad del conflicto que desató hace tres meses el portavoz oficial aflora reflejada en todos los trabajos de opinión pública. El último realizado por la consultora Managment & Fit resulta concluyente. El 80% de los consultados rechaza su figura, aunque bifurca posibles soluciones: un 50% sostiene que tuvo que haber renunciado. Un 30% afirma que debió por lo menos haberse corrido de la función pública hasta que la Justicia defina la situación.
El escándalo con Adorni descubre múltiples dificultades para el Gobierno. Su narrativa de época en la cual la invocación a la moral constituyó siempre un eje se estrella ahora de frente contra la realidad. El futuro desenvolvimiento de la maquinaria de poder cuyo corazón está representado por Milei y Karina, la secretaria general es un enigma. El Presidente convalidó en público al menos hasta ayer el fraude del jefe de Gabinete. La hermanísima permanece refugiada en el silencio, pero fue la autora intelectual en origen del blindaje realizado sobre el portavoz. ¿Está arrepentida? La administración libertaria, en ese contexto, parece estar arreando una de las banderas simbólicas que agitaba para diferenciarse de “la casta”. Estaría jugado a suerte y verdad, pensando en la reelección del 2027, solo con el incierto servicio que pueda brindarle la economía.
El gran dilema, a lo mejor, pasa por lo que alguna vez pontificó el gran filósofo alemán, Friedrich Nietzsche. El problema no sería la mentira ya dicha sino la imposibilidad de recuperar a futuro la credibilidad. La confianza, últimamente dañada, ha sido en la primera mitad del mandato de Milei el principal capital político.
El recorrido de Adorni del último trimestre podría asemejarse según lo define la ciencia a la pseudología fantástica. Esa necesidad incontrolable de falsear la realidad. Se diferencia de la mentira normal que a menudo brota sin un beneficio claro en que se convierte en un hábito constante que le permite al emisor creer sus propias invenciones.
Desde que estalló el escándalo existió una guía del sentido común que auguraba un epílogo como el que acaba de ocurrir. Sorteando las conjeturas judiciales, políticas y personales. ¿Era concebible que un funcionario con dos años y medio en la actividad pública necesitara tres meses para justificar en su declaración jurada dos apartamentos, una casa en un country y un par de automóviles usados?. La demora obedeció a la perentoriedad de algún armado contable que lo proteja del lavado de dinero y el enriquecimiento ilícito. El resto está perdido.
Lo verdaderamente grave es que en el engaño Adorni terminó arrastrando al propio Milei. El Presidente había dicho en un reportaje haber visto los papeles de su funcionario que estaban en orden. Fue cuando comunicó “la inminente” presentación de la declaración jurada que ocurrió 35 días mas tarde. El relato del jefe de Gabinete para justificar sus gastos de los últimos años resultó una fábula asombrosa. Pinocho se hubiera ruborizado.
Mencionó haber encontrado en la casa de su padre fallecido, junto a su hermano, una caja con dinero. Luego, haber realizado una inversión de US$ 200 mil en bitcoins (según él en 2014; negó cualquier operación de ese tipo en 2017 y 2022) que le permitieron ganar otros US$ 300 mil. Jamás declaró nada de eso. Ni siquiera cuando se incorporó al Gobierno. Maltrató a los periodistas que se animaron a interpelarlo e hizo de su último informe ante Diputados una estafa. Habló imperturbable y ratificó la historia que luego mutó en la última declaración jurada y las precedentes. En las cuales introdujo 25 cambios. Con aquel supuesto monto de dólares a la vista, ¿Por qué razón tomó hipotecas a jubiladas para comprar un departamento en Caballito?
El escándalo de Adorni se ha convertido en una rendija que permite observar un paisaje panorámico de aquello que los libertarios entenderían como conducta pública. O ética del poder. La ley de Inocencia Fiscal, sancionada en las sesiones extraordinarias del Congreso, que incluye el Régimen Simplificado del Impuesto a las Ganancias, a la cual se acogieron el jefe de Gabinete y su esposa, fue aprobada de madrugada y de apuro en Diputados.
Los votos provinieron de La Libertad Avanza, el PRO, la UCR y representantes de tres gobernadores. Raúl Jalil, de Catamarca, Osvaldo Jaldo, de Tucumán, y Gustavo Sáenz, de Salta. La idea promovida es la que genera ensoñaciones en Luis Caputo, el ministro de Economía: atraer dólares que estén fuera del sistema y volcarlos a la reactivación. Tuvo poco éxito --como con los colchones-- a punto tal que estaba proponiendo reformarla. Había convocado para eso a un grupo de profesionales. La mayoría de los que sacaron provecho están en el poder o bajo su sombra: desde Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación, hasta Andrés Vázquez, del ARCA, denunciado por tener propiedades no declaradas en el exterior. En el tránsito se pudo recoger a Nicolás Pazo, secretario de Planeamiento. O a Fernando Iglesias, embajador en Bruselas.
Para no desmentir que casi siempre en política los polos se terminan tocando vale una recordación. En marzo pasado el Tribunal Oral 3 en lo Penal Económico benefició con la Inocencia Fiscal a Lázaro Báez, alfil de Néstor y Cristina Kirchner en la trama de corrupción, por presunta evasión agravada de la empresa Austral Construcciones. La gran beneficiaria de la obra pública que terminó llevando a prisión domiciliaria a la ex presidenta.
La ley de Inocencia Fiscal no sería la única que estaría marcando rasgos llamativos de la administración libertaria. Se notaría una tendencia al altruismo para legislar o adoptar resoluciones que por capricho del destino terminarían por volcarse en favor del propio oficialismo. El Banco Nación promovió hace dos años créditos hipotecarios en condiciones razonables en un mercado en el cual escasean. El financiamiento terminó beneficiando a 1.120 funcionarios nacionales y legisladores, no únicamente de la Libertad Avanza. Las Personas Políticamente Expuestas cercanas a Milei obtuvieron créditos cercanos a los $ 2.500 millones.
Adorni ha desafiado con su derrotero las leyes de la lógica más elemental. El peligro reside en que, por otras razones, el Presidente copiaría esa conducta. Nadie en el Gobierno se explica por qué motivos los hermanos Milei continúan protegiendo al jefe de Gabinete. ¿Por qué sostener a alguien cuya palabra cotiza casi nada rozando la credibilidad nula? Se suele caer en la tentación de justificar todo en el equilibrio imprescindible del sistema de poder que el líder libertario compone con Karina y Santiago Caputo, el asesor de las comunicaciones.
Quizá resulte la explicación más confortable para no ingresar en el pedregoso terreno de las suspicacias. Adorni fue un producto político virgen de los hermanos del poder. Sentían haber rozado el cielo con sus dedos, en especial cuando doblegó al macrismo en la Ciudad. El contador atesora quizá demasiados secretos comprometedores. O pudo haber actuado en tándem en alguna circunstancia con Milei y Karina. Su recurrencia a supuestas inversiones en bitcoins coincidió –solo eso-- con una novedad en el caso $LIBRA. Un peritaje de la Policía Federal certificó que el Presidente obtuvo el contrato del criptoactivo directamente de la persona que lo ideó –no de la Web-- y derivó en una estafa. Es decir, estaba al tanto de todo.
La permanencia de Adorni después de lo ocurrido produce cada día fisuras más visibles en el equipo de gobierno. Existe un estigma que da vuelta y desvela. No hay ministro que esté dispuesto a tolerarlo como gran coordinador. Milei insiste para que lo haga. Lo instó a que en julio concurra al Senado a realizar su informe. “Algo sucede. Me parece que los hermanos tienen una desconexión con la realidad. Están en un país imaginario”, ilustró un importantísimo ministro.
La situación del jefe de Gabinete demuestra que anda por el gobierno compartiendo solo el silencio de su propia inconciencia. Existió un único tuit de respaldo después de la explicación patrimonial que fue del documentalista Santiago Oria. Lo replicó Milei. La nueva coreografía que inventó Karina juntando a los integrantes de la mesa política sirvió de poco. Patricia Bullrich volvió a desenfundar su puñal: “Es más que un error, se trata de una omisión ética”, disparó la senadora contra Adorni.
La mujer que se asume libertaria tuvo menos reparos para pronunciarse que la dirigencia de su anterior partido, el PRO. Finalmente existió un comunicado condenando la conducta del portavoz y pidiendo su separación porque Mauricio Macri y Cristian Ritondo, el jefe del bloque, lo consideraron inevitable. Ahora les espera el desafío en el Senado y Diputados donde se convocaron sesiones para ajusticiar al jefe de Gabinete.
La perplejidad es la moneda corriente que circula en este momento en el mundo libertario. “Toto” Caputo maldice ante la imposibilidad de explotar de mejor manera el índice descendente de inflación (2,1% en mayo) y la baja del riesgo país.
También pasó de largo el acuerdo con la Universidad que incluye la recomposición salarial después de treinta meses de conflicto y cuatro marchas federales. La consultora Ad Hoc que mide la conversación en las redes sociales sostuvo que en los últimos días el escándalo Adorni alcanzó un pico y borró toda la agenda. Ocho de cada 10 opiniones resultaron negativas.
No hay alquimia que le permita a Milei escapar ahora del laberinto en que está encerrado.
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