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lanacion.com.ar · hace 5 horas · Cristian Mira

Un círculo virtuoso sin necesidad de ayudas especiales

LA NACION

Sin RIGI, el agro dio una de las noticias de inversiones más importantes de los últimos días. Se trata del anuncio de Louis Dreyfus Company (LDC) de construir la planta de molienda de girasol más importante del mundo en Bahía Blanca para la que destinará 400 millones de dólares.

El anuncio de la compañía, dado a conocer por el ministro de Economía, Luis Caputo, se presenta en el contexto de una campaña récord de girasol de 6,6 millones de toneladas, “un 32% por encima del anterior máximo registrado en el ciclo previo de 5 millones de toneladas y un 60,2% por encima del promedio de las últimas cinco campañas”, según informó la Bolsa de Cereales de Buenos Aires.

A su vez, el área sembrada alcanzó “los 2,85 millones de hectáreas, superando en un 5,6% al anterior máximo (2007/08 con 2,7 millones de hectáreas) y en un 29,5% a la campaña previa. Esta expansión se concentra fundamentalmente en el NEA (+224%) y en menor medida en Córdoba y Centro-Norte de Santa Fe”, añadió la entidad porteña.

El crecimiento del girasol tuvo un impacto económico contundente. Se calcula que el producto bruto del cultivo crezca en 2026 un 53% respecto del ciclo anterior al alcanzar unos US$3304 millones. “Asimismo, aportaría US$757 y US$2491 millones en términos de recaudación fiscal y exportaciones, respectivamente, lo que representa incrementos de US$268 millones y US$819 millones frente al ciclo previo”, explicó la entidad.

Varios factores confluyeron para el récord productivo, según explican los especialistas. Además del factor climático positivo para la mayoría de las regiones girasoleras, estuvo la baja de Derechos de Exportación (DEX) y el buen nivel de precios internacionales. Para este fundamento hay tres factores clave: el conflicto entre Rusia y Ucrania, los países líderes del cultivo, la creciente demanda global de aceites vegetales y el incremento del uso de los biocombustibles como alternativa de energía renovable.

En el caso de la planta de LDC, un especialista del negocio recordaba que desde la década de los años noventa no se construía una fábrica de girasol en la zona de Bahía Blanca, determinante para la producción agrícola del sudeste bonaerense. El proyecto, recordó, permitirá ampliar la oferta de compradores de girasol, un mercado que a menudo ha sido criticado por los operadores por ofrecer poca transparencia en la fijación de precios. Otra de las ventajas es que la planta servirá para la molienda de soja y de cultivos de invierno que vienen ganando superficie por su destino como biocombustible, como la colza, la camelina y la carinata.

Colza

“Esto va a permitir bajar los costos de molienda”, explicó el especialista, quien remarcó que también contribuirá a que se exporte más aceite y menos semilla que para el complejo oleaginoso representa un menor grado de elaboración y un mayor costo logístico en flete. “Habrá una mejora en el precio para el productor al exportar más aceite”, añadió.

En rigor, los ejecutivos de LDC tenían el proyecto de construir esta planta desde hacía varios años. “La mejora de las condiciones macroeconómicas contribuyó a tomar la decisión”, dijo una fuente de la industria.

En definitiva, el agro demuestra que puede poner en marcha rápidamente un círculo virtuoso de inversiones y récords productivos cuando las condiciones mejoran. Esto está asentado en una base de desarrollo tecnológico cada vez más amplia con cultivos que desafían los techos de rendimiento. Y este crecimiento se logra pese a que todavía persisten los DEX para el girasol, aunque entraron en el cronograma de rebajas, y se mantienen elevados para la soja, lo que distorsiona todo el sistema agrícola.

A diferencia de lo que ocurre con otros sectores de la economía, como la minería o la energía, la cadena girasolera demuestra que es capaz de impulsar inversiones de gran magnitud sin los beneficios de un régimen impositivo especial. La expansión podría ser mucho mayor si se superaran cuellos de botella como el logístico con mejores rutas y el desarrollo de otros medios de transporte, como el ferroviario.

“A la Argentina no le queda otra que ser optimista con la agroindustria”, explicaba en estos días alguien familiarizado con las negociaciones del comercio exterior en referencia a la creciente demanda internacional de alimentos. “Será cuestión de que no arruinen ese escenario”, decía. Y tenía razón.

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