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infobae.com · hace 11 horas

El video viral de un tambero de 21 años que explica por qué al sector “no le dan los números”: caída del consumo y suba de costos

Infobae

Una fábrica con capacidad para procesar 40.000 litros de leche diarios trabajando apenas al 12% de su potencial. Esa imagen, mostrada en cámara por un joven productor desde el interior bonaerense, sintetizó con más fuerza que cualquier informe técnico el estado del sector lácteo en la Argentina. El video se viralizó en Instagram y encendió el debate sobre una cadena que, según los datos, produce más leche que hace un año pero reparte cada vez peores resultados entre quienes la generan.

Tomás Bonfiglio tiene 21 años, vive en Ameghino, provincia de Buenos Aires, y maneja el tambo familiar que lleva tres generaciones: su abuelo, su padre y ahora él. En los últimos meses se convirtió en una de las voces jóvenes más seguidas del agro en redes sociales, no por hablar de política ni de tendencias, sino por hacer algo que en el campo históricamente se evitó: hablar de números.

En el video que se viralizó, Bonfiglio recorre su planta elaboradora y expone sin rodeos la brecha entre la infraestructura disponible y lo que realmente entra por la puerta. “¿Ven esta fábrica? Tiene capacidad para elaborar 40.000 litros de leche diarios. Hoy solamente estamos elaborando 5.000”, dice frente a cámara. Y anticipa la pregunta que cualquier espectador se haría: “¿Para qué tenés tanta infraestructura si no la hacés trabajar?’”

La respuesta que da no apela a la queja ni al dramatismo. Apela a la lógica del negocio.

Bonfiglio identifica dos factores que explican por qué la planta opera lejos de su capacidad. El primero es la demanda: “El tema es que hoy en día es muy complicado el riesgo que tenés. Primero que todo por las ventas, porque no hay consumo.” El segundo son los márgenes: “Tengo que comprar la leche al tambo y pagar el flete para traer la leche, y ya ese flete a mí se me encarece mucho.”

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La combinación de ambos factores —demanda débil y estructura de costos que presiona hacia arriba— dibuja un escenario en el que producir más no necesariamente equivale a ganar más. Es la misma paradoja que detecta la evidencia sectorial disponible: la producción de leche cruda creció casi un 10% en el primer trimestre de 2026 respecto al mismo período del año anterior, pero los precios que reciben los productores caen de manera sostenida desde mediados de 2024. En pesos constantes, ese precio se ubicó durante los primeros meses del año cerca de un 19% por debajo del valor de un año atrás, y un nivel similar por debajo del promedio histórico de las últimas dos décadas.

Más allá de la ecuación económica propia, Bonfiglio pone el foco en un efecto que suele quedar fuera del análisis: el costo colectivo de la capacidad ociosa. “Lo más triste es que cuando una fábrica trabaja así, no pierde solamente el dueño. Pierde el pueblo, pierde el transportista, pierde el empleado que podría ganar más. Acá hay familias que dependen de que esta fábrica siga abierta, y solo estamos usando el 12% de la fábrica. Cada litro de leche que no entra acá, se pierde trabajo interno", comentó.

Es una lectura que va más allá de la rentabilidad individual y apunta a la trama productiva del interior del país, donde una fábrica, un tambo o una cooperativa no son solo unidades económicas sino nodos que sostienen empleo, movimiento comercial y tejido comunitario.

Uno de los pasajes del video que más circuló fue la respuesta de Bonfiglio al estereotipo del productor agropecuario como actor privilegiado. “Y mientras tanto, seguimos escuchando que los del campo somos millonarios, que la industria gana fortuna... y la verdad que no es así, porque todos los días estamos tratando de luchar para poder pagar los sueldos, para poder pagar impuestos, para poder pagar los préstamos y para seguir apostando”.

La rentabilidad del sector tambero registró números en rojo durante cinco meses consecutivos, mientras la deuda bancaria del sector trepó a niveles récord históricos. (@federalaldia40)

La tensión financiera que describe no es un caso aislado. La deuda bancaria del sector tambero alcanzó al cierre del primer trimestre de 2026 niveles equivalentes a cerca de 970 millones de litros de leche —una de las marcas más altas de la historia—, y la irregularidad de esa cartera escaló al 4,7%, más del doble del promedio de los últimos 15 años, según datos publicados por el Ieral (Fundación Mediterránea). El deterioro de la rentabilidad se produce, entonces, en simultáneo con un mayor peso de los pasivos financieros.

Ese combo —márgenes en baja, deuda en alza, precio al productor en mínimos históricos— es el que Bonfiglio traduce en términos concretos cuando habla de la lucha cotidiana por pagar sueldos e impuestos antes de pensar en reinvertir.

El cierre del video es el que más define el tono del productor: “¿Pero qué pasa? Nos levantamos todos los días, levantamos la persiana y sabemos de que no nos acompañan los números, porque en vez de elaborar 5.000 litros de leche, tendríamos que estar elaborando 40.000.”

Y agrega: “Pero seguimos acá apostando, invirtiendo, porque si nosotros bajamos los brazos, el interior desaparece. Y eso es lo que no queremos que pase, ni lo vamos a permitir”.

El contraste que plantea Bonfiglio desde su planta en Ameghino tiene correlato en los números del sector. La cadena láctea argentina mostró en los primeros meses de 2026 una dinámica de volúmenes en expansión —tanto en producción como en exportaciones, que tuvieron el mejor primer trimestre del siglo— pero con una distribución de los márgenes que se deterioró especialmente en el eslabón primario.

La participación del productor en el valor final de una canasta de productos lácteos vendidos en el mercado interno cayó a su nivel más bajo en una década: 23,2% en abril, casi cinco puntos por debajo del promedio de los últimos veinte años. Los precios al consumidor de esos mismos productos bajaron en términos reales, pero el precio que recibe el tambero cayó con mayor intensidad aún.

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