Recalibración de expectativas ante una macro más sólida de lo previsto en Estados Unidos
El escenario que enfrentará Kevin Warsh en su primera decisión de política monetaria este miércoles es complejo. Algunos miembros del Board y el mercado parecen exigir un tono más contractivo, mientras que Donald Trump, quien lo puso a cargo, históricamente estuvo a favor de recortar la tasa de interés.
Por el perfil académico de Warsh y su paso previo por el organismo -donde mostró una postura dura-, todo sugiere que terminará subiendo el corredor de tasas de interés; quizá no este miércoles, pero sí en algún momento de este año. En las últimas semanas, los operadores de renta fija global terminaron de convencerse de esa tesis.
La Reserva Federal tiene un mandato dual: pleno empleo y baja inflación. En principio, el shock en los precios del petróleo derivado de la guerra tiene potencial para afectar negativamente a ambos objetivos, y deja al ente monetario en una posición incómoda para reaccionar.
Esa incertidumbre se trasladó a las expectativas: al inicio del conflicto, el mercado incluso asignaba una probabilidad distinta de cero a que la Fed terminara bajando la tasa este año. Tras los datos de empleo e inflación de mayo, el panorama se volvió más nítido y aumentó la probabilidad de un alza.
El jueves 4 de junio, el día previo a la publicación del job report, esa probabilidad se ubicaba en 51% y saltó a 71% al día siguiente. El reporte de empleo fue lo suficientemente sólido como para darle margen a la Fed para enfocarse en la inflación. En mayo se crearon 172 mil puestos de trabajo (nóminas no agrícolas), por encima de los 88 mil que estimaba la mediana de los analistas de Bloomberg y cerca del dato del mes anterior (179 mil, revisado al alza desde 115 mil). Así, el promedio de los últimos tres meses se ubicó en 188 mil.
Este fue el primer dato que no estuvo afectado por el mes de huelgas y reflejó el salto posterior en las nóminas. De sostenerse, ese ritmo de creación de empleo quedaría por encima del breakeven que estima la Fed de Kansas (en torno a 60-85 mil para el actual contexto demográfico).
Ese breakeven es el ritmo mínimo de creación de empleo necesario para que la tasa de desempleo se mantenga estable, dado el crecimiento de la población activa. Cuando las nóminas crecen por debajo de ese umbral, el desempleo tiende a subir; cuando lo superan, tiende a bajar. En paralelo, la tasa de desempleo se ubicó en 4,3%, en línea con lo esperado y con el dato anterior.
Lo llamativo es que el miércoles pasado el dato de inflación también sorprendió de forma positiva, lo que podría sugerir que la Fed no necesitaría ser tan agresiva con la trayectoria de tasas. Sin embargo, la probabilidad de suba, que venía cediendo de manera marginal, casi no se movió y pasó de 68% el martes a 67% el miércoles.
El dato más alentador llegó por el lado de la inflación núcleo (que excluye alimentos y energía), que avanzó 0,2% mensual en mayo, por debajo del 0,3% anticipado por el consenso de Bloomberg y desaceleró frente al 0,4% de abril. La inflación general pasó de 0,6% mensual en abril a 0,5% en mayo, en línea con lo proyectado. Aun así, en términos interanuales subió de 3,8% a 4,2%, muy por encima del objetivo de 2% de la Fed. Es decir: aunque el dato de corto plazo fue favorable, el FOMC todavía tiene margen por recorrer para reencauzar la inflación.
Esta recalibración de expectativas impactó en los mercados en general: no solo en renta fija -vía una suba de la tasa real-, sino también en equity. Al momento de escribir estas líneas, los precios del petróleo retroceden ante una aparente voluntad de Estados Unidos de acercar posiciones con Irán, lo que ayudaría a descomprimir presiones inflacionarias. Con ese movimiento, la probabilidad de ver un incremento de 25 pbs en la tasa de política monetaria bajó a 58 por ciento.
Más allá de estos cambios de corto plazo, el catalizador de la semana será el veredicto de este miércoles. El mercado seguirá de cerca el comunicado, las proyecciones y el tono que adopte Kevin Warsh en la conferencia de prensa.